Hoy en día parece que, si te decides a viajar, debes crear un blog. Esto forma parte de una suerte de fórmula o receta mágica para obtener éxito al comenzar con la vida de viajero full time. Ciertos artículos y fotos circulando por Internet, que algunos llaman “travel porn” o pornografía viajera, te llevan a pensar que tienes que compartir tus experiencias de viaje y de vida. Pero… no hay verdades absolutas, ¿cierto?

Llevo tres años convertida en nómade y llevando un blog de viajes, y lo admito, estoy en una etapa de crisis y reflexión. Durante cierto tiempo, me dejé llevar por lo que otros decían respecto a cómo se debe vivir y viajar.

Las “verdades incómodas” a las que me refiero acá parten de mi experiencia y la de personas con las que compartí mi camino. Aclaro que NO me arrepiento de tener un blog y de publicar el viaje a través de él y de las redes sociales. Todo lo contrario, amo hacerlo y lo seguiré haciendo. Escribo este artículo porque es lo que me habría gustado leer cuando yo comencé, como para tener una visión más completa de lo que sucede cuando compartes tu viaje-vida con el mundo online.

 

1. Vivir o publicar, he aquí la cuestión que ocupará tus días.

Crédito: Matt Jiggins

En el mundo de los blogs vas a leer y escuchar que para que tu blog de viajes sea un éxito, una de las cosas que vas a tener que hacer es estar presente en cuanta red social puedas registrarte. Es casi como si Facebook, Instagram y Twitter no fueran suficientes. La receta mágica dice que esto te va a dar visibilidad. Y claro, si tienes todas esas cuentas, debes alimentarlas con contenido. A diario, como un trabajo.

Aunque lo ideal sería encontrar un “equilibrio”, en la práctica, el problema es que, a veces, por conseguir la mejor foto, te puedes llegar a perder del momento que estás viviendo. Ni hablar de estar desesperado, haciendo la parabólica humana, para conseguir esa rayita de señal en el celular. ¿Cuál es tu prioridad, mirar el atardecer o publicar la foto cuanto antes, en el prime time de Facebook? Recuerda tu respuesta actual… y después me cuentas qué sucede cuando estés en la ruta.

Lo positivo de esta loca tendencia por las selfies es que más adelante te quedarán los posts y estados de tus redes sociales para “recordarlo” o “revivirlo”. Ciertas personas valoramos esos souvenirs.

 

2. Seguramente caerás en “Yo quiero tener un millón de… seguidores”.

Crédito: Juhan Sonin

Cuidado con la locura de los seguidores. Continuando con el tema de la visibilidad y de la presencia en redes, ¿cuántos seguidores son suficientes? ¿500 o 100.000? ¿La cantidad hace a la calidad? ¿Qué estás dispuesto a hacer para sumar un millón de seguidores a tus redes sociales?

Da un poco de tristeza observar a los personajes que publican de qué lado corre el agua del inodoro del hostel, o que mandan mensajes pidiendo “me gusta” o “votos”.

 

3. Conseguir wifi será más importante que encontrar agua fresca en el medio del desierto.

No, no estoy exagerando. Conozco más de uno que, en un hostel, antes de preguntar si tiene ducha caliente, consulta si tiene Internet y antes de pagar, pide la clave para corroborar la calidad de la conexión. En caso de que sea pésima, se va en búsqueda de otro lugar donde dormir. Lo mismo vale para los restaurantes y cafés.

 

4. Te reirás (o llorarás) ante la premisa de “viajar liviano”.

Te invito a que pongas en una balanza tu computadora, tu celular, los respectivos cargadores y un adaptador universal. Si tienes cámara de fotos, agrégala, junto con la batería, lentes y porta cámara. Te vas a sorprender cuando veas el número que muestra la balanza.
¿Qué son dos o tres kilos extra en el equipaje? Los que viajamos en bicicleta, mochileamos e intentamos movernos haciendo dedo… sabemos a fuerza de sangre, sudor y lágrimas que cada gramo (menos) vale oro.

 

5. Despreciarás lo de “Houston, tenemos un problema” cuando sufras quilombos tecnológicos… porque no siempre tendrás a quien recurrir.

