Foto: Rulo Luna Ramos

1.
A que tu cuerpo no te pida comida entre el desayuno y la cena, porque comenzaste el día alimentándote con una concha, un litro de jugo de naranja, una frutita, un cafecito, y algo más llenador como unos picositos huevos divorciados, y tres o cuatro tortillas (si tu cuerpo es mexicano, entonces sí te pedirá comida todo el día, todos los días).

2.
A las pequeñas y cotidianas muestras de surrealismo. Nadie se va de México sin presenciar algún acontecimiento que le provoque decir: “C’est incroyable!”, “No way, really?”, o bien: “Ich glaube es nicht!«.

3.
A la informalidad en los eventos formales. ¿A quién le importa si a mitad de la boda ya no tienes zapatos o si tienes que desabotonar tu pantalón para que te entren más chilaquiles? A los mexicanos no 🙂

4.
Al calor humano que recibes todos los días. ¿Por qué en otros países no te gusta el contacto físico ni con tus familiares y aquí en México no te molesta que te salude de beso en la mejilla y te despida de abrazo alguien que acabas de conocer? Yo no sé…

5.
A no estresarte tanto por llegar tarde a los eventos, pues hay 90% de probabilidad que esa cosa a la que vas tarde, va a comenzar tarde. Así que no te preocupes, sí te da tiempo tomarte otra cerveza.

6.
A instinto de todos los mexicanos que nos empuja a cuidar muy bien de nuestros visitantes y que nos da tanto miedo desobedecer.

7.
A que te digan “salud” cuando estornudas, aunque no te conozcan. Sabes que ese tipo de atención no la obtienes tan fácil fuera de México.

8.
A los vendedores de comida callejeros. Ya sabes a qué hora pasa el chavo de los tamales que más te gustan, te saluda y te sonríe la señora de los antojitos cuando pasas frente a su comal, y antes de que llegues al señor de los jugos, él ya te comenzó a preparar uno porque ya sabe de memoria cómo te gusta… ¡Qué vas a hacer cuando te vayas de México! Pobre de ti 🙁

9.
A lo fácil que es cambiar de paisajes. Cuando tus amigos de Instagram ven tus fotos piensan que hiciste con uno de esos tours que dan la vuelta al mundo en cuatro semanas. Pero no, sólo fuiste a México.

10.
A sus infinitas paletas de colores en la ropa, las fachadas, la comida y hasta en los muebles de los mexicanos nunca dejan de inspirar a tu niño interior.

11.
A reírte de la vida. Si necesitas encontrarle la gracia a cualquier situación difícil, ven a México.