Foto: Sean McGrath

1. Sexo en hostels: sí se puede

Los habituales hostales para backpackers en los que duermes con chiquicientas personas de todas las nacionalidades e idiosincrasias posibles son perfectos para un sexo sin tapujos y abierto al público. Será el tuyo o el de los demás. Te aconsejo que seas tú el que se dedique al folleteo. No hay nada más fastidioso que saber que alguien en la habitación está practicando sexo y no eres tú. Y además no te invitan.

Las cifras de sexo en habitaciones compartidas son fascinantes. No nos mires, únete.

Fuente: Hostelbookers.com

2. Couchsurfing no es una app para ligar, pero si surge…

Si no puedes o quieres pagar por tu alojamiento, te recomiendo Couchsurfing. Esta aplicación pone en contacto a viajeros con poca pasta y muchas ganas de pasarlo bien con autóctonos filántropos que abren las puertas de sus casas y ofrecen un sitio en el que dormir por tu cara bonita. Todos te recibirán con los brazos abiertos; algunos los harán también con las piernas abiertas.
De esto doy fe personal. Mi último viaje fue un roadtrip por Texas a lo Thelma y Louise. Condujimos lo indecible y triunfamos como la Coca Cola. En San Antonio nos alojó un tex mex encantador con el que no pasó nada. Después fuimos a Austin, donde nos alojamos en casa del primo del tex mex con el que sí pasaron cosas. Cenamos juntos, fuimos a descubrir esos garitos de los que no te puedes ir de la ciudad sin dejarte caer y tomarte unos tragos. Y al final cayó. Un lago, una botella de vino y Eric Clapton sonando de fondo. ¿Quién no hubiera caído?

3. Recuerda que el amor es ciego, pero los vecinos no.

Hace unos años me marqué un viaje de lo más molón por Australia y el sudeste asiático. En Sydney conocí a Panco, un chileno que apenas había cumplido 26 primaveras. Mi chileno tenía el vigor propio de su juventud y no se cansaba. Funcionaba como el conejito de Duracell y me dejó literalmente KO. Ya por la mañana salí un momento de la habitación para ir al baño. Salí sin hacer mucho ruido y al entrar de nuevo en la habitación me di cuenta de que había un tipo durmiendo en la litera de arriba, esa en la que no había reparado.

TTPY. Es decir, ¡¡Tierra Tráaaaaaaaaagame Pero Ya!!

No acabó ahí la cosa. Tras un último polvo mañanero, me vestí y al salir de la habitación, todos los compañeros de piso de Panco estaban en el salón. Reunión de la Plana Mayor. Y antes de poder decirles “hi guys”, uno de ellos me gritó: “Good morning, rock star!” Al principio no entendí la bromita, no llevaba un outfit muy roquero que digamos. Entonces caí en la cuenta de que además de que el Gran Hermano de la litera de arriba no estaba ciego, los compis de piso del chileno tampoco estaban sordos.

4. (Casi) cualquier sitio vale.

En tiempo de guerra todo agujero es trinchera, ¿verdad? Pues de viaje cualquier sitio vale. Bueno, casi cualquiera. En la piscina, en la calle, en un restaurante, en la tienda de campaña, en la playa, en la montaña, en la azotea, en la parte trasera del coche. O de la camioneta.

No quiero aburriros, pero aún hay más. En las zonas comunes de los hoteles, en el balcón, en el campo, en el río, en casa de alguien, en un festival, en el bosque o incluso sobre una mesa de billar, al más puro estilo Madre de Stiffler. Podría seguir, pero no quiero ser una machaca.

5. Sí, los baños públicos también.

Os conocéis en el avión, en el tren, incluso en el autobús cama que os llevará a vuestro próximo destino. El calor y la pasión aprietan y no hay manera de bajarse del medio de transporte (al menos no con vida). La pasión os mata y no sabéis qué diantres hacer, cómo sofocar vuestras bajas pasiones sin que los presentes piensen que sois unos salidos de remate.

Es el momento de sumergiros en el excitante mundo de follar en un baño público. Los aseos de los aviones son de los lugares más famosos e infames a la vez para abandonarse al sexo. Es una experiencia religiosa, yo lo hice en una ocasión mientras volaba rumbo a Miami. Sólo unas advertencias de lo más lógicas, pero que a veces se olvidan el momento de la verdad. Entrad por separado, cerrad el pestillo, no gritéis como si no hubiera un mañana (más que nada porque lo hay) y salid (por separado) sin dar demasiado la nota.

6. Protégete, por el amor de Dios.

Las ETS siempre están para tocarnos los bemoles, y más aún si andamos de viaje. Si vas a lugares lejanos y te da por descubrir latitudes exóticas, estate al loro de los virus del lugar. No dejes que individuos indeseables como el Zika te jodan la experiencia.

7. Pásalo tetón.

No olvides lo más importante. Gózatela siempre. Prométemelo.

Y si no pillas cacho, baila hasta acabar agotado. Cualquier canción, a cualquier hora, solo o acompañado. Has de saber que las áreas del cerebro que liberan recompensas químicas al cerebro cuando haces el amor o simplemente follas sin pizquita de amor también se activan cuando escuchas una de esas canciones. Cada uno tenemos las nuestras.