1. Abuelita de Batman.

El árbol genealógico del hombre murciélago sale a relucir con el único motivo de hacer nuestras afirmaciones más rimbombantes. Esta frase es un eufemismo del menos cordial “¡a huevo!”, que en el lenguaje popular de México, sustituye al simple y monosilábico “sí”.

También se vale:
Abuelita soy tu nieto.
Abuelita, mi café.  

2. Ni maíz paloma.

Evidentemente, las negativas no se podían quedar atrás. Por qué conformarse con el rotuno “no”, si podemos explorar el español en busca de alternativas.

También se vale:
Nel pastel.
Naranjas dulces.
Nones para los preguntones.

3. ¿Qué pasitos tan chiquitos pa’ tamaños zapatotes?

En algún momento de la historia reciente, los mexicanos decidimos que un simple “hola, ¿cómo estás?” no era lo suficientemente colorido para saludar a nuestro amigos. Así que decidimos inventar un arsenal de frases que sigue ganando complejidad hasta nuestros días.

Algunas otras opciones:
¿Qué milanesas que te dejas bisteces? (la culinaria)
¿Qué Pachuca por Toluca? (la de geografía nacional)
¿Cómo estanques mi pescado? (la subacuática)
¿Qué transita por tus venas? (la fisiológica)
¿Qué pasión te domina? (la sentimental)
¿Qué Honduras por Nicaragua? (la de geografía internacional)

4. Vamos a ver de qué lado masca la iguana.

Antes de que se pongan a investigar sobre los hábitos alimenticios de los reptiles, debo mencionar que esta frase nada tiene que ver con iguanas ni con mascar mejor de un lado que del otro. La frase bien podría entenderse como “vamos a ver qué pasa” o simplemente como “vamos a ver”. Pero a todos los mexicanos nos encanta imaginarnos a la iguana mascando… lo que sea que las iguanas masquen.

5. ¡No rebuznas nomás porque no te sabes la tonada!

Porque decirle a alguien “tonto” es demasiado cotidiano. Esta es una de esas frases del arsenal de toda madre mexicana que salía a relucir cuando se te perdía el dinero, se te olvidaba anotar la tarea o reprobabas el examen de mate.

6. Mochilas pa’ los cuadernos.

O sea que te “moches” con los cuates o, más sencillo, que me compartas de tus papas, me des un trago de tu chela o una fumada de tu cigarro. Los útiles escolares salen sobrando en esta expresión que sólo te invita a ser compartido.

También se vale:
Presta pa’ la orquesta… que nada te cuesta.
Ponte la del Puebla.
Mochilas con la bandera.

7. Poninas dijo Popochas.

¿Quién es Poninas?, ¿por qué dijo Popochas? y ultimadamente ¿a quién le importa lo que diga si ni lo conozco ni sé de qué diablos está hablando? Esta frase se encuentra en claro peligro de extinción, tal vez en relación a su origen críptico. Si la tuviéramos que sustituir por algún otro término, bastaría con un sencillo “órale”. Una invitación a ponerse en acción que no podría ser mucho más extraña.

También se vale:
A darle que es mole de olla.    

8. No la chifles que es cantada.

Eufemismo musical que sustituye al prosaico “no la chingues”, que a su vez puede fácilmente entenderse con la mexicanísima expresión “¡no mames!”.

También se vale:
No Mouse Mickey.

9. Se me hace muy ojona para ser paloma.

Dejando de lado la ornitología, lo que esta frase hace es poner en duda la afirmación de algún tercero. Podríamos expresar nuestras dudas con un simple “no creo”, pero ¿qué sería de la paloma y sus ojotes?

También se vale:
Se me hace muy ojón para ser pichón.

10. Dar una manita de gato…

¿Alguna vez han visto a un gato emperifollándose antes de una noche de juerga? Todo el ritual se centra en su manita, ¿cierto? Pues haciendo alegoría a dicha actividad gatuna, los mexicanos usamos esta frase como sinónimo de “arreglar”. Podemos darnos una manita de gato antes de irnos de fiesta (como el citado gatito) o darle una manita de gato a nuestro coche antes de salir a carretera. La manita -por ser chiquita- implica rapidez en el proceso.

11. Tener peleas en la Coliseo.

La Arena Coliseo es un clásico de la lucha libre y el boxeo en la Ciudad de México. Pero esta frase nada tiene que ver con encuentros pugilísticos ni con las tres caídas sin límite de tiempo. Es otro eufemismo para dar a entender que tu vello corporal ya se ha extendido hasta los límites más inexplorados de tu anatomía, o simplemente… que “ya estás viejo”.

12. Donde el diablo perdió el jorongo.

O sea “bien lejos”. Porque ¿qué estaría haciendo el diablo con un jorongo en el infierno? En el infierno hace calor y nadie en sus cabales usaría jorongo… o sea que el susodicho tenía que andar bien lejos, ¿no?

13. ¿Con qué ojos mi divina tuerta?

Frase de connotaciones oftalmológicas utilizada como respuesta cuando alguna persona te pide dinero prestado. Como ya lo podrán ir adivinando, este dicho sirve como sustituto a un simple “no tengo”.

 

Ahora sí, como dijo el cirujano… ¡Parto sin dolor!

 

Crédito de la foto de portada: T.J. Lentz