Debido a nuestra particularidad geográfica, los canarios volamos habitualmente. Desde que me mudé de vuelta a las islas, he seguido volando pero mayoritariamente en trayectos insulares y tengo que admitir que es una experiencia bastante diferente a la de los vuelos nacionales o internacionales:

1. Sólo hace falta llegar 20 minutos antes del vuelo

A menos que vayas a facturar algo, basta con estar 20 minutos antes en la puerta de embarque. Psicológicamente para la gente que se estresa organizando trayectos como yo, es algo muy de agradecer porque te relaja saber que tienes mucho más margen de tiempo. Como ejemplo, nunca había hecho una maleta el mismo día del viaje hasta que empecé a volar entre islas y ahora es casi costumbre.

2. Los asientos no son numerados

Vale, para algunas personas esto puede que sea un inconveniente más que una virtud. Personalmente me gusta porque para empezar no te cobran por elegir asiento, para sentarte donde quieras sólo tienes que llegar 5 minutos antes que el resto y por último, ello invita a que la gente hable y se mezcle a la hora de repartirse. Hay una cercanía en el hecho de subirte a un avión y simplemente elegir dónde sentarte, como si fuera una guagua, que me parece muy agradable.

3. El vuelo no es muy largo

¡Para los que no lo pasan bien volando, esto es algo que se agradece mucho! El hecho de que el trayecto no se va a comer gran parte de tu día hace que viajar entre islas sea muy eficaz en cuanto a tiempo, sobre todo cuando te mueves por trabajo. Siempre que no se retrase o cancele tu vuelo, claro, pero eso lo dejamos para otro artículo.

4. El trato en cabina

En la compañía Binter es tradición —histórica ya, me atrevería decir— ofrecer a todos los pasajeros durante el vuelo una chocolatina (u otro tipo de snack dependiendo de la temporada y vuelo) y un vaso de agua sin cargo alguno. En Air Europa una vez el piloto, que era palmero, se puso a explicar antes de aterrizar qué planes recomendaba para el día en la isla de una forma tan divertida que sacó una sonrisa a todo el pasaje. Detalles como estos, que son más habituales de lo que uno se imagina, refuerzan la experiencia cercana y agradable de viajar entre islas.

5. El archipiélago es un pañuelo

Si eres canario, encontrarte con amigos o conocidos en uno de estos aviones es el pan de cada día. Tengo por costumbre siempre echar un ojo a la cola de embarque a ver si me encuentro con algún conocido con el que compartir el viaje y ponernos al día. Casi me hace gracia pensar lo rápido que me he acostumbrado a contemplar este detalle en mi nueva etapa viviendo en Canarias.

6. Cambiar los billetes es pan comido

Esto sí que es un puntazo. Cambiar los billetes, al menos en Binter que es la compañía más popular en las islas, es tan fácil que sólo necesitas la app de la compañía y un dedo. Dependiendo del tipo de tarifa que elegiste, puede salirte gratis o con un pequeño cargo, siempre que haya disponibilidad. ¡No imaginas la cantidad de veces que he visto a un amigo de visita venirse arriba y cambiar el vuelo para el día siguiente para salir de fiesta!

7. Pisas la isla

En vuelos domésticos o internacionales el embarque suele hacer mediante rampas de embarque o guaguas de aeropuerto que suelen llenarse de gente. Al cruzar la puerta de embarque de un vuelo interinsular, lo que sueles encontrarte no es otra cosa que aire libre y la pista del aeropuerto, señalizada para que camines hasta el avión y te subas por tu propio pie. Ese paseo, adornado por la brisa del atlántico y un sol que brilla casi siempre, te recuerda que vayas a donde vayas en estos aviones, estás en casa.