La cueva de Salamanca

Desde la Edad Media corre el rumor de que tradicionalmente un grupo de estudiantes se reunía para recibir una clase  que no figuraba en el programa: brujería. Se decía que aprendían magia negra y ciencias oscuras y que el maestro era nada menos que el mismísimo Diablo. La cita era en una cueva que hasta hoy permanece cerrada por real decreto para evitar estas reuniones clandestinas. La cueva está ubicada en la cripta de lo que ahora son las ruinas de la Iglesia de San Cebrián, que sí pueden visitarse (desde la torre de Villena se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad). Esta leyenda figura en muchas historias de la literatura española. Una de ellas afirma que como condición para graduarse, uno de los alumnos, elegido por sorteo, debía quedarse para siempre junto al Diablo. Cuentan que esto es lo que le ocurrió al célebre español don Enrique de Villena que dio nombre a la torre, salvo que él fue más listo que el Diablo y logró escapar, dejando su propia sombra en su lugar. Entre otros autores, Cervantes se burla de este supuesto mito en su entremés La cueva de Salamanca.

 

El huerto de Calisto y Melibea

Crédito: melibeo

Existe mucha controversia acerca del lugar en el que ocurren los hechos de La Celestina, obra de teatro del siglo XVI acerca de dos jóvenes enamorados. Sin embargo, los salamantinos afirman con fervor que dicha tragicomedia aconteció en su querida ciudad, donde fundaron un romántico y pintoresco jardín en el sitio exacto en el que se supone que los amantes de Fernando de Rojas tuvieron su primer encuentro. En la entrada a este lugar hay un busto de la famosa Celestina, bajo el cual se leen las siguientes palabras de la obra: «Soy una vieja cual Dios me hizo, no peor que todas. Si bien o mal vivo, Dios es el testigo de mi corazón.» La entrada es gratis todos los días desde las 10 de la mañana.

 

La orilla donde nació el Lazarillo

Crédito: Crisologo

El río Tormes, que atraviesa la ciudad de Salamanca y en cuyas orillas aún hoy se reúnen los estudiantes, vio nacer en el siglo XVI al primer pícaro de la historia de la Literatura, Lázaro de Tormes, que llevó a cabo ahí su primera broma: parodiar los nacimientos de los héroes medievales.

 

El toro ancestral

Y hablando del río, en la entrada del antiquísimo puente romano que lo cruza se encuentra la todavía más antigua estatua del toro de piedra sin cabeza, un un símbolo de Salamanca y de su historia prerromana. Entre varios sucesos literarios que ocurrieron ahí, el más famoso también pertenece al Lazarillo, puesto que es contra esta estatua que su maestro el ciego lo golpea para quitarle la ingenuidad, marcando así su paso de la inocencia a la astucia.

 

Hogar de un “segundo Don Juan”.

José de Espronceda compuso en 1840 su poema titulado El estudiante de Salamanca, cuyo protagonista, don Félix, es un segundo Don Juan para la literatura española. Solo que no lleva a cabo sus libertinajes en Sevilla… sino en Salamanca. En las calles de esta ciudad tiene duelos y amoríos y en su cementerio recibe finalmente su merecido.

 

La casa donde se disipó la “Niebla”.

Y como a los salamantinos les gusta recordar a menudo, el gran escritor Miguel de Unamuno vivió mucho tiempo en la ciudad. La residencia rectoral de la Universidad le sirvió de vivienda desde 1900 hasta 1914, y es allí adonde su personaje Augusto Pérez, protagonista de su gran novela Niebla, va a buscarlo para terminar teniendo una fuerte discusión con él, en la que Augusto se entera de que es un personaje de ficción y maldice a su autor… Y a nosotros, todos los lectores. Dicha casa es actualmente un museo que puede visitarse, sobre la calle Libreros 25, los martes y jueves de 10 a 12 horas, por una tarifa ordinaria de 4 euros.