Foto: Gabriel Saldaña

1. La obsesión por la FIL.

Puede que no leas más que tu newsfeed de Facebook durante todo el año, pero eso no impedirá que en diciembre sea de ley darse una vuelta por la Feria Internacional del Libro. Aunque sea sólo para tomarte una selfie y comprar un libro de la pila de los Best Sellers.

 

2. Los centros comerciales.

La Gran Plaza, Galerías o, si eres muy fresa, Andares. Los tapatíos tenemos una inclinación a pasar nuestro tiempo libre en estos complejos comerciales y atiborrar las tiendas, los restaurantes y las salas de cine con nuestra presencia. En especial los fines de semana.

 

3. Los tacos de la Minerva.

¡Saben HORRIBLE! No estoy segura de qué están hechos exactamente, pero tampoco quiero preguntar. Eso sí, nunca te defraudan un sábado a las tantas de la mañana después de una noche de fiesta.

 

4. La obsesión por el clásico tapatío.

No estoy diciendo que sea ley, pero hay una altísima probabilidad de que el juego termine en golpes. Pero supongo que es parte de la experiencia.

 

5. Chapultepec.

Ya sea para unos tragos antes del antro, un nuevo restaurante hipster o algún producto artesanal, el camellón de Chapultepec atrae a los tapatíos (y a uno que otro amante de lo ajeno) cada fin de semana.

 

6. Los Charros.

Esta obsesión comenzó apenas hace unos años, pero actualmente cualquier tapatío que se respete es un fiel seguidor de nuestro equipo local de baseball.

 

7. La obsesión con el estatus social.

Esto es evidente especialmente entre las tías abuelas copetonas y los niños y niñas bien. ¿Qué puedo decir? Muchos tapatíos son elitistas por naturaleza. Entre más inviertas en colegio privado (mejor si es de monjas), más ropa gringa uses y entre más veces aparezcas en las páginas de “Gente Bien”, tienes más caché en la sociedad tapatía.

 

8. La obsesión por competir con los chilangos.

El fútbol, las mujeres, las calles, los tacos… Siempre, siempre habrá algún pretexto para proclamar la superioridad tapatía sobre la capitalina.

 

9. Los estacionamientos de paga.

¿Por qué cada-maldito-estacionamiento tiene que cobrar?

 

10. Ir a Tapalpa o a Mazamitla durante la independencia.

Aunque sabemos que se pone horrible, sobrepoblado y lleno de borrachos, seguimos insistiendo en reservar una cabaña cada 15 de septiembre y dar el grito entre las callejuelas llenas de vómito.

 

11. Los tacos de barbacoa.

No tengo siquiera que explicar el por qué.

 

12. Las nieves de garrafa de Chapala.

No me malentiendan, nos gustan todas las nieves de garrafa (más si son de limón y vienen con tejuino), pero las de Chapala son excepcionales. Y ni qué decir de los dulces.

 

13. La obsesión por la comunidad LGBT.

Tanto si estás completamente a favor, como si fuiste a la marcha por la familia, los tapatíos siempre creerán que tienen derecho a opinar sobre la sexualidad de otros.

 

14. La obsesión con la temporada de lluvias.

Tenemos las mismas cantidades ridículas de lluvia cada año y, aún así, no sabemos cómo demonios actuar cada que llega el verano y los aguaceros.

 

15. La obsesión por no poner la direccional.

Aún como tapatía, tengo que admitir que los chilangos sí son mejores para esto. Nadie en esta bendita ciudad usa nunca la direccional.