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Viajar en transporte público siempre es una pequeña gran aventura, no importa en qué país. Esto es parte de lo que podrás experimentar cuando la emprendas en España. ¡Buen viaje!

  

1. Conductores que te hacen sentir en forma.

¡Lo hiciste! Tu sprint de última hora tuvo recompensa: conseguiste coger el autobús un segundo antes de que saliera de la parada. Sin embargo, pronto compruebas que solo lo conseguiste porque el conductor tuvo el detalle de esperarte.

No olvides darle las gracias. Te ha ahorrado muchos minutos de espera.

 

2. Y conductores que te hacen ejercitar aún más.

Mucho ojo con los autobuses urbanos en hora punta: a veces el tráfico es tal que los conductores se ven obligados a frenar en seco. En caso de no estar sentado, aprovecha esas oportunidades para ejercitar tus bíceps o podrías salir volando.

 

3. Películas sin final.

Lo asumes: en el transporte público no te van a poner estrenos de cartelera. De hecho, probablemente tengas que conformarte con un largometraje de hace 10 años o de serie B. Venga, vale, no pasa nada. Pero lo que no vale es que te corten la cinta justo antes del final. ¿Cómo vas a seguir tu viaje sin saber si la protagonista consigue escapar del asesino? Es una crueldad.

 

4. Señoras que te miran mal.

Como cualquier persona cívica siempre cedes tu asiento a personas mayores y embarazadas, así como a cualquiera que de verdad lo necesite. Pero a última hora de la tarde, después de un larguísimo día de trabajo que para ti comenzó casi antes del amanecer, no te apetece levantarte de tu silla para que una mujer de casi 50 con el pelo impecable ocupe tu lugar. Su mirada de odio será tu castigo por tamaña afrenta.

 

5. Acordeonistas sin oído.

Estás en un vagón de metro a tu aire, leyendo un libro o chateando por el móvil. Seguramente lleves puestos los cascos y vayas escuchando la radio o música, igual que la mayoría de viajeros que van a tu alrededor. Entonces, sin aviso, empieza a sonar un chirrido infernal. No hay escapatoria: a tu vagón se ha subido un acordeonista que toca tan mal que dan ganas de llorar. Ármate de paciencia, el suplicio durará un par de paradas. Sabrás que ha terminado cuando el hombre pase la gorra para cobrar por su “servicio”.

 

6. Mucha puntualidad (a veces).

Aunque los españoles no somos especialmente conocidos por nuestra puntualidad, el transporte público puede llegar a ser sumamente puntual. Quizá no tiene una puntualidad suiza de segundos en el cien por cien de los casos, pero lo normal es que autobuses y trenes salgan hacia su destino a la hora. Otra cosa es lo que sucede con el transporte dentro de las ciudades pequeñas o medianas. Allí la puntualidad puede ser un poco relativa…

 

7. Multas que cuestan menos que el billete.

Esta situación es sumamente triste, pero no por ello deja de ser real. A veces, no pagar los billetes en el transporte público y pagar la multa en el caso de que te pillen sale más barato que viajar legal. No digo que esté bien, no digo que se deba hacer, no digo que lo recomiende… Solo digo que es una situación real que se da en algunos tranvías de España.

Nota: cuidado con las malas costumbres. En Barcelona, el billete sencillo cuesta 2 euros, y la multa… 100.

 

8. Entrenamiento para ser capaz de dormir en cualquier circunstancia.

Si utilizas el transporte público español con regularidad, aprenderás a dormir con ruido y movimientos de todo tipo, sentado y, si hace falta, también hasta de pie. Todo un arte que no es fácil de perfeccionar, pero que una vez dominado tiene infinidad de aplicaciones en la vida real. Para ti dormir ya no será un problema, ¡eres capaz de hacerlo hasta en el autobús más tartana de España!

 

9. La maldición de los suplementos.

¿Te encuentras en una ciudad dividida por zonas o sectores? Pues entérate bien del precio del billete a llevar de unas a otras si no quieres llevarte sorpresas desagradables. Quizá te salga mejor comprar un bono.

Consejo para extranjeros: si vas a ir al aeropuerto entérate bien si tu trayecto tiene suplemento. En ciudades como Madrid este suplemento es de varios euros.

 

10. Personas dispuestas a practicar el arte de la conversación.

Esto es algo que puede llegar a hacer el viaje más disfrutable. No tengas miedo de hablar con la señora de al lado, con el hombre del bastón, con la chica de la carpeta, o el tipo de la bolsa si se da la oportunidad. Dejando de lado los smart phones, el trayecto se hace más ameno con un poco de conversación.

Además, la fantasía de encontrar al amor de tu vida en el transporte público es válida. ¿O no?