Crédito: Beatrice Murch

 

1. Sabés bien, desde el primer día, que la contraseña o catchphrase de los alumnos del CNBA es “Troiana fabvla clara est”  –y por qué–, oración que podés traducir y analizar de atrás para adelante y de adelante para atrás.

2. Y ya que estamos en tema, al entrar pensabas que saldrías hablando latín como Cicerón –o lo habrías creído de haber sabido entonces quién era Cicerón –.

3. Pero resulta que, después de cuatro años de lecciones, tus conocimientos de latín son poco aplicables a la lengua hablada.

4. A pesar de lo cual te irritaría que alguien leyera “princeps Litaviccus” como “prinSeps LitaBiccus”. El fantasma de Marta Royo te persigue, aunque no lo sepas.

5. Siempre quisiste que alguien escribiera “La cámara de los secretos ha sido abierta. Enemigos del heredero, temed” en el pasillo del segundo piso, cerca del Gabinete de Geografía.

6. El momento en el que viste tu nombre en la lista de los que habían ingresado fue uno de los más orgullosos de tu preadolescente vida.

7. Nunca en tu vida te trataron tan mal como hacían los del DEF.

8. Alguna vez se te ocurrió escribir tu propia versión de Juvenilia (solo que menos aburrida, claro).

9. Usaste lo que aprendiste del Pascal para crear programas informáticos que discutieran con vos.

10. Te sorprendiste bastante al entrar y descubrir que todos los otros alumnos no eran unos nerds súper genios a los que te habría sido imposible llevar el ritmo, como tu imaginación disparatada había imaginado.

11. La primera vez que entraste al edificio, la palabra que soltaste fue muy probablemente “Wau”.

12. Todavía tenés una lista de sitios remotos del colegio a los que nunca lograste acceder y seguís preguntándote qué habría ahí.

13. Soñaste con meterte en los supuestos túneles secretos y descubrir adónde conducían.

14. Te encantaba perder el tiempo mirando a los animales vivos del Gabinete de Zoología.

15. Mientras que sus fetos y cabezas en frascos te hacían sentir como en American Horror Story.

16. Recordás bien esos bancos antiguos que eran una infernal tortura magníficamente diseñada para que no pudieras inclinarte, estirarte ni apenas moverte y que te destrozaban la espalda.

17. Sabés bien que no ha habido ser viviente que recibiera con más alivio y alegría el final de un viernes que un estudiante del CNBA. Te encontraba con lágrimas de emoción, prácticamente. ¿Para salir? Oh, Dios, no: para DORMIR, que por cierto…

18. Fue lo que más extrañaste hacer durante tus años en ese maldito colegio. La tierra del sueño era para vos una especie de paraíso de imposible acceso. Podían pasar tres días en los que hubieras dormido dos horas en total y las siestas no eran una opción.

19. Alguna vez fuiste al observatorio de Astronomía a ver por el telescopio y te mostraron las manchas solares, que todos los que te acompañaron veían menos vos.

20. En alguna ocasión te quedaste dormido en una de esas tortuosas mañanas de sábado en el curso de ingreso o estuviste a punto de hacerlo.

21. Y tu alcancía se vació varias veces para pagar las clases particulares de ESA materia imposible.

22. Desaprobaste un par de veces el TP de natación a propósito, para no tener que irte caminando hasta el campo de deportes en Puerto Madero.

23. Llegaba una época del año en la cual el café, por más negro que estuviera, había dejado de hacerte efecto y tenías que pasar al energizante, a los caramelos, a lo que fuera: te habrías inyectado adrenalina con tal de mantenerte despierto y llegar a estudiar.

24. Seguramente te seguiste encontrando bonos de la fotocopiadora en tus mochilas y bolsillos, que ibas acumulando como centavos, durante años después de haberte graduado.

25. Esperabas entusiasmado el momento de empezar a ir al laboratorio de Química para hacer locos experimentos que terminaran en explosiones y tu gran desilusión llegó cuando tuviste que hacer el TP del agua y el alcohol.

