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Ongui ettori.

Euskadi no es precisamente el destino afrodisíaco ideal, así que si vienes a Bilbao, que no sea a buscar novio. Vente de pintxo pote, de jarana, de museos, de playa y montaña, pero no a echarte novio. Bilbao es la ciudad española donde menos se liga. Será por su abrupta orografía, será porque hace un frío que pela y llueve más días de lo que brilla el sol, pero en Euskadi no hay quien ligue, ni folle. Pero ya que el vasco realmente te mola (más te vale), déjame compartir contigo unos eusko consejos, que seguramente no funcionarán a la hora de ligarte a ese vasco que quieres que te ponga con los tacones mirando pal techo. Pero chica, algo es algo. Haberte pillado por un madrileño, o un valenciano, o un sevillano.

1. Gestiona bien tu energía: es un proyecto a largo plazo

Desde tiempos inmemoriales, el carácter vasco se ha visto forjado por el frío, la lluvia y una abrupta naturaleza. Estas condiciones adversas convierten al vascuence en un hueso duro de roer. Han desarrollado por eso una fuerte musculatura y un corazón de piedra de complejísimo acceso. Y tú que has nacido en el Mediterráneo apareces ahí con tus dosis extra de energía para todos, pasión a borbotones y temperamento a tope de power, a tope de energy, esperando ponerte morada a ligar. Querida, te has equivocado. En ese plan arrollador aquí no tienes nada que hacer, haz el favor de conservar tus energías para tu particular conquista.

2. Asume que vas a tener que dar tú el primer paso

Si nunca has dado el primer paso, puede que esta sea tu oportunidad para estrenarte. La vasca es una sociedad muy matriarcal en la que la mujer lleva los pantalones. Eso mola mucho, tanto que cuando se hacen jamadas (comidas o cenas) en el txoko o la lonja (clubs particulares dedicados a guateques y verbeneo), nosotras no podemos pisar la cocina. Ellos se encargan de todo.

Tómatelo como una lección de autoestima, la primera vez que puedes sentir en tus propias carnes cómo se siente una cuando le hacen una cobra. A mí me la hizo un donostiarra en mi época universitaria. Quería que la Tierra me tragara, pero desde entonces, siempre voy a por él. Que la cobra siempre me puede salir.

3. Ten paciencia

Lo primero que vas a necesitar es una buena dosis de paciencia. En Euskadi, las cosas del querer van despacio, suavecito, sin prisas. Ligarse a un vasco no es una cuestión de «aquí te pillo, aquí te mato», es una carrera de fondo, una inversión cuyos frutos verás aflorar a largo plazo. Piensa en ello como los bonos del estado o los planes de futuro del amor.

En las primeras citas no esperes:

  1. Números de teléfono
  2. Besos románticos (picos, metidas me morro o besitos con lengua entran dentro de estos besos que no os daréis)
  3. Pasar la noche juntos y acabar retozando entre las sábanas. ¡Qué ultraje!

¡Que esto no es el sur, mujer! Como mucho un «aúpa» más seco que la mojama, una palmada en el hombro y un agur, seguido de “ya si eso nos vemos”.

4. No esperes piropos

Siento comunicarte que el vasco es muy poco adulador. Él no te va a echar piropos, ni te abrumará con lindeces ni horteradas románticas. Como mucho un «hermosa», «maja», pero para de contar. Tampoco te emociones tú con los piropos, no le vayas a asustar. «Majo» está bien, «buenorro» es pasarse de la raya.

4. Atenta a las redes sociales

Si habláis por Facebook o WhatsApp eso es un puntazo, lo tienes en el bote. No te desanimes, lo que pasa es que no sabe muy bien por dónde le da el aire ni cómo actuar, pero le gustas. Si no habláis mucho, pero cada vez que cuelgas una foto o un vídeo él le da a me gusta, es que está altamente interesado en ti. Tía, te sigue en Facebook, qué más quieres.

En cuanto al WhatsApp, no desesperes si cada vez que lees uno de sus mensajes ves que no hay ni signos de exclamación, ni emoticonos. Es más, si observas que en vuestras conversaciones abundan las exclamaciones y los emoticonos, especialmente la flamenca, puede que realmente no le gustes, que sea gay, o peor aún, que no sea vasco.

