Foto: Leo Hidalgo

1. La playa de La Malagueta

Da igual al lugar al que nos mudemos, incluso aunque tenga playas de aguas cristalinas como las de Ibiza. Porque donde esté esa Malagueta, con esa tierra en vez de arena, ese polvillo que se levanta con la brisa o ese jaleo existente a todas horas durante el verano… ¡que se quite cualquier playa tranquila!

2. Cruzarte con Chiquito de la Calzada

Es un momento inesperado. Una sorpresa increíble. Y sucede de repente: giras la esquina y de repente Chiquito de la Calzada pasa a tu lado. Todo se ilumina, se queda una sonrisa permanente en tu cara y la jornada se llena de felicidad. Por supuesto, pasarás el día diciendo fistro, pecador, quietor, te da cuen y norrrrr!!

3. Los camperos

Tradicionales, de pollo, de bacon, de crestita, con pimientos, tortilla y huevo, con todo a la vez, chorreando alioli y mayonesa, del Valdi, del Mafalda, del Maruchi, del Mortadelo, de La Playa… Sea como sea, dar un bocado a un campero es algo que se queda marcado en la memoria para siempre.

4. El ruido de los bares

Ir a desayunar con tus compañeros de trabajo y competir con las mesas de al lado para ver quién habla más alto y poder entenderte es un fastidio, pero es mucho peor cuando todo el mundo esta en silencio y da hasta vergüenza hablar. ¡Viva el ruido!

5. El sol

A veces, más de 300 días de sol y sólo dos al mes de nubes pueden ser un incordio, pero lo contrario es muchísimo peor: ¿dónde se esconde el sol? ¿se ha quedado en Málaga?

6. La cerveza Victoria

Se fabrica en Murcia y su imagen principal es un turista alemán pasando calor, pero la cerveza Victoria lleva por bandera a Málaga. Y, aunque sólo sea por eso, por recordar La Malagueta, Gibralfaro, Pedregalejo o un espeto en cada sorbo, se echa de menos.

7. El terral

Sí, son días infernales donde el sudor te inunda hagas lo que hagas. Pero… ¿y lo bien que sienta combatirlo con un helado de Lauri? O un refrescante tinto con casera y un espeto, un baño en La Malagueta… Superar el terral es sacarse el carné de malagueño.

8. El tráfico

Eso de conducir por calles indicadas de forma clara, con asfalto perfecto y nada de obras, donde todos cumplen las normas de circulación, no hay coches en doble fila, todos los peatones cruzan por los lugares adecuados… ¡Qué aburrimiento! ¡Conducir por Málaga es un deporte de riesgo mucho más divertido!

9. El espeto

Por supuesto, ningún otro pez está incluido en el ADN malagueño. Por eso, por muchos súper pescados o mariscos que te sirvan en cualquier parte del mundo tú seguirás pensando en esas sardinas ensartadas en una caña sobre una barca en la playa… Ay…

10. Los camareros de La Casa del Guardia

Nunca una bodega tuvo un equipo de camareros tan serios, tan profesionales, tan en su sitio en todo momento…. Hasta que se toman unos cuantos pajaretes, que entonces la gracia andaluza aparece a chispazos. ¡Y cómo se echan de menos!

11. Sus personajes

Ese Mocito Feliz que se cuela en todas las fotos de famosos sea donde sea, ese Cantinero de Cuba que canta flamenco callejero como nadie, esos vendedores de almendras de Alfarnate, el afilador Manuel Ocón, los mimos de Calle Larios, los vendedores ambulantes de pescado o verdura…

12. Las locas

Peregrinar al barrio de La Victoria para probar las mejores locas de la ciudad queda a trasmano si te vas a vivir fuera.

13. El barrio de Pedregalejo

Poder desayunar al sol y unos 20 grados en pleno diciembre no se puede pagar con nada. Si le añades un buen café y un mollete de Antequera… Ni te cuento.

14. El idioma

Hay momentos en que hablar con un malagueño es como hacerlo con un extranjero: la rapidez al hablar acortando expresiones, la forma de comerse letras o las palabras típicamente locales pueden llevarte a no entender nada. Pero, ¿no es un placer escuchar palabras como perita, canío, cusha o chorraera? ¿O poder pedir un pitufo mixto con una nube doble para desayunar?

15. La Feria

El sudor, las aglomeraciones y el incivismo son tres ingredientes que, cuando se juntan, hacen que la Feria de Málaga no sea el lugar más apetecible del mundo. Pero cuando las fiestas son tan sosas que llegas a aburrirte… ¡hay momentos en los que echas de menos abrirte paso entre una masa de personas para pedir un vino moscatel bien fresquito!

16. Las tardes a la fresca

Esas tardes donde cada vecino y cada vecina saca su silla a la puerta para hablar de lo divino y lo humano, dar un repaso a la situación de todos los hijos, primos, abuelos, nietos y familiares que habitan o habitaban la calle…

17. Los pueblos de la provincia

Que si las callejuelas de Frigiliana, los paisajes de Genalguacil, el azul de Júzcar, los dólmenes de Antequera, el Tajo de Ronda, las playas de Maro, el vino de Cómpeta, el cielo de Comares, la belleza de Casares, los colores de Benahavis… ¡Si es que la provincia no tiene desperdicio ninguno!