Foto: Perronaider

1. Decir «Pamplona» con la boca llena de polvorones.

No es tarea fácil, por lo que te recomendamos que lo hagas delante de mucha gente. Igual el polvorón se te cae, pero las risas de toda la familia serán impagables.

2. Discutir sobre vino con un francés.

Es indispensable recalcar que los vinos de España son mucho mejores que los franceses, mucho más baratos, y mucho más variados. Para acabar la discusión es necesario recordar que el Tour de Francia y el Roland Garros lo celebran los franceses y lo ganan los españoles.

3. Leer el Quijote.

Vale que es muy difícil, vale que es un español muy antiguo, pero ya hay una versión adaptada para que todos podamos leer la obra cumbre de la literatura española. No vale la verse la peli, que nos conocemos.

4. Hacer reír sin querer a un cualquier hispanohablante no español.

Servirá hablar normal, e introducir en una conversación frases como “voy a coger el autobús”, “me voy a ligar al bar”, “me encanta la papaya de postre” o “me he comprado una chaqueta con cuello de pico”.

5. Hacer una tortilla española.

Luego ya discutiremos si le ponemos cebolla o la hacemos sólo de patatas, pero un español no puede morir sin dominar el arte de la tortilla.

6. Acabar una ruta de bares.

La ruta del berberecho, la de la tapa, la calle Laurel entera o una inventada, una vez en la vida has de proponerte consumir tapa y cerveza/vino en un mínimo de 20 bares con los colegas, y acabar de pie para contarlo.

7. Hacer el Camino de Santiago.

¡Una parte por lo menos! Como mínimo los 120 kilómetros necesarios para recibir la compostelana, pero puedes elegir cualquiera de los diferentes caminos y distancias. Y si vas soltero, ten cuidado, que igual vuelves emparejado.

8. Engullir las uvas en Nochevieja.

Hay que lograrlo, superar el reto, al menos un fin de año tienes que conseguir tragarte las doce uvas de la suerte sin atragantarte. El cotillón y la copa de cava de después son opcionales, el empacho a uvas en cambio es obligatorio.

9. Imitar a Chiquito de la Calzada.

“Esto era un fistro de la pradera, a jarl, e pech, agromenagüer…» o soltar cualquiera de sus frases míticas como “al ataquerrr”, “no puedo, no puedo”, “hasta luego Lucas”. Pueden parecer creaciones ridículas, pero son genialidades que te liberan del estrés nada más pronunciarlas.

10. Comprarte un jamón con jamonero.

Sirve desde un jamón de Jabugo a uno más “normalito”, lo importante es acercarse como al botiquín: cada ocho horas a cortar unas lonchas finas finas.

11. Acudir a un encierro de los San Fermines.

Toros, comida, bebida, música, fuegos artificiales, alegría, calor, risas y muchos guiris. Ninguna otra fiesta resume como esta la idiosincrasia de todas las demás.

12. Disfrazarte en carnavales.

Si no te has disfrazado en carnavales mejor ve preparando un disfraz para el año que viene. Hay innumerables fiestas del carnaval por toda la geografía, y en todas se lo pasa uno de maravilla fingiendo ser Jack Sparrow, un bruja o un hippie.

13. Echarte una siesta de “pijama y orinal”.

Esas siestas que duran tres horas y para las cuales te pones el pijama, te tapas con la mantita y apagas el teléfono. Igual te levantas más cansado que antes, pero podrás presumir de tu “hazaña” vespertina.

14. Beber vino mezclado con alguna bebida azucarada.

Ya sea con refrescos de cola o limón, con gaseosa, o en forma de sangría: a los españoles nos encanta beber vino “peleón” mezclado con azúcar. El día que los norteamericanos descubran el Kalimotxo se acaban las reservas mundiales de vino.

15. Hacerte pasar por italiano.

Es muy habitual que nos confundan por italianos cuando salimos de España, ¿para qué revelar nuestra verdadera identidad? Contesta con un “buongiorno” y ya verás cómo de repente te encuentras moviendo las manos cual Eduardo Manostijeras.

16. Vivir una puesta de sol en la Alhambra.

Es nuestro monumento más visitado, una auténtica joya de visita obligada para todos los habitantes de España. Y si además te prometes en matrimonio desde el mirador, tienes asegurado un recuerdo para toda la vida

17. Visitar las 17 comunidades autónomas.

Ceuta y Melilla las pondremos como puntos extra, pero desde Canarias a Galicia, pasando por Murcia o La Rioja, es obligatorio conocer (y disfrutar) las 17 comunidades autónomas. Seguro que descubres un país mucho más preciosos y variado de lo que jamás imaginaste.

18. Cantar el “Asturias patria querida”.

No importa que jamás hayas pisado Asturias, basta con que escancies un poco de sidra y entones el “Asturias patria querida, Asturias de mis amores…”

19. Celebrar un título en la calle.

Ya sea el ascenso del Conquense a Segunda B, o la victoria del equipo de solteros contra el de casados de la oficina: todo español debe celebrar algún hito deportivo en la calle, con bufandas, dando vueltas en el coche e incluso bañándose en la fuente del pueblo.

20. Irte de fiesta a Ibiza.

Es el epicentro de la fiesta en Europa, la meca del baile durante el verano, sus fiestas y sus playas son míticas y aunque sea sólo por criticar tanta banalidad, has de acudir alguna vez a vivir una noche loca en la isla del exceso.

21. Nadar en la playa en “bolas”.

Fuera el pudor y los complejos, al menos una noche de verano hay que experimentar eso de nadar como “Dios nos trajo al mundo”. Por falta de playas para “liberarse” no será.