Crédito: Gene Krasko Photography

1. Llamas tío y tía a gente con la que no tienes ningún parentesco.

¿Por qué? Quién sabe, pero para los españoles los tíos y las tías son, además de los hermanos de sus padres, sus amigos y hasta cualquier extraño del que se esté hablando.

 

2. Crees que si cenas antes de las 9 te despertarás hambriento en mitad de la noche.

¿Cómo hace el resto del mundo para ser capaz de pasar tantas horas sin comer? Siempre será un misterio para ti.

 

3. Crees que tu madre hace la mejor tortilla de patatas del mundo.

No lo crees, en realidad. ¡Lo sabes! Cualquier discusión al respecto es inútil.

 

4. Sabes que el inicio de una nueva estación no lo marca el calendario, sino El Corte Inglés.

¿Febrero es invierno? Antes de llegar a ninguna conclusión, consúltalo con El Corte Inglés. Es muy probable que allí ya sea primavera, y todos sabemos que si ya es primavera en El Corte Inglés, ¡es primavera en todas partes! Lo mismo pasa con las Navidades en octubre.

 

5. Te lavas los dientes después de cada comida.

“¿Y quién no?”, te estás preguntando. Te sorprenderías. Resulta que hay muchas teorías sobre este tema y estudios que aseguran que con lavárselos dos veces al día es suficiente… ¡no es lo que nos enseñaron en casa! Además, en muchos países la gente se lava los dientes antes de comer (es fácil entender su lógica, comer con la boca sucia a priori tampoco suena bien), o solo nada más levantarse, antes de desayunar, y antes de irse a la cama. Pregunta a tu dentista la próxima vez que lo visites.

 

6. No eres capaz de dormir si no hay oscuridad.

Esto es algo que solo descubres cuando viajas al extranjero y notas que falta algo en las ventanas de los otros países: ¡persianas! ¡Y en países en los que en verano no se hace de noche! En teoría las persianas son comunes aquí por el tema de la siesta, pero ¿es tan raro querer dormir a oscuras también de noche?

 

7. Muchos de tus amigos veinteañeros y treintañeros todavía viven con sus padres (quizá sea tu caso).

Y no los juzgas. De hecho, incluso si tienes la suerte de haberte podido independizar, sabes que siempre puedes volver al nido familiar si las cosas se tuercen económicamente. Aunque tengas 40 años. Mamá y papá siempre tendrán tu dormitorio preparado esperando, por si acaso.

 

8. Compras pan fresco todos los días.

El pan es importante y lo necesitas en todas tus comidas. Eres también un maestro en el arte de calcular cuánto pan comprar cada día, dependiendo de tus necesidades. Lo último que quieres es tener que tirarlo al día siguiente, porque sabes que para las tostadas del desayuno sobrevive, pero que no llegará al mediodía. Tendrías que acabar haciendo torrijas si tienes demasiado pan viejo (que en realidad tampoco es tan mala idea).

 

9. Estás algo obsesionado con la crema solar.

Es verano, vas a la playa o la piscina. Antes de salir, te sumerges en crema para el sol porque sabes lo que pasa cuando no lo haces. Tardarás más en ponerte moreno, cierto, pero al menos no acabarás cambiando la piel como si fueses una serpiente. Las quemaduras duelen. Pueden darte cáncer. Aun así, verano tras verano sigues viendo a turistas rubios que claramente desconocen los peligros del sol. Lo mejor es cuando te dicen cómo envidian que nunca te quemes… ¿deberías contarles tu secreto?

 

10. Desconfías de la gente que habla demasiado bien otros idiomas.

Ya hemos hablado de esto, tenemos la mala costumbre de despreciar a la gente que es buena en algo. Especialmente en idiomas, especialmente en inglés. No sabes por qué, pero cada vez que te encuentras con un compatriota que tiene muy buen acento en inglés, no puedes evitar pensar: “¿A qué viene ese acento? ¿Qué estás intentando demostrar? ¿¿Crees que eres mejor que el resto??”.

 

11. Sabes que solo tendrás un buen año si consigues comerte las doce uvas en Nochevieja.

Y no es fácil. Tienes que tomarte una uva por campanada, lo que es ya en sí bastante difícil (va demasiado rápido y solo consigues masticar y tragar con éxito las primeras cuatro uvas), sino que además tienes que lograr ser inmune a la visión de las bocas de tus familiares llenándose rápidamente. Sabes que si alguien se empieza a reír estás perdido. No acabarás las uvas a tiempo. ¿Y si de verdad significa que vas a tener mala suerte? El hecho de que nunca hayas conseguido comerte todas las uvas y aun así hayas logrado sobrevivir hasta ahora no hace que sea menos inquietante. Por un momento de verdad crees que estás condenado.

 

12. No esperas encontrar a nadie en la discoteca hasta las 3 de la mañana.

Afortunadamente, la cultura española está llena de recursos para lograr llenar esas horas que tienes que esperar hasta poder asaltar la pista de baile. Quedas sobre las 10 para cenar con tus amigos. Alguien llega tarde. Los camareros te hacen esperar. Empezarás a comer sobre las 11. Dejas el restaurante pasada la medianoche. Vas a tomar una copa (¡aún no puedes bailar!). Es el momento de los cócteles. Pasas por varios bares. ¡Serán las 3 enseguida! Lo malo de esto es siempre el día siguiente, cuando te despiertas deseando ser “más europeo” y poder empezar a beber a las 8 de la tarde, estar bailando a las 11, y arropadito en la cama a las 2.

 

13. Te encanta hablar de política. Y es mucho más divertido en grandes comidas familiares.

Puedes pasarte horas arreglando el mundo con tus amigos o tu familia, criticando a los políticos, quejándote de todo lo que va mal en el país, comentando qué pasará en las próximas elecciones y quién debería estar al cargo (¡tú!). Es también un gran tema para iniciar conversaciones con desconocidos, mucho mejor que el tiempo.

 

14. Juzgas a la gente por la tienda de Inditex a la que van.

No vamos a hacer que lo admitas, pero conoces perfectamente la diferencia que hay entre Zara y Bershka, y puede que tengas algunos prejuicios sobre la segunda marca. Intenta ser más abierto, ¡a veces es solo cuestión de edad!

 

15. Valoras (mucho) el tiempo libre.

Cada vez que lees un artículo sobre países en los que los trabajadores deciden pasar de sus vacaciones para quedarse trabajando (¡cuando tienen derecho a ellas y les pagarán igual!) te preguntas cómo funcionarán sus cerebros. No como el tuyo, desde luego, que es feliz cogiéndose todos los días de vacaciones a los que tienes derecho y sueña con los puentes, ese momento mágico del año en el que tienes un día laboral entre un festivo y un fin de semana y decides que es absurdo ir a trabajar ese día (sí, vale, posiblemente tengas que hablarlo con tu jefe y colegas, pero sabes que tendrás por lo menos un puente al año). Trabajas para vivir, no al revés.


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