1. El horario insular no sólo tiene una hora menos

El otro día comí en un local habitual de Lanzarote y al salir me dispuse a ir de compras navideñas. De repente me di cuenta que caminaba completamente solo por la calle. Las tiendas, cerradas, me invitaban a seguir caminando. El silencio me rodeaba y preso del pánico consulté frenéticamente las noticias para ver si la ciudad había sido evacuada por una epidemia fugaz e impredecible. Efectivamente la epidemia era el horario comercial y esta golpeaba fuertemente de 14:00 a 17:00 y la mayor parte del fin de semana. Qué mal acostumbrado me tenía Madrid.

2. Salir a la calle es dejarse ver

En una isla tú no vives solo y, como tal, es difícil no encontrarse con alguien cuando sales por la puerta. No me refiero a personas, me refiero a gente que conoces. No me refiero a gente que sepas quiénes son, me refiero a gente que se para a saludarte. No me refiero a que te dicen hola, es que te preguntan cómo te va. No me estás entendiendo, te digo que no son dos frases y ya, es una conversación, una puesta al día, una invitación a verse de nuevo en una fecha que hay que acordar. Salir a calle en Canarias, en definitiva, es socializarse en el sentido estricto de la palabra.

3. El mundo analógico sigue siendo el rey

Buscar dónde se vende tal producto o se presta tal servicio en la isla es todo un reaprendizaje de cómo obtener información. Intenté usar Google Maps para encontrar una copistería. Encontré tres, y me dirigí raudo y veloz a la más cercana. Acabé dando un buen paseo. Dos de ellas no existían y la otra estaba cerrada a pesar de que la info que presentaba mi teléfono decía que estaba abierta. Llamé a mi padre y le pregunté lo mismo. 15 minutos más tarde me encontraba saliendo de una copistería con todo lo que necesitaba hecho. Chúpate esa, Internet.

4. Comprar online es de valientes

Las trabas aduaneras son el bullying a los compradores online pasado por el filtro de la administración pública. Te pedirán algo a cambio de algo que es tuyo, normalmente el dinero que guardabas para la merienda, que puede llegar a ser más de lo que compraste online en un principio.

5. El cielo está de fiesta

Anoche mi pareja y yo aparcamos el coche un poco más lejos de casa de lo habitual, donde no había una farola cerca. Al apagar el motor, se hizo la oscuridad. Caminando a casa nos preguntamos qué eran todas esas manchas en el cielo. Tan brillantes, algunas más que otras. Como un grafiti pintado sobre el universo, la luz de infinitos planetas y estrellas golpearon nuestras retinas como pequeños martillazos lanzados a años luz de distancia, cuya mano puede que ya no exista. Esto en Madrid no pasa.

6. Internet va como un tiro… en la frente

No sé cómo estarán esos cables submarinos pero este artículo he tenido que enviarlo conectando mi ordenador a mi móvil 4G porque me harté de esperar a que la wifi subiera el archivo al email. True story. Bueno, mentira, era 3G porque aquí donde vivo tampoco llega muy bien la cobertura.