1. Decirle taco a esto…


¿En qué momento se le ocurrió a alguien que el taco shell era una buena idea? Si has intentado preparar uno o has intentado comerte uno, conoces el verdadero significado de la palabra frustración. Un taco de estos es difícil de rellenar, difícil de maniobrar, no le cabe nada y se le sale todo a la primera mordida. Es como tener todo lo malo de una tostada, pero sin el beneficio de poderla retacar de ingredientes hasta que parezca volcán. Para mi gusto, un gran ejemplo de todo lo que un verdadero taco no debería ser.

 

2. Aplicar el #tacotuesday


Aquí se comen tacos sin importar el día de la semana o la hora del día y ningún hashtag nos va a convencer de los contrario.

 

3. El taco de lechuga

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Ok, estás a dieta. Totalmente respetable, pero ¿qué sentido tiene andar emulando placeres que no te puedes dar? ¿No te causa más pesar tu ambición cumplida a medias? Mejor prepárate una buena ensalada, ponle una rica vinagreta, un quesito asado encima y deja de andar inventando cosas que no le hacen ningún bien a la humanidad. Qué necesidad tienes de andar desacralizando la tortilla de maíz nixtamalizada o una tortilla sobaquera para favorecer una hoja de lechuga.

 

4. Seguir los consejos de esta señora

Es asombrosa la cantidad de veces que alguien la puede regar en tan poco tiempo. ¿No creen?

 

5. No ponerle salsa


Las taquerías que de verdad se la saben, son igualmente famosas por sus guisados que por sus salsas. Y lo mismo sucede en las taquizas caseras. Todos esperamos con ansias que salga la primera tanda de cecina enchilada con nopalitos, pero lo que de verdad nos tiene en ascuas es esa salsa molcajeteada con chiles toreados que hizo toser a todos en la casa cuando estaba siendo preparada. ¿Que no comes nada de chile? Pues lamento informarte que tu experiencia taquera no está alcanzando ni la mitad de su potencial. Mi consejo, ¡nunca es tarde para empezar!

 

6. Echarles todo lo que tengas enfrente

Muchas taquerías y puestos alrededor de México tienen guarniciones a elegir para acompañar tu taco. Mucha gente confunde esta práctica con la de una cena buffet y termina con medio kilo de papas, otro tanto de nopales y un poquito de arroz encima de un simple taquito de bistec. Por ahí dicen que taco que cierra no es taco, pero no exageremos por favor.

 

7. Comer con cubiertos

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Esta bien, si es un taco ahogado como el de la foto tienes toda la justificación del mundo, pero… taquero que se respete sabe comer de pie y sin apoyo, sosteniendo el plato con una mano, el taco con la otra y sólo utilizando la barra del puesto para sostener su Boing. Es una técnica complicada, por supuesto, pero la práctica te llevará a agarrar el taco sin que se te desborde nada y hasta aprenderás a inclinar la cabeza en el ángulo necesario para no acabar con ese chorrito de salsa escurriéndose por tu barbilla.

 

8. Pedirlo sin copia

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Un taco con dos tortillas tiene todas las ventajas del mundo. Dos tortillas tienen la fuerza suficiente para contener una embarrada de frijoles, una cucharada de arroz y una tortita de pollo en salsa de jitomate con su dosis extra de salsa o guacamole. Si las proporciones del relleno te apantallan o no crees tener la destreza suficiente como para maniobrarlo adecuadamente… ¡hazte dos tacos!

 

9. La taco salad


Si entras a un lugar “mexicano” y entre sus opciones está la tradicionalísima —sarcasmo detectado— taco salad… ¡Huye! Esta es la contracara del taco de lechuga. ¿Una ensalada que quiere ser taco o un taco que quiere ser ensalada? No me queda claro. Pero lo que sí entiendo es que lo bueno de los tacos es que se encuentran en un universo aparte de lo que hoy llamamos comida saludable… ¡y separados se deben quedar!

 

10. Usar tortillas que no inflen


Así de sencillo, si tu tortilla no infla cuando la pones en el comal, algo está mal con tu tortilla. En consecuencia, algo estará mal con tu taco.