Foto: Conor Lawless

1. Que todo el mundo asuma que nos gusta la fabada y la sidra.

Hay una cierta presión sobre los asturianos y es que todos tienen que comer bien y en grandes cantidades, además de disfrutar de los principales platos de la región. ¡Nadie entiende por ejemplo que no te pueda gustar la sidra! Aquí una servidora puede asegurar que somos pocos, pero existimos.

2. Encontrar difícilmente productos de la tierra.

La mayoría de asturianos buscan un futuro en la gran ciudad. Y eso conlleva cosas como no encontrar productos de la tierra con facilidad. Al final, en Asturias casi siempre se está cerca de un pueblo o se conoce a alguien que vive en él y pueden conseguir estos manjares.

3. Que el huevo no sepa a huevo, ni el tomate a tomate.

Y por eso al final el asturiano que se va fuera echa mucho de menos el sabor de las comida auténtica.

4. No poder irnos de «amagüestu».

Tener el campo cerca también ofrece actividades tan divertidas como ir a por castañas, pudiendo asarlas después y disfrutar del «amagüestu». En otros lugares es verdaderamente difícil… y las castañas de los puestos urbanos no son lo mismo.

5. Que todo vaya demasiado deprisa.

Asturias es una tierra amable, cercana y las cosas ocurren con tranquilidad. La naturaleza y las ciudades relativamente pequeñas, ayudan a ello. Por eso, cuando los asturianos nos vamos fuera a veces las cosas suceden demasiado rápido para nosotros… y sentimos nostalgia de épocas pasadas.

6. Estar demasiado lejos de casa.

Asturias, en el norte de España, no siempre está bien comunicado del resto del país y del mundo. Los aviones escasean y los autobuses son una pereza. Por eso, es común que sea difícil volver a casa y se esté demasiado lejos para hacerlo a menudo. ¡Qué rabia!

7. Quedarnos sin acento.

Un acento es una de las formas de expresión de pertenencia a un lugar y salvo determinadas personas a las que no les gusta, casi todos disfrutan de ello. Por eso, cuando pasas una temporada larga fuera y empiezas a notar que estos rasgos del lenguaje se van, te apenas.

8. Pasar demasiado calor.

Los asturianos no estamos acostumbrados a pasar demasiado calor y por eso, evidentemente, lo llevamos fatal. Pasar un verano en un lugar caluroso (hay muchos…) es todo un suplicio y solo queremos cogerse vacaciones en agosto porque no soportamos las altas temperaturas. ¡Qué sopor!

9. Que afirmen que no deberíamos tener frío “si somos del norte”.

La gente se confunde: Asturias es de clima gris y llueve mucho, pero no hace un frío especial. Como nos enseñaron en el colegio: el mar suaviza las temperaturas. Por eso, asumir que al ser del norte hará que no podamos pasar frío es algo totalmente incorrecto. ¡En Asturias también hay gente friolera!

10. Tardar demasiado tiempo en cruzar el negrón.

No hay nada peor para un asturiano que estar demasiado tiempo sin volver a casa; sin su paisaje, su encanto, su gente. Por eso, cruzar el negrón y adentrarnos en casa es una experiencia casi religiosa.