El buen vasco es parco en palabras. Simplemente, pasan de perder el tiempo con txorradas. Si después de soltarle una parrafada de chiquicientas líneas que llevas currándote todo el día para no hacer ridículo, él tiene la desfachatez de contestarte con el emoticono del dedo hacia arriba, no rompas a llorar. Él está muy interesado, piensa que te está contestando, y eso no lo hace con todas.

5. Llévatelo a cualquier otra parte

Siempre tienes el resorte de llevártelo de escapada así como quien no quiere la cosa, aunque el vasco no es muy de salir de su tierra. Este es el mundo según ellos:

El vasco, fuera del País Vasco, entra en una especie de cortocircuito. Parece que fuera de Mordor (así llamamos los vascos a nuestra tierra), el espécimen euskolabel pierde esos súper poderes de machoman. Llevártelo fuera de Euskadi puede ser una magnífica estrategia. Al estar fuera de su zona de confort, el vasco se siente desconcertado y su rudeza se desvanece, el corazón se les ablanda, son más proclives al amor y se convierten en seres humanos aparentemente normales y a los que Cupido, cuando más desprevenidos se encuentran, puede atravesar con sus flechas de amor.

6. Prepárate para ver fútbol

Ya te lo advierto, si el mutila (chico en euskera) es futbolero, que es lo más probable, te vas a comer un porrón de días de fútbol. Es lo que hay. No conozco la afición de la Real, pero sí la del Athletic. Yo misma soy una leona y embajadora de Euskadi allá donde voy. Los leones queremos a nuestro equipo de verdad, ganen o pierdan, festejamos victorias y derrotas echando tragos y ganas. Aúpa Athletic, de todo corazón. Y nuestra catedral (la tuya también), es San Mamés.

7. Olvídate de conquistarlo a él: la cuadrilla es tu objetivo

Lo siento, amiga, pero ese chico viene en un pack indivisible: la cuadrilla. Las cuadrillas masculinas suelen constar de 20 a 100 ejemplares. Al principio igual te parecen raros, pero tranquila, es que no están acostumbrados a lidiar con mujeres y muchos sienten verdadero miedo hacia la figura femenina (especialmente si es vasca).

Intenta entrar con buen pie, sé maja, habla con todos por igual, sé especialmente simpática con sus amigos más cercanos, pero no te pases de animada y no te conviertas en el centro de atención. Dosifica tus encantos y métete a la cuadrilla en el bote. ¡Ya casi lo has conseguido!

8. Llévatelo de pintxo pote

El mejor plan rollo mano a mano con el chaval es que os vayáis de pintxo pote. O id a echar tragos directamente. Los vascos beben como si no hubiera mañana y además de todo un poco. Tkakoli, vino, sidra, kalimotxo, zurito, marianito, kalis, kali txikis, etc… y por ahí puedes atajar. Ya se sabe que el alcohol es un potente afrodisíaco y altamente desinhibidor. Para llegar su corazón, o donde sea que quieres llegar, bebe y dale de beber. Pero sin pasarse, ya sabes que en la moderación está la virtud.

9. No desesperes con las fluctuaciones de su interés por ti

A los vascos les mola mucho eso de jugar al despiste. Que no te desconcierte si un día pasa de tu culo y el día siguiente se tira toda la noche pegado a ti como un pulpo. Que no te haga ni puñetero caso no quiere decir que no le gustes. Aunque si pasa olímpicamente de ti siempre, igual has de reflexionar y buscarte otro objetivo.

10. Rétalo

Si ves que la cosa no acaba de arrancar, siempre puedes amenazarles. Los vascos son muy de retos, si no a qué santo tanta competición de traineras, tanto cortar tronco como si no hubiera mañana y tantas tardes  a la fresca jugando a la pelota vasca. “No hay huevos”. Pronuncia estas tres palabras con contundencia y decisión y no habrá vasco que se te resista.

Una vez lo tengas en el bote, te cuidará y te querrá para toda la vida.