Crédito: jikatu

1. Un día, el termo del mate… aparece debajo de tu brazo.

Al principio pasa dentro de tu casa: de tomar mate sentado pasás a tomar mate parado y con el termo debajo del brazo, casi abrazándolo. Hasta que, de repente, te encontrás en la vereda, con el termo debajo del sobaco izquierdo y el mate en la mano derecha, mientras charlás con la vecina. Y te das cuenta de que ya es una prenda más (como los championes), cuando te vas a la parada de ómnibus tomando mate. Si, cebando y tomando con el termo en el sobaco izquierdo y el mate TAMBIÉN en la mano izquierda. Ahí ya desarrollaste un sincronismo y balanceo casi digno de un nuevo tipo de yoga: el charrúa.

 

2. Cuando se juega un clásico, no puede ser otra que Peñarol vs Nacional.

No importa que nunca te haya gustado el fútbol o que solo hayas mirado partidos cuando jugaba la selección argentina. Solo hacen falta unos pocos meses viviendo en Uruguay para que heredes conocimientos futboleros. No sé cómo lo hacen, pero pasa. Ahora sé que, por ejemplo, la primera Copa Mundial se jugó en Montevideo en el 30, que la final Argentina-Uruguay se jugó en el Estadio Centenario y ganaron; y que en el 50 ganaron la copa contra Brasil, con maracanazo incluído. ¿Y eso de qué me sirve? De nada, pero no puedo evitar saberlo. Uruguay es un país futbolero y eso se respira (vamo’ la celeste).

 

3. Y cuando juega el Danubio hacés hinchada (aunque no sepas los colores del equipo).

Escuchás en la tele de casualidad que Danubio juega contra San Pablo por la Libertadores y vos gritás: ¡Vamo’! ¡Arriba, Danubio!. Aunque a los segundos te das cuenta de que no significada nada para vos. Es un acto reflejo.

 

4. No respetás más las filas en las paradas del ómnibus.

No importa si llegás primero o último: llega el ómnibus y vos te subís. Además de estas 15 costumbres que cambian al mudarte de Argentina a Uruguay, incorporás los siguientes hábitos en el transporte: pedís el boleto de 1 hora, bajás por la puerta de adelante, y es muy posible que padezcas de un desmayo instantáneo cuando haya que ceder el asiento. En este contexto, celebrás que se promueva el uso de bicicletas en la ciudad.

 

5. Te ofendés si te ceban un mate en “mate de lata”.

“¡Ah no! Salí de acá con esa porquería, eso no es un mate”, y ponés cara de asco. Por más que tomaste mate en “esa porquería” la mayor parte de tu vida, ahora usás un porongo como corresponde. Uruguay, nomá.