1. María Izquierdo

María Izquierdo es una de las primeras artistas mexicanas en abrirse camino dentro de una sociedad totalmente dominada por hombres. Nació en 1902 en San Juan de los Lagos, Jalisco, y se integró a la élite cultural de la Ciudad de México después de divorciarse de Cándido Posadas, un general del ejército mexicano con el que tuvo tres hijos. Fue en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde conoció a Rufino Tamayo, con quien tendría una relación sentimental a finales de la década de los veinte. 

 

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Su obra es una mezcla de paisajes y retratos que van de lo crudo a lo surreal y en ellos se muestra la complejidad de la identidad mexicana y el papel de la mujer en México. Su estilo se distingue claramente del arte posrevolucionario y estuvo muy influido por la obra de Tamayo. Nunca se identificó con los círculos intelectuales de la época e incluso fue una fuerte crítica de grupos como el de Diego Rivera y Frida Kahlo

Izquierdo tenía una postura abiertamente feminista y el papel de la mujer en sus pinturas contrastaba con las figuras heroicas comunes en las obras de los muralistas de la época. Las mujeres de Izquierdo son las mujeres de una sociedad mexicana machista y se les representa en sufrimiento, soledad y silencio. María Izquierdo fue víctima de este mismo machismo cuando se canceló el proyecto mediante el cual estaba por realizar un enorme mural para adornar el edificio del Departamento del Distrito Federal; en esta cancelación intervinieron grandes nombres del muralismo mexicano como Rivera, Orozco y Siqueiros. Los muralistas argumentaron que Izquierdo no estaba capacitada para pintar en fresco, a lo que la artista respondió con la elaboración de dos tableros móviles —La música y La tragedia— que formaban parte de su proyecto original. Estas piezas se pueden admirar en la Sala de Actos de la Facultad de Derecho de la UNAM.  

 

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Izquierdo fue la primera pintora mexicana en exponer sus obras en galerías fuera de México y su primera exhibición internacional fue en el Art Center de Nueva York en 1930. Para el poeta y dramaturgo francés, Antonin Artaud, Izquierdo es “la expresión más completa y auténtica de la pintura mexicana”. Murió en la Ciudad de México en 1955 y sus restos se encuentran en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores. 

 

2. María del Carmen Mondragón

Carmen Mondragón nació en el seno de una familia acaudalada de la época del porfiriato en 1893. Su padre fue Manuel Mondragón, el mismo que participó en el golpe militar contra Francisco I Madero durante la Decena Trágica. Carmen pasó toda su infancia y adolescencia en Francia, donde desarrolló sus habilidades en la poesía y la pintura y conoció a grandes personalidades del mundo artístico como Henri Matisse y Pablo Picasso. Regresó a México en 1921 y se integró al mundo artístico de la capital del país de mano de personajes como José Vasconcelos y Xavier Villaurrutia. 

 

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La obra pictórica de Carmen Mondragón es de tipo naif y en ella proliferan los autorretratos y las escenas cotidianas de México. Su estilo es claramente distinguible, sus cuadros están llenos de color, con personajes de ojos enormes y expresivos y en sus obras suele haber  una carga erótica importante. Participó en varias exposiciones en la Ciudad de México y llegó a compartir espacios con José Clemente Orozco y Pablo O’Higgins. Recientemente, el Museo Nacional de Arte de la Ciudad de México le dedicó una exposición bajo el nombre de Nahui Olin. La mirada infinita.

Carmen Mondragón fue un personaje polémico de la sociedad mexicana desde su regreso al país. Fue modelo y musa de muchos artistas de la época y el erotismo fue el tema más recurrente de su obra plástica y poética. Fue pareja sentimental del Dr. Atl, quien la bautizó con el seudónimo de Nahui Olin, nombre con el que también es reconocida internacionalmente y que significa movimiento perpetuo en náhuatl. Carmen Mondragón desapareció de la vida pública después de la muerte de su última pareja sentimental, Eugenio Agacino, en la década de los treinta. Desde entonces mantuvo un perfil bajo y dedicó parte de sus últimos años a enseñar pintura en escuelas de la Ciudad de México. 

Carmen Mondragón, al igual que María Izquierdo, forma parte de un núcleo de mujeres que desarrollaron el arte y la cultura en México durante las primeras décadas del siglo XX. Elena Poniatowska bautizó a este grupo como Las siete cabritas. 

 

3. Aurora Reyes

Aurora Reyes nació en Hidalgo del Parral, Chihuahua, en 1908. Se le considera la primera muralista mexicana y también fue una poetisa que incurrió en temas sociales y feministas. Aunque su obra no le pide nada a los grandes muralistas de México, ha sido prácticamente olvidada por la historia del arte nacional. 

 

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Sus murales encuentran una temática recurrente en la reivindicación de la mujer dentro del tejido social del México posrevolucionario. Aurora fue una luchadora social que promovió el derecho al voto de las mujeres mexicanas y se preocupó por la educación en el país. Su primer mural, Atentado a maestras rurales, es un reflejo de las persecuciones de las que fueron objeto los maestros en muchos pueblos mexicanos durante la Guerra Cristera y es un buen ejemplo del contenido de su obra. En la década de los sesenta, pintó algunos de sus murales más importantes en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. 

Las posturas políticas de Aurora Reyes la convirtieron en una artista subversiva que no siempre era bien vista por los círculos intelectuales y políticos más poderosos del país. Sin embargo, la razón de que su nombre esté prácticamente en el olvido obedece a motivos mucho más puntuales. Aurora Reyes fue una especie de abuela adoptiva de Luis Echeverría Álvarez. Fue de la mano de la muralista que el que sería futuro presidente de México comenzó a codearse con las élites mexicanas. Al asumir la presidencia, Echeverría le ofreció a Aurora la dirección de Bellas Artes. Aurora se negó rotundamente, no sin antes tacharlo de asesino por su participación en los eventos del 2 de octubre de 1968. A partir de ese momento, la pintora fue vetada y eliminada de la historia cultural de México. 

 

4. Lilia Carrillo

Nacida en 1930, Lilia Carrillo es la única pintora mexicana adscrita a la Generación de la Ruptura, un movimiento artístico que se contrapuso con las corrientes nacionalistas típicas de las décadas posteriores a la Revolución Mexicana. Inició sus estudios de arte en México y los continuó en París durante la década de los cincuenta y  fue en este momento en el que se familiarizó con las corrientes de vanguardia a nivel mundial y comenzó a desarrollar un estilo que la volvería una de las artistas más importantes de México en el siglo XX. 

 

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Las obras de Lilia Carrillo se mueven por los terrenos de lo abstracto y su carrera pasó del uso de la geometría cubista a la expresión no figurativa. En México realizó un gran número de exposiciones en la galería Antonio Souza —que inauguró junto con Juan Soriano, Rufino Tamayo, Gerzso y Manuel Felguérez—, en la que desfilaban las vanguardias de la época, e incluso fue invitada a participar en la exhibición inaugural del Museo de Arte Moderno. Expuso sus obras en España, Japón, Estados Unidos, Francia, Perú, Cuba, Brasil y muchos otros países. Su obra fue exhibida de manera póstuma en Bellas Artes en 1974, año en el que murió a los 41 años de edad.