Crédito: ayeshamus

El junkie de gimnasio.

Llevas dos minutos de conocerlo y ya está criticando el contenido de carbohidratos de tu dieta, tu vida sedentaria y ya te hizo tocar sus abdominales. Si sus pechos y escote son más pronunciados que los tuyos, pon a prueba su cardio… ¡Corre!

 

El bailarín inspirado.

No tiene la menor idea de cómo bailar, pero esos últimos tragos lo han convencido de que su destino es dominar la pista de baile… ¡esta misma noche! Algunas variantes incluyen: el fan de la Guaracha Sabrosona que baila salsa como si fuera El Jarabe Tapatío; el que necesita pista de baile y media para que le salgan sus vueltas y siempre le acaba metiendo un putazo a su pareja; el que aprovecha las calmadas para meter mano; y el que acaba perreando sin importar el ritmo que esté sonando.

 

Ese hombre con la camisa dos tallas demasiado pequeña.

Traer la camisa abierta hasta el ombligo para mostrar el pelo en pecho y las cadenas de oro de tu abuelita es un nivel de estilo reservado exclusivamente para Mr. T. ¡No intentes ser como Mr. T!

 

El chico con el bronceado surrealista.

Su tono de piel está de ese lado del pantone que los programas de edición de fotos no reconocen como “color de piel”, y las sesiones en la cama de bronceado tienen una significativa presencia en su agenda. El piensa que se ve saludable, tú piensas que la gente saludable no tendría porque ser del color de la Fanta.

 

Mr. lentes oscuros de noche.

Existen varias explicaciones para este singular comportamiento: (1) el pobre hombre tiene un problema en los ojos; (2) está completamente destruido y no quiere que sus ojos sean el espejo de sus adicciones; (3) quiere aparentar estar destruido, porque piensa que estar destruido es lo más cool; o (4) es un idiota. Noten que las opciones no son mutuamente excluyentes y mientras más puntos se cumplan, mayor debería ser la motivación para alejarse. Si deciden huir, manténganse en las sombras… será incapaz de encontrarlas.

 

El duck face selfie freak.

No tiene nada de malo sacarte unas cuantas fotos con tu crew, poniendo pose de gánster y haciendo figuras con las manos que exploran la frontera entre las señas de las maras y la artrosis… hasta que aparece la cara de pato. Está bien, la verdad es que todo estaba mal desde el inicio, ¡pero un hombre haciendo cara de pato es demasiado!

 

El que tiene ese peinado…

Sí, saben a lo que me refiero. Cabello en punta, demasiado gel, tal vez algunas luces para que se vea con más cuerpo y demasiado tiempo invertido en darle el toque justo que lo hace indistinguible de un altercado con el boiler. Nunca confíen en un hombre que invierte más tiempo en su peinado que en lavarse los dientes.

 

El consejero de vida por naturaleza.

Diez minutos de plática y ya entiende todos tus problemas y la forma de solucionarlos. Su sonrisa tiene algo de antinatural y utiliza palabras como iluminación, autodescubrimiento y neuro condicionamiento en un mismo enunciado. Dice que su pasatiempo favorito es la lectura y ama con locura las enseñanzas de Deepak Chopra y de Paulo Coelho. Si no ves nada de malo en eso… ¡tal vez hayas encontrado a tu pareja perfecta!

 

El que nunca está demasiado ebrio para ligarte.

Está demasiado ebrio para bailar, para caminar en línea recta, para tener una conversación coherente e incluso para mantenerse en pie… pero eso no impedirá que intente arrojarse sobre toda mujer que entre en su corto rango de acción. Mándenlo al diablo sin miramientos. También está demasiado ebrio para recordar cualquier cosa.

 

El presumido digital.

Más temprano que tarde se verá en la necesidad de sacar su nuevo iPhone, no para recibir una llamada ni para mandar un mensaje, sino para hacer una demostración pública de su iPower. También aprovechará para mostrarte fotos de su nuevo auto y de su depa en Acapulco, que en realidad es de sus papás… igual que el auto.

 

El lindo prepotente.

Si alguien es un amor contigo, pero se comporta como un completo imbécil con el resto de la gente, no te dejes engañar… el tipo es un completo imbécil.

 

Ese hombre en la boda al que nadie conoce.

Nadie sabe quién es ni a qué hora se puso tan pedo, pero puede volverse una tremenda molestia si no detienes sus embestidas a tiempo. Comenzará por llevarte un trago a la mesa cuando tus amigos se hayan ido al baño e insistirá en bailar una y otra vez. Si lo evitas el tiempo suficiente encontrará a alguien con los suficientes grados de alcohol en sangre como para acceder a bailar Payaso de Rodeo con él.