Crédito: Elizabeth Albert

Nunca te llama por tu nombre.

Para tu amiga sos Diosa, Reina, Potra, Loca, Divina, Corazón y “Che, boluda”.

 

Siempre llega media hora después de la hora acordada.

Pero jamás te da una excusa ni una explicación, porque esas ridiculeces no son necesarias entre ustedes.

 

Pone sobrenombres que hacen referencia a los atributos físicos… ¡Y por supuesto que no tiene la intención de ofender a nadie!

Así es que tu grupo de amigos está compuesto por “el Colo”, “la Gordi”, “el Flaco”, “la Negra”, “la Tetas” y “el Bombón”.

 

Sabés a qué hora se encuentran, pero no a qué hora se despiden.

Las charlas continúan hasta que las dos se quedan afónicas. No importa si mañana hay que ir a trabajar, a estudiar o si hay hijos pequeños que atender. Primero lo primero.

 

Siempre te acompaña al baño.

¿A quién vamos a preguntarle si nos puede pasar el papel higiénico, si no? En un baño público, ella es el ángel guardián que cuida que nadie abra tu puerta. Y en tu casa ir al baño es algo trivial, como servirte un vaso de agua: nada que amerite interrumpir una conversación. ¡Si nadie va a ver nada que no haya visto antes!

 

Y espera con vos a que llegue tu taxi.

No importa si son las tres de la mañana, hay cinco grados bajo cero y tu amiga tiene puesta una musculosita y sandalias con taco aguja. Ella se queda con vos, piel de gallina y labios púrpuras, asegurándose de que no andes sola por la calle.

 

Es parte de tu familia.

A veces madre, a veces hija, a veces una mascota, siempre tu amigarmana.

 

Llega a tu casa sin avisar.

Y sin ninguna expectativa tampoco. Te despierta con facturas, te prepara el mate y, cuando le decís que te vas a dormir la siesta, ella se sienta en tu compu, chequea tu Facebook, responde algunos mensajes por vos, lava los platos, lleva a pasear al perro y se acuesta a dormir la siesta en el sofá.

 

Si estás enferma y no tenés obra social, te ofrece su prepaga.

Estás enferma, tu amiga te visita y te pregunta por qué todavía no fuiste al médico. Cuando le explicás que no tenés obra social, se ofrece a acompañarte al sanatorio y entre las dos arman un plan para que te hagas pasar por ella. Solo tenés que memorizar su nombre completo, su lugar de nacimiento y su número de DNI. Y practicar su firma…

 

Ante cualquier problema amoroso que le cuentes, la culpa siempre es del otro.

De tu marido que no te cuida lo suficiente, de tu amante que no te satisface o de tu novio que no te merece. Pobres infelices, ¡lo que se pierden! ¡Ja!

 

Te dio el mejor consejo que recibiste en tu vida.

Un clavo saca a otro clavo.

 

Sabés que la única soledad posible es la de una amiga que no está…

Y por eso la cuidás como lo que es: oro puro.