1. La luz

No eres consciente de que la luz de Valencia es especial hasta que creces. Cuando eres joven te parece algo normal que el cielo esté claro, intenso y limpio la mayoría de los días del año, pero tras viajar te das cuenta de que es algo excepcional. Días de diciembre o de enero en los que la luz lo llena todo de color y buscas una terraza donde aprovechar esos rayos tan fascinantes que añoran sin remedio quienes emigran de aquí. Lógico que haya un filtro de Instagram que se llame Valencia, porque nuestra luz es casi mágica.

2. El tamaño de la ciudad

En Valencia todo está a una distancia máxima de media hora de trayecto. El aeropuerto, el mar, la montaña, la playa, el centro comercial, la catedral, la discoteca… todo está a mano. Y eso sin renunciar a vivir en una ciudad grande, la tercera de España, con todos los servicios y la oferta cultural y gastronómica que ello conlleva. A algunos les parecerá grande, a otros se les quedará pequeña, pero la mayoría de los que habitan una temporada en Valencia coinciden en que tiene el tamaño perfecto para disfrutar de todo lo que la ciudad ofrece.

3. La vida en la calle

Con este clima es inevitable hacer gran parte de vida en la calle, pero los valencianos lo llevamos a un nivel superior. Cualquier cosa que organizan en plazas públicas o en el antiguo cauce del río Turia se convierte en un acontecimiento multitudinario. Las calles las cortamos para celebrar verbenas o cocinar paellas y no sólo durante las fallas, cualquier celebración es buena para ocupar “el carrer”. Procesiones, carreras populares, señoras que charlan “a la fresca”… estamos siempre al aire libre, y es normal que Valencia esté convirtiéndose en la capital del running y de los ciclistas.

4. Los domingos

Los domingos son especiales entre los valencianos, ya que es el día de la paella. Juntarse en familia un día a la semana en torno a un plato de arroz, puede parecer irrelevante, pero es muy importante para nosotros. Porque reunirse con la familia alcanza un significado especial si es en torno a una liturgia tan solemne como la de cocinar una paella. No es una comida sin más, es una fiesta para los sentidos, meter la cuchara en la misma paella, dialogar sobre el resultado de la larga preparación, y disfrutar juntos de una cultura gastronómica centenaria entre cucharadas de buen rollo, nos hace sentir especiales.

5. Los sonidos

No es casualidad que Valencia fuera la capital mundial de la música electrónica con La Ruta, ni que el indie tuviera en el FIB su primer gran festival patrio, porque aquí la música nos acompaña siempre. No hay fiesta sin una banda de música que la acompañe, no hay pueblo sin verbenas, procesión sin sonido de fondo, ni celebración sin charanga o dj que la amenice. Hasta las mascletás y los castillos tienen ritmo, porque la música está en nuestras venas. Tanto que hablamos muy alto, vociferamos sin pudor, y canturreamos sin remedio a la menor ocasión. La música, la pólvora y el jolgorio es alegría, y aquí tenemos mucha más de la que aparentamos.

6. La cultura del almuerzo

Es maravilloso comprobar que obreros, empresarios, jubilados o profesores practican en los mismos lugares la cultura del almuerzo. Platos sencillos que se sirven sin que los pidas, llenos de encurtidos, cacahuetes, altramuces o ensaladas. En un escenario que se completa con manteles de papel, y un bocadillo enorme lleno de embutido y allioli, tortillas variadas o atún con olivas. Pocas cosas mejores para afrontar la jornada laboral, y para comprobar que disfrutar de la comida y la compañía es tanto o más importante que el trabajo.

7. Los productos de temporada

Una vez descubres el sabor auténtico de las naranjas, los tomates o los melones, no quieres sucedáneos con sabor a plástico. Disfrutar durante todo el año productos frescos y de calidad a precios sin competencia es un lujo del que no somos conscientes hasta que lo perdemos. Está claro que todo sabe mejor en casa, pero en este caso, con la huerta a las puertas de los pueblos y las ciudades, nuestro paladar se siente tremendamente afortunado de haber sido alimentado en esta tierra.