Cada año llega noviembre y con él la misma lucha: Halloween contra Día de Muertos. Ambas fiestas provienen del sincretismo, es decir, el proceso por el cual diferentes aspectos religiosos y culturales asimilan elementos, los concilian y los combinan para dar paso a nuevas expresiones. A pesar de esto, los mexicanos siempre hemos visto a la celebración de Halloween como algo banal y estrictamente comercial, lo que se contrapone con el gran valor cultural que le damos al Día de Muertos. Ninguna de estas celebraciones es mejor que la otra, simplemente son distintas. Para poder disfrutar de ambas fiestas, es necesario conocer un poco más sobre sus orígenes y es por eso que aquí te presento algunos datos que ya deberías conocer sobre la historia de Halloween. 

 

1. Una fiesta con origen ancestral

 

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No, Halloween no es una “fiesta gringa”. Cuando llegó a Norteamérica, esta celebración ya tenía más de dos mil años de antigüedad. Su origen nos remonta a los pueblos celtas de Irlanda y a la celebración del Samhain, una fiesta pagana que marcaba el final de las cosechas y el inicio del invierno. El Samhain marcaba cambios importantes en la vida de los celtas, quienes consideraban que en estas fechas la frontera con el mundo espiritual se desvanecía. Parte de los rituales alrededor de esta fiesta consistían en mantener a raya a los malos espíritus y en recibir a las almas de los familiares fallecidos. 

En el mundo cristiano se celebra el Día de Todos los Santos alrededor de estas mismas fechas. Con el avance del cristianismo por Europa, el Samhain fue absorbido por esta otra festividad dando origen a la celebración de Halloween, que llegó a los Estados Unidos durante el siglo XIX de mano de los inmigrantes irlandeses. 

 

2. Colores de vida y de muerte

El naranja y el negro son protagonistas de las decoraciones de Halloween. Estos dos colores simbolizan las cosechas y el cambio de temporada. El naranja es el color que toman las hojas en el otoño, mientras que el negro simboliza la muerte del verano y la llegada de los días más oscuros del invierno. 

 

3. Los disfraces

 

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Si crees que es difícil escoger un disfraz o conseguir el que deseas, alégrate de no vivir en la época en la que Halloween era asunto reciente. En las celebraciones celtas, la gente tenía crear sus disfraces con lo que tenían a mano y muchos de ellos eran hechos con pieles o cráneos de animales. La idea era lucir lo más escalofriante posible para confundirse con los espíritus o establecer comunicación con ellos. 

Con el paso del tiempo, las supersticiones fueron quedando en el olvido y los disfraces se convirtieron en una especie de burla ante esos seres sobrenaturales que ya no daban miedo. Su intención dejó de ser la de atraer o confundir a los espíritus, pero su papel siguió siendo bastante importante en las celebraciones de Halloween. Los disfraces favoritos para estas fechas son los de bruja (vestido negro y sombrero) y el de fantasma (en su forma de sábana blanca). El primero es la forma despectiva en que se representaba a las mujeres con conocimientos en herbolaria, curanderas y parteras. El segundo, fue la forma artística de distinguir a los muertos de los vivos, pues la gente era incapaz de diferenciar a unos de otros cuando ambos eran retratados en su forma humana.

 

4. Antes era mucho más complicado conseguir dulces 

La tradición de ir de puerta en puerta para conseguir alguna recompensa tampoco es nada nuevo. Aquellos que salían a peregrinar en medio de la noche debían preparar canciones y coreografías para acompañar sus peticiones. También eran bienvenidas lecturas de poesía, música y otras expresiones culturales. En vez de obtener caramelos, los peregrinos recibían fruta o algunas monedas. Esta costumbre se conocía como guising (del inglés disguising, o sea disfrazarse). El trick or treat, o pedir calaverita, como lo conocemos hoy en día, es resultado de la adaptación del guising después de su llegada a Norteamérica.

 

5. Linternas Jack-o-Lantern

 

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Este tipo de linterna va de la mano de la leyenda irlandesa de Jack of the Lantern, un hombre que engañó dos veces al diablo para evitar que se llevara su alma. Al ser rechazado por Dios y por el demonio, fue condenado a vagar en la tierra e ilumina su camino con un trozo de carbón metido en un nabo. Desde entonces, se le conoce como Jack-o-Lantern. Las linternas alegóricas a este personaje solían ser talladas en nabos y betabeles, pero las calabazas heredaron el puesto ante la escasez de este tipo de vegetales en Norteamérica.

 

6. Similitudes con el Día de Muertos

Las dos fiestas están llenas de colores llamativos y brillantes, además de compartir un origen pagano que ha integrado elementos de la religión católica. Son fiestas sincréticas que se celebran en un momento muy específico del año, un momento que históricamente se ha reconocido como el punto en el que el mundo de los muertos se acerca al mundo de los vivos, dándonos la posibilidad de recordar a nuestros seres queridos que han partido, mientras disfrutamos de una verdadera celebración a la vida. Démosle a cada celebración su espacio y disfrutemos de la comida, la bebida y la diversión que las acompaña.