11 señales de que eres un usuario experto del Metro de la CDMX

by Rulo Luna Ramos 25 Sep 2019

1. Te duermes sin miedo a pasarte

Has desarrollado un instinto de navegación tan eficiente que puedes dormir a tus anchas y despertar en el momento justo para espabilarte, quitarte la lagaña y acercarte a la puerta con el tiempo medido para descender. Durante tu aprendizaje, tal vez alguien te tuvo que despertar en un par de ocasiones al llegar a la terminal o hasta acabaste dando vueltas por horas y horas en la misma línea, pero esto solo fue un pequeño precio a pagar por la habilidad de dormir a pierna suelta que hoy te acompaña.

 

2. Has desarrollado inmunidad ante las horas pico

A pesar de lo caótico de la multitud, tú sabes exactamente dónde colocarte para terminar exactamente frente de la puerta que te lleva a ese rincón del vagón —probablemente el de hasta atrás— que casi siempre está vacío y en el que te puedes acomodar tranquilamente hasta llegar a tu destino. La versión más avanzada de esta habilidad incluye la capacidad de quedarse dormido de pie usando a la gente que te rodea como soporte y colchón. 

 

3. Tienes los descensos bien entendidos…

Nadie quiere ser esa persona que se queda gritando “bajan bajan” mientras las puertas del Metro se cierran y el tren arranca. Un veterano del Metro de la CDMX tiene muy claro en qué estaciones baja la gente y cómo debe ir administrando el espacio al interior del vagón para terminar frente a la puerta en la estación en la que va a descender. A lo mucho tendrás que preguntarle al de adelante si baja en la siguiente y sortear uno que otro vagonero, pero de que bajas, bajas. 

 

4. Y los transbordos también

Sabes del caos ordenado que siempre parece reinar en Chabacano, sabes que Pantitlán a las siete de la mañana es como un ensayo del infierno y que Atlalilco parece haber sido diseñado para entrenar maratonistas; pero también te son familiares algunos rincones pintorescos como el Túnel de la Ciencia en La Raza, la sala de cine que está escondida en Zapata, el gigantesco mural que adorna el andén de Copilco y el Museo del Metro en Mixcoac. Muchas veces apuramos nuestro paso por los pasillos y escaleras de las distintas estaciones del Metro, pero a veces conviene detenernos y disfrutar de algunos de sus detalles.  

 

5. Sabes cuando todavía cabe uno más

Las puertas del Metro se encuentran abiertas y detrás hay una masa amorfa conformada por mochilas, panzas y brazos torcidos. Es una escena dantesca y el observador casual diría que no cabe un alfiler en el vagón. Tú observas cada una de las puertas con detenimiento y —en cuanto suena el silbato— te integras en esa en la que se esconden unos centímetros cúbicos de sobra. El tren cierra sus puertas en el momento justo para atraparte dentro. Vas apachurrado como sardina y la puerta te va pellizcando la nalga, pero vas dentro y eso es lo que importa. 

 

6. Conoces a los que se suben a cantar 

Si utilizas la misma línea durante toda la semana, probablemente coincides de forma frecuente con esa pareja que transforma los éxitos de ayer y hoy en música andina, con algún entusiasta del rock urbano o con algún otro exponente infravalorado de la música popular. Los personajes que frecuentan las líneas del Metro para exponer su talento a cambio de unas monedas son tan variados como peculiares. 

 

7. Nunca eres esa persona que se atora en el torniquete

No es que haya un protocolo preciso para pasar por los torniquetes, pero el tiempo te ha enseñado que antes de cruzar debes verificar que tu boleto haya pasado o que tu tarjeta tenga saldo. Porque no hay nada peor que rebotar en los tubos del torniquete cuando llevas prisa.

 

8. Te importan poco los enfrenones 

Si llevas algún tiempo siendo usuario del Metro de la CDMX, sabes que los trenes suelen frenar de la nada y bien cabrón. En algunas líneas sucede más a menudo que en otras, pero un viaje promedio tendrá al menos un enfrenón o dos. Tú tienes plena conciencia de esto y has entrenado tu cuerpo y tu mente para sobrellevar estos movimientos bruscos de forma apacible y elegante. Los usuarios más avanzados tienen incluso la capacidad de maquillarse sin el riesgo de picarse un ojo e incluso pueden soltar el tubo por el puritito gusto de tentar al destino. 

 

9. Tu interacción con los taquilleros es envidiable

Eres rápido, eficiente y cordial en tu trato con la gente de las taquillas. Cinco, por favor, dices con voz fuerte y clara, mientras le extiendes a la persona detrás del cristal el cambio exacto para hacer tu transacción, das las gracias sin esperar nada a cambio y desapareces entre la multitud. Mantener esta actitud de forma regular hará que te ganes la simpatía de los taquilleros y chance hasta consigas una sonrisa de regreso. 

 

10. Te citas abajo del reloj

Porque no hay forma más sencilla de encontrar a alguien entre la multitud de chilangos que van y vienen por los túneles del Metro. Nos vemos a las tres abajo del reloj en dirección a Universidad. Así de fácil. 

 

11. Te sabes el mapa del Metro como la palma de tu mano

Tal vez no hayas recorrido todas las líneas del Metro, pero tienes una imagen mental bastante acertada del mapa y hasta ubicas zonas de la ciudad por las estaciones que cruzan por ahí. Puedes no tener mucha idea de ejes viales y avenidas, pero conoces la ruta más directa para llegar de El Rosario a Escuadrón 201 y de Mixcoac a Indios Verdes. Mientras estés dentro del Metro, te sientes en tu elemento.

 

 

 

 

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