Foto: Sebastián Losada

1. Engordarás

Hazte a la idea: es inevitable. Por mucho que combines tus comilonas de cocido y marisco con rutas de senderismo, subiendo nuestros puertos de montaña en bici o nadando varios kilómetros en nuestras playas, al final de tu estancia en Galicia la báscula marcará algún kilo extra. Pero no te preocupes: son kilos sanos, de esos de comida elaborada con buenas materias primas, cocinada con sencillez (lo tomamos casi todo cocidito) y degustada –esto lo tendrás claro– con placer. Es la curva de la felicidad, la de verdad.

2. Te quedarás atrapado con el coche en una carretera demasiado estrecha

Esto es un poco tu culpa por fiarte del GPS, que no distingue entre nativos y foráneos y cree que todo el mundo tiene la habilidad de circular por corredoiras como si fuesen anchas autopistas. ¡Y son vías de doble sentido, así que te puedes encontrar un coche de frente! Sabremos que eres de fuera por tu cara de pánico e incapacidad de reacción y por no saber que eres tú el que tiene una entrada de portal más cerca.

3. Te convertirás en adicto al radón

¿Qué es este terror? ¿Qué es este éxtasis? ¿Qué es esto que te llena de tan extraordinaria exaltación?1 Los ríos, las fuentes, los regatos pequeños, los prados, las arboledas, los pinares que mueve el viento2… Creerás que es tanta belleza lo que hace que te sientas así y aprenderás qué es la morriña al marcharte. ¿La dura realidad? Puede que el éxtasis fuese un subidón de gas radón y que la morriña sea síndrome de abstinencia.

4. Te paralizarás al entender que todo en el mundo es relativo

Te pasará si mantienes el suficiente número de conversaciones. Verás cómo poco a poco tú también empiezas a necesitar más información, a no sentirte tan seguro en tus respuestas. Y entonces ocurrirá: contestarás a una pregunta con otra pregunta. Entenderás de golpe que en el mundo no hay blancos y negros, sino una escala de grises eterna que cambia también de color dependiendo de desde dónde la mires. La parálisis durará un par de semanas; después, simplemente, serás una persona indecisa.

5. Perderás los tiempos compuestos

En ese proceso de relativización de todo el universo habrá una víctima colateral: los tiempos compuestos. Porque ¿qué sentido tienen? ¿de verdad iba a ser posible precisar un tiempo en el discurso cuando el tiempo en sí depende de tantas perspectivas? La economía lingüística de los tiempos simples se ajusta más a tu nueva forma de (no) entender el mundo.

6. Descubrirás que tu sentido del humor es superficial

Porque tus primeras semanas en Galicia estarás perdido y no entenderás nada. Después, poco a poco, te darás cuenta de que un 90 por ciento de lo que te dicen es medio en verdad, medio en broma; de que la retranca es una ironía elevada al cubo; y de que el humor aquí sucede pocas veces en la superficie y no suele acabar en carcajada, sino en cruces de miradas y medias sonrisas.

7. Te perderás

No en las ciudades (aunque las zonas viejas suelen ser bastante confusas), pero sí cuando, tras salir de una corredoira con el coche rayado y un ataque de ansiedad incipiente, descubras que había una perfecta autovía paralela de la que el GPS decidió no informarte y decidas mandar al navegador al carallo –estás en Galicia, al fin y al cabo– y preguntarle a la gente. Un consejo, y esto vale para cualquier parte del mundo: mira fijamente a tu interlocutor y recuerda sus gestos. Si dice «derecha» pero señala a la izquierda, haz caso a las manos, que nunca se confunden.

8. Sufrirás jet lag

Vale, quizá no un jet lag de ese que hace que a las 4 de la madrugada quieras comerte un churrasco, pero sí uno más sutil. Creerás siempre que es más temprano de lo que es, acabarás cenando a medianoche en verano y te deprimirás al volver a tu lugar de origen, especialmente si eres del este de la Península, al ver que el sol se pone casi una hora antes.

9. Acabarás acatarrado

Los días de calor, porque creerás que este se mantendrá hasta altas horas y saldrás de casa sin chaqueta; los días de lluvia, porque descubrirás que tu calzado no es tan waterproof como creías y se te mojarán los pies; los días de «frío», porque este te atravesará sigiloso y llegará hasta tus huesos, donde se quedará provocándote escalofríos aunque el termómetro marque 17ºC.

10. Empezarás a creer en supersticiones fenómenos paranormales

Tú, que te creías tan racional, tan realista, tan empírico. Tú, con tu «si no lo veo, no lo creo» siempre por delante. Sí, tú: acabarás saltando hogueras en San Juan, poniendo amuletos contra meigallos debajo de la cama y notando que te pones muy pálido si ves unas luces por el monte. Un día te escucharás suspirar que las meigas, «haberlas haylas».

11. Te quedarás sin ropa limpia

Puntualicemos: sin ropa limpia seca. Lo bueno es que tras esa primera experiencia de ponerte unos calcetines húmedos no volverás a esperar a que se te acabe casi toda la ropa antes de poner la lavadora.

12. Te acostumbrarás a la gente exigente

Esto es como cuando una persona amante de los perros de pronto descubre lo que significa que un gato muestre interés por ti. No es fácil y posiblemente nunca tengas claro si es amor de verdad, pero es mucho más gratificante. Los gallegos somos los gatos de la península (no creáis a los que dicen que son los madrileños): seremos desconfiados al principio y tendrás que ganarte nuestro cariño, pero cuando lo consigas ya no te querrás marchar nunca.

1. Puede que esto sea también el final de La señora Dalloway, de Virginia Woolf.
2. Puede que esto lo haya escrito Rosalía de Castro.