Crédito de la imagen de portada: Roberto Herrera Pellizzari

1.Sí Chucha ¿y tus calzonsotes?

Frase que denota incredulidad y sorpresa ante una petición que consideramos alejada de toda racionalidad. Chucha es un hipocorístico (como se le dice a alguien de cariño, pues) de Jesusa. Dado lo extraño del nombre, es muy probable que se trate de la misma persona a la que bolsearon de pequeña. ¿Qué tienen que ver sus grandes calzones en todo esto? Esa es una pregunta para tratados filosóficos extendidos y rebasa por mucho el objetivo del presente artículo.

2.Ah sí, ¡pues huevos!

Decir “huevos” es una forma útil, compacta y gratificante de mandar a alguien al carajo. Lo mejor de este insulto es que viene acompañado por un ademán, que se puede utilizar en situaciones donde sería imposible o incómodo insultar a alguien verbalmente, como en el salón de clases, en una boda o en una cena formal.

 

“Pintar huevos” es fácil: se hace la señal de “ok” con la mano derecha, se doblan los dedos meñique, anular y medio, y se gira ligeramente la muñeca hacia el centro del pecho; para mayor efectividad, hay que ir acercando la mano al pecho al tiempo que se gesticula “H U E V O S” sin perder contacto visual con la persona a la que queremos ofender.

3. “¡Estás que te caes y rebotas de pendejo!”

A pesar de lo que se puede intuir a partir de esta frase, no existe ninguna relación entre las propiedades elásticas de un cuerpo y su pendejez. Es verdad que alguien se puede caer por pendejo, pero es muy poco probable que rebote por los mismos motivos.

4. “Vete al cuerno”

Los “cuernos” son un insulto de la vieja escuela. Este eufemismo, utilizado para mandar a la chingada a alguien, es practicado por la misma población que dice “hijo de tu Pink Floyd” en lugar de “hijo de tu pinche madre” y “buey” en lugar de “güey”. Tambièn se pueden “pintar cuernos”, una señal muy socorrida por automovilistas no tan jóvenes y que sustituye perfectamente al sublime acto de pintar dedo.   

5. “Bájale dos rayitas a tu desmadre”

También “bájale de espuma a tu champurrado”, esta advertencia invita al escucha a tranquilizarse antes de que las funestas consecuencias se hagan presentes. Aunque el champurrado y el desmadre son equivalentes, hay que destacar que las dos rayitas son indicadoras de un sistema digital, mientras la espuma es claramente analógica. Úsenlas adecuadamente.

6. Pinche…

Pinche es uno de esos comodines que los mexicanos utilizamos para darle a cualquier adjetivo una connotación negativa. Su acción superlativa es directamente proporcional a la intensidad de la primera vocal (no es lo mismo pinche que piiiiiinche). Aquí un recuento de algunas de sus formas más usuales y sus significados extendidos:

 

Pinche huevón: “¡Qué huevón eres! Me sorprendes y eso que yo también soy bien huevón”.

Pinche baboso: “Eres tan tonto que te odio, incluso si no te conozco”.

Pinche metiche: “¿Por qué no te ocupas de tus asuntos?”

Pinche naco: “No mereces mi respeto, odio tu forma de ser”.

Pinche gato: “Qué felino tan molesto”; también “pinche naco”.

No pinches mames: “¡No mames, no mames, no mames!”

Pinche suerte: “Voy de mal en peor”.

Qué lugar más pinche: “¿Cómo llegué aquí? Tengo miedo…”

Qué onda, pinche cabrón: “Hola”.

7. “Qué voy a llegar tarde ni qué ocho cuartos”

Los famosos “ocho cuartos”, expresión favorecida por las madres mexicanas y otras figuras de autoridad para hacer menos cualquier petición o súplica. La parte aritmética de esta expresión puede ser fácilmente sustituida por “tu abuela”, “tus narices” y, por supuesto, por “la chingada”, mientras que la primera parte debe repetir la petición original en claro tono de burla.

8. “¡Me cagas!”

Modismo escatológico que bien puede entenderse como “te odio un poquito”. Frase muy socorrida entre hermanos y parejas disfuncionales. El término “cagante” no es exclusivo de una persona non grata y puede extenderse fácilmente a cosas como los lunes, el zumbido de los mosquitos y las ampollas.

9. “¡Ya valió madres!”

Un grito de desesperación y frustración ante un desastre inminente, una sentencia severa si se dirige en contra alguien (ya valiste madres) y también una florida forma de recalcar la inutilidad de una persona (vales para pura madre). El vocablo “madre” constituye una de las unidades más versátiles del español mexicano y amerita un análisis más extendido que afortunadamente pueden encontrar aquí.  

10. “No mames”

Expresión de incredulidad, sorpresa, fastidio o desesperación. Utilícese sola o al inicio de cualquier oración para enfatizar la importancia de su contenido.

– No mames lo que me pasó…

– No mames, ¿qué?

– Me corrieron de la chamba…

– ¡No mames!

– Sí, no mames.

11. “¡Chinga tu madre!”

Esta expresión es la joya de la corona, la apoteosis de las expresiones de enojo mexicanas. Aunque puede ser modificada y ensalzada con cuanta palabra altisonante se nos ocurra, estas tres palabras siguen siendo siendo la forma más contundente para expresar nuestro enojo en contra de alguien. Si no han mentado o no les han mentado la madre al menos una vez… no han pasado suficiente tiempo en México.

 

Para usos más diversos e ingeniosos del verbo chingar pueden consultar este bonito artículo.