1. No pongas a competir a tu ciudad con la nuestra

Los chilangos estamos muy orgullosos de nuestra ciudad y te la vamos a presumir como si hubiéramos estado presentes en la inauguración de Tenochtitlan. La Ciudad de México es la más bonita, la más poblada, la más diversa, la que se inunda más cabrón, la que huele más gacho, es más, aquí caben más güeyes por vagón Metro que en cualquier otro lugar del mundo. No importa que atributo tenga tu ciudad, aquí está más cabrón.

2. Hay que tratarnos con pincitas

Aquí no juega eso de hablar golpeado ni de andarse negando rotundamente a las cosas. Si tu amigo chilango te invita a su casa el viernes por la noche y no puedes ir, dile que “vas a ver” y ya después le avisas (con tiempo, por favor) que hay que dejarlo para otro día. Una negativa rotunda hará que tu amigo tenga que disimular una lagrimita y se cuestione durante horas cómo alguien puede ser tan falto de tacto.

3. Confirma que los planes sigan existiendo

Como consecuencia de los sentimientos expresados en el punto anterior, el chilango rara vez dice que no a un plan; especialmente si dicho plan está en el territorio incierto de las próximas semanas. No asumas que una reunión con más de dos días de haber sido acordada sigue en pie si no quieres que te dejen vestido y alborotado.

4. No te estamos insultando…

Bueno, tecnicamente sí, pero de manera afectuosa. Si tu amigo se refiere a ti como hijo de la chingada o pinche-cabrón-puto es porque te aprecia. El día que se sienta ofendido te va a dejar de hablar sin pinches de por medio.

5. Vas a tener que subirle a la intensidad en el gimnasio

Porque amistad chilanga que se respete viene acompañada de cinco de pastor con todo y un Boing o Coca después de cada fiesta. Y no te dejes confundir, “taquito” no es un taco pequeñito…

6. …Y una cervecita no es una cerveza chiquita

Tendrás que hacer buenas migas con los 940 mililitros de felicidad de una Corona Familiar y con el concepto de la chela banquetera. La caguama es más que una presentación de cerveza, es prácticamente una unidad de medición honoraria.

7. No manejamos mal… manejamos diferente

Hay dos tipos de conductores en la Ciudad de México: están los que se creen ases del volante y manejan de la chingada, y los que no tienen idea de lo que están haciendo y manejan de la chingada. Se rumora que hay un tercer grupo que no maneja tan de la chingada, pero rara vez se le ve en su elemento natural. Las consecuencias de esta dinámica se hacen evidentes en todos los que aprendimos a manejar en la ciudad, conductores conscientes de que todos a su alrededor manejan de la chingada.

8. A veces hablamos mucho y no decimos nada

Afortunadamente el cantinfleo está más reservado a las conversaciones casuales que a las pláticas con amigos, pero aun así, no está de más advertirlo: si lo que decimos parece no ir a ningún lado, es porque probablemente no tiene el menor sentido.

9. Pérame un tantito nomás…

Como si mantenerte al tanto de los intentos de albureo y de las palabras y expresiones domingueras que tu amigo suelta con cada frase no resultara complicado, también tienes que lidiar con el hecho de que habla con la celeridad del que lleva demasiado tiempo buscando un baño y se come la mitad de las palabras… ¡Pus tá cabrón!

10. Te vamos a querer aventar al Metro

Pero ni te odiamos ni somos unos psicópatas disfuncionales que andan revelando sus planes como villano de película de James Bond. Eventualmente te ofreceremos un aventón o aventarte por ahí, que no es más que acercarte a tu destino.

11. Le vas a perder el miedo a comer en la calle

Los chilangos sabemos que bueno, bonito y barato es una condición utópica que rara vez se cumple. Sin embargo, somos especialistas en ahorrarnos lo bonito en favor de las mejores experiencias culinarias de la ciudad. La primera vez que tu amigo te invite unos tacos de esquina, probablemente temerás por tu salud gastrointestinal, pero después de unas cuantas excursiones en el mundo de la comida callejera, le estarás rogando que comparta más de ese exquisito conocimiento.