26. Alguna vez pasaste un largo rato bajo una de las escaleras de mármol de la planta baja.

27. La primera vez que entraste en la biblioteca pensaste en la de La bella y la bestia y siempre quisiste subir a los pisos prohibidos.

28.Asististe como mínimo a una pintada y volviste a tu casa con la ropa, el pelo, los brazos y la mochila cubiertos de pintura de colores.

29. Identificabas a los alumnos de primero –o newbies –porque llevaban las carpetas de plástica verdes; a los de segundo porque las llevaban azules y a los de tercero porque las llevaban rojas.

30. Alguna vez pasaste al menos cuarenta y cinco minutos haciendo “fila” –mejor dicho, muchedumbre –en la fotocopiadora.

31. Podías darte cuenta del paso de las horas gracias al tocar de las campanas de la Iglesia de San Ignacio.

32. Sin importar a cuántas actividades extracurriculares –coro, banda, taller, club, clase particular, olimpíadas, etc. –te hayas unido, siempre te quedó una pendiente que jamás tuviste el tiempo –o las ganas –de intentar.

33. Todavía guardás con mucho cariño tu buzo del colegio.

34. La época de exámenes no era precisamente una “época” per se, sino más bien una constante. Y a eso se sumaban…

35. Los TPs, hermosos plus de estudio científico que te cortaban el día, te afectaban la nota, te robaban las pocas energías que te quedaban, te sacaban tiempo de estudio para los exámenes y, oh: cierto…

36. Te obligaban a presentar un informe que jamás dejaba satisfechos a los ayudantes del Gabinete de Física. Y ya que hablamos de ellos…

37. En tu vida sirvieron para explicarte nada, sino más bien para reírse de tus errores.

38. No olvidemos los deportes, que se hacían en horario fuera de clases. Horarios que, por cierto, eran siempre monstruosos y capaces de dejarte un hueco de cinco horas entre el colegio y el campo, a pesar de lo cual nunca tenías el tiempo necesario para volver a casa en el medio.

39. Lo peor es que, cuando contás a la gente estas proezas que lograste en tu adolescencia, nadie te cree y todos piensan que exagerás.

40. Ya en tercer año estabas acostumbrado a que llegara un punto neurálgico anual de tensión política provocada por el querido centro de estudiantes, que siempre encontraba una excusa distinta para hacer bullicio, válida o no.

41. En época de elecciones estudiantiles, los distintos partidos empapelaban el colegio de carteles y te perseguían por los pasillos para que fueras a votar. En primer año querías participar; en quinto los mandabas al cuerno si venían a molestarte.

42. Las fechas decisivas de los conflictos estudiantiles siempre coincidían con las fechas decisivas de tu promedio académico.

43. Estabas acostumbrado a ver a los periodistas en la puerta del colegio a la mañana, aunque no tuvieran ningún motivo para estar ahí.

44. En tus primeros años estabas muy orgulloso de haber entrado, pero a partir de tercero o cuarto vivías despotricando contra ese maldito colegio del diablo, que mañana mismo voy a dejar para irme a otro en donde pueda vivir en paz, dormir por las noches y tener una adolescencia normal como el resto del mundo.

45. Si acabaste siendo estudiante de Humanidades, sabés más de ciencias exactas y naturales de lo que sería común en tu ámbito y viceversa: podés encontrarte explicando a tus compañeros de la Facultad de Historia lo que es un benceno… o a tus compañeros de la Facultad de Física lo que es una proposición analítica para Kant.

46. No derramaste ni una sola lágrima cuando te egresaste: sólo estabas pensando en si habías aprobado todos los parciales para tener vacaciones de verano y poder descansar. ¿Extrañar esto? Lo dudo.

47. Después de haberte egresado, ya es muy difícil estresarte por obligaciones cotidianas: en lo que a eso respecta, ¡estás curado de espanto!