Crédito: Cyro Masci

El que estudia Medicina. 

Es tu taxista oficial en Buenos Aires y es de todo, menos oficial. Amigo de un amigo de una amiga, estudia Medicina y se saca unos pesos extra todos los meses llevando a conocidos en su vieja camioneta, desde el aeropuerto a la capital y viceversa. Te riñe por no haber traído euros o dólares para cambiar en el mercado negro (inocente turista, nadie te había avisado).

También te asusta un poco hablándote de los señores de traje que roban móviles en el subte y de los que los roban en moto cuando estás haciendo una foto cerca de la carretera. Te sientes como una heroína cuando consigues salir de Buenos Aires, que en realidad te pareció muy segura, todavía con tu smartphone en el bolso.

El que  quiere dar negocio a sus amigos.

Es el domingo más frío en mucho tiempo en Buenos Aires, con una sensación térmica de 2 grados. Llueve y hay viento, así que huyes del Mercado de San Telmo al Museo de Bellas Artes. El taxista que os lleva os explica rápidamente que tenéis que hacer las cosas como los argentinos y no ser tontas turistas: comprar donde compran ellos, en las fábricas. “Por el mismo precio las llevo a una fábrica de cueros muy buena, con cosas muy baratas, que queda de camino, y después al museo”, asegura entusiasmado. Aceptáis (cualquier cosa menos estar al aire libre).

Llegáis a una puerta cerrada, el taxista toca el timbre, entráis. Una tienda de productos de cuero. Tras dar una vuelta, salís sin comprar nada. El taxista parece un poco decepcionado. Él solo quería dar negocio a los que claramente eran sus amigos.

El que fue guía turístico (y lo quiere seguir siendo).

En el trayecto desde el aeropuerto de Posadas hasta el centro de la ciudad, Ramón te deja boquiabierta con todo lo que sabe de las misiones jesuíticas. En un momento confiesa que fue guía turístico. Enseguida os convence para ser vuestro conductor y guía al día siguiente, visitando las misiones de Santa Ana, Santa Loreto y San Ignacio Miní. Entre historias de guaraníes, portugueses, jesuitas y guerras, cuenta también que ama el mar. Divorciado, “arrejuntado” con una brasileña, cada vez que puede se escapa a las playas del país vecino.

El que odia a los porteños. 

Subes al taxi en Puerto Iguazú para ir al aeropuerto y Alberto inicia su monólogo. “¿Ya se han echado novio argentino? ¡Que no sea de Buenos Aires! Los porteños son irrespetuosos, irreverentes, irresponsables, arrogantes. Ellos tienen la culpa de la imagen de los argentinos por el mundo”. “Pero habrá algún porteño que sea buena persona, ¿no?”, preguntáis entre atónitas y divertidas. “Si lo hay, no es porteño”, sentencia. A los salteños los quiere algo más. “En Salta son todos feos, muy feos, como cortados con machete, pero muy lindos de corazón”.

Ofrece también consejos sentimentales (para cuando encontréis a ese novio argentino, suponéis). “Siento darles una mala noticia, chicas, el marido perfecto es como la mujer perfecta, no existe. Hay que recordar lo que las enamoró y agarrarse a eso cuando quieran matar al otro”. Tiene siete hijos y una pegatina por casi cada uno de ellos –le falta el pequeño –en el guardabarros del coche.

El que te prueba que no todos los argentinos son iguales.

Los argentinos hablan todo el rato, con todo el mundo. Esa es la imagen más extendida por todo el mundo y la tuya también. El taxista que te lleva del aeropuerto de Salta a la ciudad te muestra que no. Le preguntas cosas, intentas darle conversación. Contesta de forma breve, más cómodo en el silencio. Taxista, argentino y callado. Cuando lo cuentes en casa nadie te va a creer.

El que te explica que Argentina no perdió el Mundial.

Te lleva al aeropuerto de Salta justo después de la final del Mundial y le contáis que os ha sorprendido mucho la deportividad de la gente. Nadie se quejó del gol anulado. Al acabar el partido… ¡todos aplaudieron! En España nunca habría pasado eso. “Claro, pero es que la gente está contenta”, cuenta. “Nadie esperaba llegar tan lejos, no se pudo ganar, pero ser subcampeones está muy bien”. Es pequeñito y muy mayor (intentas buscar su fecha de nacimiento en la ficha del taxi, sin éxito, porque creo que debe de tener más de 70 años). Querrías darle un abrazo…