Decides que es tiempo de cumplir tus sueños.


(“Basta de pensar en lo que yo quiero, en lo que él quiere o en lo que tus padres quieren. ¿Qué quieres tú?”).

Tienes tantas grandes ideas para esa nueva historia, pero no sabes por dónde empezar.

Así que decides empezar a practicar tu caminata por la alfombra roja de los premios Nobel.

Entonces te llega la inspiración y escribes tu mejor artículo.

Pero luego empiezan a llegar los primeros correos de rechazo.

Y te empiezas a preguntar si realmente lo tuyo es escribir.


(“Escribir es difícil”)

Pero pones tu mejor cara y haces de cuenta que los rechazos no te afectan.


(“Es lo que es, la vida no siempre es justa”)

Ahí es cuando una amiga que no tiene ninguna experiencia logra que su primer artículo sea publicado.


(“A veces hay gente en tu vida de la que realmente no puedes ser amiga”)

No pasa nada por varias semanas y tú decides que vas a escribir LO QUE SEA.

Los amigos que te quedan tratan de apoyarte.


(“¡Podrías escribir sobre nosotros, sí! Podríamos ser ‘La Zorra y el Halcón” y podríamos resolver crímenes”)

Pero después esos mismos amigos te dicen que no creen que escribir sea un arte.

Tus padres están cansados de verte taciturno y te preguntan si has escrito algo en las últimas semanas.


(“Sí, escribí un cuento corto” “¡Fantástico, vamos a leerlo!”).

Finalmente…¡estás seguro de haber escrito algo genial!

Y luego eso “genial” vuelve con una notita del editor: “Tal vez deberías escribir sobre otra cosa”.

Lo que sigue es: tu artículo ha sido aceptado, pero por una publicación que está buscando contenido…gratis.

Decides enviar tu suscripción de toda maneras, solo para ver tu firma impresa.

No pasa mucho tiempo hasta que te das cuenta de que no estás pagando tus cuentas porque todo lo que has hecho es trabajar gratis.

Así que decides tirar la toalla y encontrar un “trabajo de verdad”.

O tal vez decidas no tirar la toalla y trabajar aún más duro.

Finalmente llega el día: consigues que publiquen tu trabajo a cambio de dinero y sales a celebrar.

Pero a la mañana siguiente te das cuenta de que la publicación con la que cerraste el trato es “Queridos retardados”.


Este artículo fue publicado en inglés el 12 de marzo de 2014.