Foto: T.J. Lentz

1. La capacidad de seguir la fiesta.

Dejando a España de lado, muchos sitios del otro lado del charco cierran tan temprano que uno casi puede escuchar la canción “Vamos todos a dormir” de la Pandilla Telmex de fondo mientras regresa acarreando la frustración de una noche incompleta. La mayoría de los europeos no pueden concebir que un mexa puede seguir la pachanga hasta que se acabe el torito, hasta que los camiones vuelvan a pasar a las seis de la mañana o hasta que vuelvan a abrir el Oxxo para ir por unas chelas para curar la cruda.

Y ni qué decir del extraño fenómeno donde servimos chilaquiles en la madrugada para recargar pilas y seguir con la boda, graduación o festividad en curso. A los europeos sólo les queda el consuelo de un triste puesto de kebabs a la una de la madrugada.

 

2. El chiqueo.

Sabemos que eres perfectamente capaz de abrir tu propia puerta y de prepararte tu café con la cantidad exacta de cucharadas de azúcar, pero si no lo hacemos por ti, ¿de qué otra forma sabrás que te queremos? A nosotros los mexicanos nos encanta consentir a nuestros seres queridos de vez en cuando para demostrar nuestro afecto. Somos expertos en chiquear y mimar a aquellos que nos importan y esto, para las culturas europeas, resulta tanto sorprendente como envidiable.

 

3. Echar el bailongo.

Puede que no todos lleguemos a Dancing with the Stars, pero tenemos el ritmo en la sangre. Si usted es mexicano y aún así cree que tiene dos pies izquierdos, compárese con un extranjero (de preferencia del hemisferio norte). Después de unos cuantos pasos en la pista sabrá que, al igual que la mayoría de los latinos, nuestras caderas no mienten.

 

4. Aguantar el chile.

No, no es albur. Lo cierto es que no hay nadie mejor que los mexicanos para aguantar la enchilada de trompa. A lo largo de mis viajes por Europa me he topado con muchos foráneos que me confiesan que les encanta el sabor del chile, pero su sistema digestivo les cobra muy caro el gustito.

Sí, aunque muchos extranjeros quisieran dominar esta habilidad, tal resistencia sólo se consigue tras años y años de práctica que involucran salsa de taco, mariscos con habanero y muchas curas para la cruda.

 

5. El apapacho.

Al igual que con el chiqueo, el apapacho es la forma perfecta de decirle a alguien que lo queremos. Los mexicanos no solemos tener respeto por el espacio personal del otro y menos cuando ese otro nos importa. ¿Que estamos a cuarenta grados a la sombra? No importa, siempre encontraremos un buen pretexto para abrazarte. ¿Que ya te di un beso de despedida? Pues aquí va otro para el camino. Desconcertante y, aún así, admirable para nuestros compatriotas europeos.

 

6. La capacidad de reírnos de nosotros mismos.

No importa qué tan grande sea la desgracia, ten por seguro que habrá algún meme o broma inapropiada en tu newsfeed de Facebook al día siguiente. Los mexicanos tenemos un sentido del humor muy peculiar y si hay algo que nos caracteriza es que no nos da pena burlarnos de nuestras propias desdichas. Nos ayuda a lidiar mejor con la realidad y es una cualidad que muchos extranjeros aprecian de nosotros.