1. Es muy probable que tras tu visita a Valencia cambie para siempre tu percepción de los fideos. Tras degustar una fideuà junto a la playa, tu paladar nunca volverá a ser como antes.

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2. Puedes sufrir un retorno momentáneo a tu infancia entre los soldaditos de plomo de la colección más grande del mundo.

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3. Y volver a sentirte niño irremediablemente tras lanzarte una y otra vez por entre los toboganes gigantes que forman los ropajes del Gulliver.

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4. Sufres el riesgo de enamorarte de la horchata, y con la dificultad que supone conseguirla fuera de Valencia vivirás a partir de entonces en un constante estado de frustración.

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5. Ten cuidado no alces la vista cuando estés cerca de la Lonja, entre sus gárgolas y sus relieves de figuras humanas es muy posible que reconozcas a tu suegra.

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6. Si te descuidas te encontrarás paseando entre tiburones, incluso es posible que te duermas junto a ellos.

7. Atento si acudes a una mascletà, te invadirá un amor hasta entonces desconocido por la pólvora y soñarás repetidamente con petardos y carcasas de colores.

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8. Pasear entre los lémures es tan emocionante que quedarás prendado de estos simpáticos animalitos, tanto que te desearás tener uno de ellos en casa.

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9. Te sentirás como un viajero en el tiempo de viaje al futuro cuando visites la futurista Ciudad de las Artes y las Ciencias.

10. Te secuestrará la paz de la Albufera y la tranquilidad de sus aguas calmas, mientras observas el vuelo de sus innumerables aves durante una irrepetible puesta de sol.

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11. Y por supuesto corres el peligro de no volver a comer jamás paella fuera de Valencia, una vez pruebes, junto al mar o los arrozales, una auténtica paella valenciana.

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Imagen destacada: Keith Ellwood