Crédito: Ignacio Lopez

Has participado en fiestas de niños que terminan como pedas de adultos.

Ya perdí la cuenta de las fiestas a las que he ido -y hablo de “pedas del año”-, de las que pensaba que eran celebraciones para adultos, como un cumpleaños de 30 o una fiesta de quinceañera, solo para descubrir que el reventón había empezado como fiesta de… ¡un niño de 5 años! Siempre me he preguntado si todas las peleas de borrachos que ocurren en estas fiestas son porque el escuincle quiere que le regresen su juguete.

 

Te sientes frustrado porque nadie puede pronunciar tu nombre correctamente.

Si tienes la fortuna de tener un nombre fácil de pronunciar como Juan López, es muy difícil que te pase esto, pero para los que tenemos nombres con muchas “erres”, lo único que nos queda es acostumbrarnos a no escuchar nunca nuestro nombre bien pronunciado. Y cuando dices tu nombre “en español” al ser presentado, siempre tienes que repetirlo más de una vez.

 

Hablas inglés, español y el mejor idioma del mundo: el spanglish.

Hablar spanglish es lo mejor porque cuando estás hablando inglés siempre hay palabras, ideas o conceptos que salen mejor en español y viceversa. Hay que aprovechar el spanglish para save time, ¿no?

 

No pudiste compartir tu superhéroe favorito con tus amigos del barrio.

Todos los niños de la cuadra tenían a Superman y a Batman. Yo tenía a esos dos pero también tenía a su papá: el Chapulín Colorado. “No contaban con mi astucia”, “Síganme los buenos” o “Que no panda el cúnico” son tres de las frases más célebres en cualquier hogar mexicano. Lo único malo es que cuando traducía estas grandísimas frases del “Red Cricket” para mis amigos que no hablaban español, nunca me entendían: “You weren’t counting with my cunning” o “Follow me… the good?” y mi favorita, “pobody nanic” (nobody panic). Si de por sí no era fácil traducir esas frases al inglés, mucho menos entenderlas. Lo bueno es que nunca intenté traducir “pastilla de chiquitolina”.

 

Las visitas sabatinas a tu abuela terminaban siendo un concierto de Don Francisco.

Estoy seguro de que mi agüe me quería mucho pero creo que ni una sola vez que la visité durante un sábado por la noche llegué a platicar con ella. Siempre terminábamos viendo juntos el reventón televisivo Sábado Gigante, pero como ella no escuchaba bien, terminaba siendo una gritadera de dos horas de Don Francisco. Llegué a tener más de una pesadilla donde Don Francisco y El Chacal me perseguían con su trompeta mientras mi abuelita se reía histéricamente. ¿Dónde estaba Jerry Springer cuándo más lo necesitaba?

 

Sabes que una “barbecue” nunca puede con la “carne asada”.

No importa qué tanto antojo tengas de una deliciosa y jugosa hamburguesa del asador del jardín de tu cuate, con tu familia y amigos mexicanos te tienes que acostumbrar a la famosa carne asada. No es que quiera ofender, al contrario, las chelas con carne asada con la banda es como una religión, pero una rica hamburguesa no es un mal trofeo después de una larga semana de trabajo.

 

No experimentaste nunca el despertar el día de Navidad y bajar las escaleras corriendo para abrir tus regalos.

Mientras que a muchos de mis amigos les tocaba abrir sus regalos el mero día de Navidad, a mí siempre me tocó abrirlos la noche anterior, después del pavo, los romeritos y el ponche de la Noche Buena. Pero no importa, en realidad siempre me gustó abrir mis regalos antes. Y para Año nuevo, mis amigos sabían que yo no podía ir a sus fiestas porque tenía que quedarme con mis papás, mis hermanas, mis tías, mis tíos, mis primos y mi abuelita a tomar “champán” y a comer las doce uvas. La primera vez que celebré un año nuevo fuera de mi casa me sentí socialmente atrofiado y estaba en semejante shock que me perdí la cuenta regresiva.

 

Tomaste una clase de español para sacarte un 10.

Uno de los beneficios de crecer en una familia mexicana en EE. UU. es la oportunidad de pasar con los ojos cerrados los requisitos de idioma extranjero en la escuela. Para algunos el francés suena bonito; para otros, el alemán es el reto ideal; pero para nosotros el español es la clase perfecta para poder descansar. Tus habilidades también te hacían el “amigo ideal” cuando tus amigos que no hablaban español no podían con la tarea. Cómo disfrutaba cada vez que Mr. Stetson, el popular maestro de español de la escuela, evitaba toparse conmigo en el pasillo por miedo a que le terminaras corrigiendo hasta el más mínimo intento de conversación.

 

Tú sí disfrutas de la comida mexicana “auténtica” y de los “deliciosos” burritos gringos.

Muchos gringos regresan a casa después de viajar a México, decepcionados porque la comida que no es “lo suficientemente mexicana” y muchos mexicanos regresan a México después de visitar Estados Unidos quejándose de lo “poco mexicana” que es la comida del país vecino. Crecer mexicano en Estados Unidos te brinda la oportunidad de realmente disfrutar y apreciar un “bean burrito” gringo sin quitarte la capacidad de que se te haga agua la boca por toda la comida que puedes comer cada vez que viajas a México.

 

Tienes dos equipos para alentar en el Mundial de fútbol.

Nada en el mundo le gana a la diversión, emoción y locura que significa seguir a tu país en un mundial cada cuatro años. De hecho, sí hay algo: tener dos equipos a los que de verdad le puedes ir. No importa si estás viendo “futbol” o si estás viendo “soccer”, siempre habrá un equipo que te levante cuando el otro te decepciona. Lástima que ninguno de mis dos equipos ha ido más allá de los cuartos de final en ningún mundial que yo pueda recordar. Si tan sólo hubiera sido ítalo-brasileño…