Foto: Marco Sacchi

1. La comida barata

Lo más normal es que al sevillano que sale por primera vez de su ciudad le entre un fuerte dolor de estómago al comprobar que por una caña le han cobrado cuatro euros y más de diez por media ración de comida. “Te la han clavado pero bien”, que diríamos por estos lares. Cómo se echa de menos eso de comer por menos de diez euros.

2. Las procesiones en cualquier momento del año y en cualquier sitio de la ciudad

Porque sí, cuando estás en la ciudad y no eres particularmente devoto pueden ser un poco fastidiosas, sobre todo si has salido a comprar el pan y tienes que dar un rodeo por donde Cristo perdió la sandalia para llegar a tu destino. Pero cuando estás lejos echas de menos esa forma tan espontánea de vivir la religiosidad y la cultura propias.

3. La Cruzcampo

Sabemos que hay muchas y muy variadas cervezas, pero donde se nos ponga una Cruzcampo gélida, que se quiten todas las demás. Es la cerveza sevillana por excelencia, insustituible para el paladar hispalense y la más efectiva para combatir el calor sureño.

4. El buen tiempo

¡Bendito sol! Salvo en los meses de más calor y en alguna que otra semana de invierno en la que lo pasamos realmente mal, en Sevilla el buen tiempo nos dura ocho o nueve meses, un lujo del que no muchas ciudades pueden presumir.

5. Nuestra gastronomía

Los sevillanos sabemos disfrutar de la cocina foránea, pero si nos dan a elegir, a buen seguro elegimos la gastronomía autóctona, con esa variedad de sabores e ingredientes que nos hace disfrutar lo mismo de la mejor carne de la sierra que de los manjares más exquisitos del mar, traídos directamente de nuestras vecinas Huelva y Cádiz, o las delicias de la huerta.

6. Las tapas

Aunque hay otras ciudades en las que también se sirven, con nombres diversos, en la mayoría de las ocasiones nos encontramos con que no podemos degustar este refrigerio mientras hacemos una paradita (con cerveza incluida) en algún bar de paso, o no podemos “picar” de varios tipos diferentes de comida sin salir con un botón del pantalón desabrochado y la cartera más liviana que el aire.

7. Las tardes a orillas del Guadalquivir

El buen tiempo nos permite relajarnos con los amigos a orillas del Guadalquivir, ya sea en la multitud de terrazas que se asoman al río desde la Calle Betis o en la zona de césped del margen contrario, a los pies del Paseo de las Delicias.

8. El pan y los picos

Pero ¿es que no me van a poner pan y picos para acompañar? Ya, ya sé que si acompaño estos penne alla bolognese con pan voy a ocupar dos asientos en el avión de vuelta, pero entonces ¿cómo rebaño el plato?

9. Bolsas de hielo para enfriar las copas

¿De verdad que no vendéis una bolsa de hielo? Bag of ice, please. ¿No? ¿Y cómo enfrío yo este whisky con coca-cola?

10. Media con jamón y aceite para desayunar

Los cruasanes están muy bien, los rebautizados muffin (las magdalenas de toda la vida de Dios) tienen un pase, pero nuestra tostada con jamón y aceite mientras tomamos el segundo café de la mañana en la soleada terraza de un bar es insuperable.

11. Las noches

Y todas las posibilidades maravillosas que ofrecen: desde una cena al aire fresco en los cientos de bares de la ciudad a las copas con los amigos en la Alameda, el Salvador o en el río, pasando por los paseos nocturnos por los rincones de otra época que ofrece la ciudad, como el Barrio de Santa Cruz.

12. La primavera

Esta estación es particularmente hermosa en Sevilla. El olor a azahar y a incienso que flota en el ambiente, el colorido de los jardines, patios y balcones tras la explosión floral, el gentío risueño al que el sol y las fiestas próximas (Semana Santa y Feria de Abril) devuelve la alegría tras el ceniciento invierno y un largo etcétera de sensaciones que sólo se pueden vivir a la sombra de la Giralda.

13. Las castañas asadas en otoño

Al igual que el azahar y el incienso son los heraldos olfativos de la primavera, el olor a castaña asada lo es del otoño. La fumata blanca que exhalan los puestos de castañeros repartidos por las zonas más céntricas de la ciudad nos advierten que la Navidad se acerca, aunque aún estemos sudando la gota gorda.

14. El sentido del humor

Cuando vives en Sevilla es imposible no tomarse las cosas con humor. La ironía campa a sus anchas en cada conversación y las bromas improvisadas sobre cualquier tema son constantes. En otros lugares la seriedad nos parece por momentos asfixiante, y no, no es porque estemos todo el día contando chistes, sino porque nos tomamos la vida de forma desenfadada.