Crédito: Aldo Tapia

Mandarse un condoro.

El término «condoro» fue aceptado en 2001 por la Real Academia Española (RAE) como «torpeza grave y vergonzosa». El concepto tiene al carismático personaje “Condorito” como emblema, y hasta un verbo derivado: condorearse. En otras palabras, se trata de dejar una cagada. “Se condoreó” vale a decir que se equivocó, ya sea por error humano o bien porque “dio jugo”. Esto último está relacionado al exceso de alcohol que lo llevó a estar “arriba de la pelota”, u otros factores que lo predispusieron a actuar de manera… exagerada.

Algunas veces un “condoro” está relacionado con ser “pintamonos” o “florerito”. Es ese que busca ser el centro de atención a toda costa y en todo lugar, pudiendo llegar a “peinar la muñeca” (que corresponde a otro nivel de “volada”). ¿Consecuencias? Desde una simple anécdota hasta hechos lamentables o sólo vergonzosos.

 

Darse vuelta la chaqueta.

Cuando el chileno se acomoda a las circunstancias a tal punto de perder la identidad, especialmente en territorios políticos o de poder, se dice que “se dio vuelta de chaqueta”. De ahí al “pelambre” o “cahuín” (del mapuche, reunión de gente para beber y embriagarse, de la cual salen comentarios maliciosos), hay un solo paso.

 

Pololo, polola, pololear.

En Chile no se anda noviando, se pololea. No hay pretendientes, sino pololos y pololas. De origen mapundungun “piulliu”, los pololos no son más que unas moscas que andan rondando su fruta, metáfora para quien anda rondando a su presa. El concepto de pololo puede aliviar o desencantar. La etapa de “noviazgo”, aunque en bajada, se da entre el “pololeo” y el matrimonio, toda vez que entre los pololos hayan acordado casarse.

Un pololo o pololito, o “hacerse un pololito”, equivale también a realizar un trabajo breve y esporádico, generalmente adicional al trabajo regular, o bien mientras se busca uno más estable y duradero.

 

Todas las micros le sirven.

Dícese de quien filtra poco a la hora de amar, ya sea porque “tiene el ‘Loto’ o ‘Kino’ acumulado” (juegos chilenos de azar cuyo monto en dinero a repartir se dispara hasta que alguien se lo lleva), o porque el personaje en cuestión sencillamente no sabe o no quiere decir que “no”. Entre estas micros se incluyen los y las “patas negras”, sinónimo de amante extra oficial.

 

Cortar el queque.

En un grupo humano, quien toma las decisiones más importantes es quien “corta el queque”. Ya sea por sus habilidades o conocimientos, o por ninguna razón en particular, este tipo de personas resalta en medio de los rodeos, eufemismos y vueltas para decir y hacer las cosas del resto.

 

Marca chancho.

Algunos chilenos son marqueros y pueden endeudarse con facilidad con tal de poseer y exhibir bienes de marca. Su opuesto es la “marca chancho”, término referido a un producto comercial de origen o manufacturación incierto o “pirata”. Tales productos abundan en el comercio informal, galerías y ferias de artesanía, pero los chilenos evitarán usarlos en público aún cuando los posean.

 

Vale callampa.

Expresión vulgar y coloquial dicha en ambientes de confianza, para expresar la nula consideración o estima por algo o alguien. La palabra “callampa”, en la lengua andina quechua, equivale a “hongo de cualquier especie”. Los chilenos le damos a esto una inmediata connotación sexual, ya que asociamos hongos/callampas/setas a las gónadas masculinas.

Término primo-hermano de “marca chancho”, suele usarse para referirse de manera despectiva a las viviendas precarias o “poblaciones callampas”, equivalentes a las favelas brasileras.

 

No estoy ni ahí.

Popularizado por el talentosísimo ex tenista chileno Marcelo “Chino” Ríos en los 90’, se dice cuando alguien muestra cero interés por alguna causa, persona o situación. Un dicho que podría significar total desidia, así como también valentía. Es que esta expresión es casi un acto de rebeldía en una sociedad que muestra gran preocupación por no quedar mal con nadie.

 

El pago de Chile.

No hay muerto malo: gran cantidad de artistas son premiados y reconocidos post mortem. Los chilenos llamamos a eso “recibir el pago de Chile”. A pesar de los reconocimientos internacionales, la expresión se relaciona con “no ser profeta en la propia tierra”. La poetisa Gabriela Mistral o Inés de Suárez (fundadora de la ciudad de Santiago junto al reconocido Pedro de Valdivia) son ejemplos de este pago ingrato. Sobra decir que esta expresión también recae en el ciudadano común, quien a pesar de su eventual entrega y dedicación en un trabajo u oficio, podría ser condecorado con ni más ni menos que “el pago de Chile”.

 

Meter una chiva, mula, cuento, chamullo o tongo.

Básicamente, “engrupir” con un argumento o acción media trucha o definitivamente falsa; un engaño malicioso o premeditado. Ojo, ya que se puede caer en que te pasen “gato por liebre” o te convenzan de algo igualmente tramposo o inviable, donde te “vendan la pomada”. A su vez, cuando entra la duda o desconfianza, y se sospecha de algo extraño, se dice que hay “gato encerrado”.