Crédito: Dani Vázquez

1. A que comience a llover mientras manejas por López Mateos.

Si te agarra el aguacero mientras navegas (literalmente) por una de las principales vialidades de la ciudad sabes que, o le llamas a un Uber Lancha o sacas tu tabla para esperar, cual Rose en Titanic, a que alguien venga al rescate. No hay carro que resista la ira de una tormenta tapatía.

 

2. A que te toque un narcobloqueo en el puente.

Ocurrió sólo una vez, pero nos dejó psicológicamente marcados. Especialmente a todos los que quedamos atrapados por ocho horas en la carretera a Manzanillo y ni siquiera alcanzamos a ver la playa antes de ser forzados a volver a nuestra tierra natal.

 

3. A que se te atraviese la vía recreativa un domingo por la mañana.

Después de un sábado de fiesta es particularmente difícil recordar cuáles calles están bloqueadas para dejar paso a nuestros activos ciclistas dominicales. Uno siempre vive con el temor de dar la vuelta equivocada y tener que dar un rodeo de 20 minutos para llegar a su destino.

 

4. A que al gobierno del estado se le ocurra iniciar obras en una de las principales vías de la ciudad.

O, si de verdad quieren causar una histeria colectiva, a que dichas obras inicien justo antes de que arranque el ciclo escolar y la temporada de lluvias.

 

5. A buscar estacionamiento en el centro.

Muchos tapatíos evitamos el centro. No es que no sea bonito. No es que no tenga una oferta de cantinas y bares tradicionales envidiable. No es que el Degollado no brinde una oferta cultural exquisita. No, el problema es dónde demonios dejar tu carro durante un par de horas sin que sea vandalizado. O en caso de que optes por un estacionamiento, que éste no te estafe con sus tarifas o cierre temprano y te veas obligado a dejar tu vehículo durante toda la noche (nunca me ha pasado, me contaron).

 

6. A comer tacos en San Juan de Dios.

No me malentiendan. Esos tacos pueden ser los mejores de tu vida. Sin embargo, también pueden colaborar a disminuir la población de animales callejeros de la zona. Nunca se sabe, es un juego de azar y la incertidumbre nos mata de miedo.

 

7. A que se le acabe la nieve al señor del tejuino.

¡¿Qué clase de monstruo se atrevería a vender tejuino sin nieve?!

 

8. A pasar una cruda sin una torta ahogada.

La torta ahogada es un remedio mágico tapatío que borra todos los pecados de la noche anterior. Tan sólo pensar en pasar una resaca sin sus poderes curativos nos pone a temblar.

 

9. A que se te acabe el alcohol después de la una de la mañana.

No hay nada peor a que tu Oxxo de conveniencia te niegue el derecho a reabastecerte de provisiones en el punto cúspide de la fiesta y tengas que hacer un viaje a las inmediaciones de La Penca a la mitad de la noche. Y ni qué decir de la variedad de personajes que uno puede encontrarse en el único oasis para los bebedores de la ciudad. El miedo que provocan merece un punto aparte.

 

10. Al periférico los viernes por la tarde.

Aunque creo que el tráfico de los viernes es un miedo prácticamente nacional.

 

11. A subirte a la ruta 380.

¡No por nada le llaman el “Sexochenta”!