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Recién después de un rato largo vamos a poder confirmar que sí, ¡hablan español!

Las expresiones cachai, webá, webón, guagua, pololo, carrete o copete van a confundirte mucho al principio, sumado esto a la velocidad con la que hablan los chilenos, que casi no paran para respirar. Sus frases suenan a una sola y larguísima palabra.

 

A tu “¿Qué contás boludo?” le va a seguir un “Hola conchatumadre”.

El insulto a la hora de demostrar afecto es algo que nos define bastante a los latinos, desde el “cabrón” al “che boludo”. Un amigo chileno te saluda con una gran sonrisa, un abrazo y un “Bueno la conchatuma”.

 

Los chilenos son tan futboleros como nosotros, los argentinos (bueno, casi…)

Viven el fútbol con pasión sudamericana y con un nivel de intensidad fácilmente comparable al de los argentinos y los brasileños. Si querés hacer enojar a un chileno, basta con hablar mal de su fútbol. Pelea en 3, 2, 1…

 

Saludan a la desgracia con una sonrisa.

Los amigos chilenos son de fierro, nada los quiebra. Es fácil observar esto cuando vemos, por ejemplo, que de la desgracias hacen tragos. Son famosos “el Terremoto” o “el Tsunami” “La Replica” en “La piojera” o la famosa “Lengua” en “el Hoyo” de Santiago.

 

Pero en patriotismo sí que nos superan.

El nivel de amor por la Patria de un chileno supera al de cualquiera en Sudamérica. Te invitan a visitar Chile y hablan con tanta devoción de su tierra que, después de compartir algunos días con tus amigos chilenos, te van a entrar ganas de volar a Santiago.

 

Son grandes compañeros de fiesta.

O, como dicen ellos, “buenos para el copete”. Muy alegres y divertidos, basta la presencia de un compañero chileno para animar cualquier reunión. Rápidos y sagaces para la payada, la melancolía y un amigo chileno raramente van de la mano.

Son expertos en “sacarle el poto a la jeringa”.

Esto dicho por ellos mismos, eh. Son especialistas para justificarse ante cualquiera y por cualquier cosa, grande o chiquita. Viajando por Asia, mi amigo chileno me aseguró que iba a ser el primero en comer grillos, pero llegado el momento y antes de reconocer que le daba mucho asco, me puso un sinfín de excusas hasta que finalmente tuvo que aceptar la verdad: ¡los grillos se veían repugnantes!

 

Viven el hoy como si no hubiera un mañana.

Disfrutan del presente, que la vida esta para vivirla. También se endeudan “harto” y entonces a darle al trabajo duro. El chileno es bueno para trabajar y ganar dinero, pero es mucho mejor para gastarlo. ¿Y después?. “Después vemos”.

 

Eso sí, en el podio de la soberbia, argentinos y chilenos estamos codo a codo.

Es bien conocida la soberbia de los argentinos. Ahora bien, los chilenos, aunque no lo reconozcan, no se quedan atrás. ¿Sera otra de las aristas de la rivalidad entre nosotros?. Un amigo chileno mira al resto de Latinoamérica con cierto aire de superioridad y, de algún modo, es entendible si pensamos en las grandezas chilenas, Victor Jara, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, los enormes Salas y Zamorano, la cocina chilena, la calidez de su gente y las maravillas naturales del país.

 

Llevan la generosidad en la sangre.

Quizá sea que la historia, signada por el sacrificio y las inclemencias de la naturaleza, los ayudó a forjar un carácter que de la solidaridad hace escuela. “Teleton” y la cruzada por los “niños de la nieve” son ejemplos de esta cualidad. Hace dos semanas que viajo con amigos chilenos por Camboya y soy testigo de que lo comparten todo, empezando por su sonrisa generosa. Y lo hacen incluso antes de conocerte. A veces como argentino me pregunto, qué fue de la rivalidad que nos caracteriza, ¿donde está que no la encuentro?.