Algunas de tus pesadillas incluirán la actualización de WordPress, la incompatibilidad en los plugins, y el fallo del registro durante un back up. Preferirás la peor de las desgracias antes de que le ocurra algo a tu preciado sitio web. ¿Un hackeo a tu página? No se le desea ni a la competencia. Eso sí, quizás cuentes con un paisaje hermoso que te haga relajarte frente a tus problemas.

 

6. Aprenderás que existen las consultas y las “consultas”.

En algunos países existe la filosofía de que “el cliente siempre tiene la razón”. En el caso de un blog, en el que generar tráfico es esencial, ¿quién es tu cliente?

Ármate de paciencia para recibir preguntas que nada, pero nada, tienen que ver con tu blog de viajes. Me ha pasado que me manden mensaje para pedirme que le acerque el curriculum vitae al ministro de turismo de la ciudad donde estaba. Además, más de una vez, me preguntaron cuál es la conversión del dólar de un país al que nunca visité. Y sí, tuve que contestar también esas consultas.

 

7. Aunque el marketing digital sea chino básico, tendrás que amigarte con sus conceptos.

Crédito: bark

¿Creías que un blog de viajes era sólo escribir y sacar fotos? ¡No, no y no! Vas a tener que aprender sobre SEO, palabras claves, marketing, community management y tantos otros conjuntos de palabras en inglés, aún si esas cosas eran chino básico para ti antes de empezar. Si pretendes que te lea más gente que tu adorable madre y un par de amigos buena onda, vas a tener que hacer mucho más que escribir, subir fotos y publicar.

 

8. Comprenderás que viajar NUNCA es gratis

Quizás al principio esperes a que te caigan las ofertas para viajar gratis (o viajar “de arriba”, como decimos en Argentina). Y luego, eventualmente, te desilusionarás de esta falsa promesa.

Uno no “vive del blog”, sino que trabaja gracias a él, y así obtiene beneficios en alojamiento o seguros de viajes, por ejemplo. Para eso hay que tener paciencia y, sobre todo, perseverancia. Hay quienes disfrutan de vender y de comprar espejitos de colores, creyendo que se puede “viajar gratis”. Lo cierto es que se puede viajar sin tener que intercambiar dinero para ciertas cosas, pero no “gratis” o “sin esfuerzo”. Por ejemplo, uno puede hospedarse en un hostel a cambio de trabajar algunas horas en el mismo, pero eso no es exactamente “hospedarse gratis”. Si estamos de acuerdo en que el bien más preciado en la modernidad es el tiempo, entonces reflexiona sobre el propósito de tu blog.

 

9. Te cuestionarás el tiempo real versus el tiempo virtual.

Crédito: Johan Brook

Imagina esta situación: después de mucho trabajo y de muchas horas frente a la computadora, tienes un número alto de seguidores. ¿Y ahora? ¡Ahora a mantenerlos expectantes sobre lo que tengas para contarles! Para eso, deberás pasarte gran cantidad de tiempo pensando e ideando qué publicar en qué red social para mantener la fidelidad de los seguidores de tu blog. Y no solo “qué”, también qué día y a qué hora. Ni hablar si entras en el juego de pagar por publicidad. Terminarás, indefectiblemente, preguntándote “No me pagan por viajar, pero yo pago…. ¿para qué le pago a Facebook?”.

 

10. Tus múltiples casillas de mensajes estarán on fire.

Crédito: Tim Sackton

Invertirás mucho tiempo contestando 1000 comentarios en el blog, unos 150 mensajes en Facebook, más 80 tweets o 50 comentarios en Instagram. Y no te olvides de los mensajes en YouTube, si entraste en la tendencia de dejar de escribir y empezar a hacer videos.
“Vale la pena”, dirás, “porque mi sueño era tener un millón de seguidores”. ¿O tu sueño era viajar y escribir?

Es importante, a la hora de empezar un blog, plantearnos qué es lo que realmente queremos y qué estamos dispuestos a resignar/perder/dejar de lado con tal de llegar a ese objetivo. Llevar un blog es una inversión de mucho tiempo… pero, ¿por cuántos años piensas hacer vida de viajero?

Si decides, a pesar de todo lo que leíste, embarcarte en este mundo de bloggers de viajes, quiero desearte mucha suerte y que cuentes conmigo en lo que precises. Al fin y al cabo, ¡Larga vida al blog y a los viajes 2.0!