1. El vampiro tapatío

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Cuenta la leyenda que hace algunos ayeres un hombre misterioso apareció en Guadalajara. Dicho sujeto vestía siempre de negro y salía únicamente cuando caía el sol. A la par de su llegada, la ciudad comenzó a registrar una serie de extrañas muertes. Las víctimas no parecían conectadas entre sí, a excepción de una característica: todas presentaban dos extrañas marcas en el cuello.

No pasó mucho hasta que comenzó a correr el rumor de que las muertes no eran causadas por algún animal, sino por un vampiro que rondaba por las calles de la ciudad. El pánico invadió a la población rápidamente, por lo que un grupo de jóvenes tapatíos decidió tomar el asunto en sus manos. Al caer la noche, cuando el hombre misterioso salió de caza, los jóvenes lo emboscaron y clavaron una estaca en su corazón. Poco después lo enterraron en tierra santa en el Panteón de Belén y fueron lo suficientemente ingenuos para creer que sus problemas habían terminado. No obstante, al día siguiente, la ciudad entera se conmocionó al comprobar que la estaca en el corazón del vampiro había crecido desmesuradamente hasta convertirse en un árbol que perforó el ataúd de su ocupante. Hasta la fecha, aún se dice que el día en que el árbol destroce completamente el féretro, el vampiro volverá a correr libre por las calles de Guadalajara y cobrará nuevas víctimas.

 

2. La mujer de Lázaro Cárdenas

No es secreto que la avenida Lázaro Cárdenas no es particularmente una de las calles más seguras de Guadalajara. Muchos automovilistas han sufrido accidentes al transitar por esta vía y los rumores dicen que esto se deben no sólo a la imprudencia de los conductores, si no a la aparición de una misteriosa mujer que cruza en medio de la noche.

Los pocos que logran esquivarla cuentan que la figura desaparece al poco tiempo. Los que no corren con tanta suerte aseguran ver a la mujer frente al auto y sentir el cuerpo debajo de sus llantas. Sin embargo, una vez que se bajan a inspeccionar, no encuentran ningún resto.

La mujer de la avenida ha cobrado muchas vidas. No se sabe exactamente su historia, pero hay quienes dicen que fue asesinada al cruzar esta calle y aún vaga por las noches buscando venganza.

 

3. La pila de las culebras

El pueblo de Tapalpa esconde muchos secretos. No obstante, hay una pila con cuatro serpientes que ha inspirado más de una historia entre sus habitantes.

Las malas lenguas cuentan que hace mucho tiempo vivían en Tapalpa cuatro comadres. Cada día se reunían alrededor de la fuente y chismorreaban sobre los asuntos del pueblo. Un día, un indio otomí llamado Macario les advirtió que no debían de hablar de las personas a sus espaldas, pero las mujeres se burlaron de él y siguieron con su chisme.

Macario, ofendido, tomó agua de la fuente y mojó a las cuatro amigas con ella, para luego maldecirlas en lengua otomí. El hechizo transformó a las comadres en culebras de piedra que se enroscaron alrededor de la fuente. Desde ese entonces, las mujeres han estado condenadas a pasar toda la eternidad convertidas en estatuas, incapaces de contar un último chisme sobre los habitantes de Tapalpa.

 

4. Santa Inocencia, la niña de la Catedral de Guadalajara

¿Quién no ha visto durante una excursión escolar a esta terrorífica niña encerrada en una vitrina en la Catedral de Guadalajara? Después de sufrir pesadillas por un buen tiempo, descubrí que Santa Inocencia era una niña tapatía que sólo aspiraba a una cosa: hacer su primera comunión. Su padre, sin embargo, era ateo, por lo que le prohibió a Inocencia acercarse a la iglesia.

Obstinada, la joven hizo oídos sordos de las advertencias de su padre y, a escondidas, comenzó a prepararse para recibir la eucaristía. Pasó el tiempo e Inocencia finalmente hizo su primera comunión. Al volver a casa, la niña se encontró a su padre en la cocina y éste, al verla con todo su ajuar, se le abalanzó y le clavó un cuchillo en el pecho.

El hombre huyó sin dejar rastro e Inocencia fue trasladada a la Catedral de Guadalajara donde aún descansa hasta ahora. Algunos miembros de la iglesia aseguran que constantemente tienen que cortarle el cabello y las uñas, pues éstos siguen creciendo aún después de su muerte.

 

5. La carreta de Mexicaltzingo

Un hombre de la aristocracia tapatía cayó enfermo un día. Los doctores no encontraban cura y su vida corría peligro, por lo que decidió usar su último recurso y prometió a Dios terminar de construir la iglesia de Mexicaltzingo si éste le devolvía su salud. Poco después, el hombre sufrió una recuperación milagrosa y se corrió la voz de la causa de su mejora.

A pesar de su manda, el aristócrata nunca terminó la iglesia prometida. Llevó una vida de lujos y juerga y la obra en Mexicaltzingo nunca se finalizó. Pasaron los años y el hombre eventualmente murió. Los habitantes de la zona creyeron que sería el fin de la promesa del hombre, pero a los pocos días de su entierro, los vecinos aseguraron ver una carreta cargada de piedras dirigirse hacia la iglesia para luego desaparecer.

Hasta el día de hoy algunas personas dicen ver a un hombre empujando la carreta y se rumora que es el alma en pena del aristócrata, pagando la deuda que no cumplió en vida.

 

6. La tumba de Nachito

El Panteón de Belén tiene muchos mitos, pero el de la tumba de Nachito es, por mucho, uno de los más populares. Se dice que Nachito era un niño que temía a la oscuridad. Sus padres no podían acostarlo a dormir sin dejar la puerta abierta o una luz encendida en la habitación, porque si no, el pequeño era incapaz de conciliar el sueño. Desafortunadamente, a los pocos años de vida, Nachito murió y sus padres enterraron su cuerpo en el Panteón de Belén. El velador del lugar paseaba por las tumbas una noche cuando notó algo extraño. La tumba que pertenecía a Nachito estaba ligeramente abierta. Confundido, el velador colocó la tumba nuevamente en su lugar y se olvidó del asunto. Al día siguiente, al comenzar su turno, no lo podía creer: ¡la tumba volvía a estar abierta! Sin saber qué hacer, el velador pidió ayuda a los padres del niño y éstos, al ver el sarcófago, lo entendieron todo. Los padres de Nacho le pidieron al velador que por favor mantuviera la tumba abierta, pues su hijo le temía a la oscuridad, aún después de la muerte.

Hoy en día la tumba está cubierta de juguetes y regalos a la espera de que Nachito se entretenga por las noches y no salga de su tumba a causar problemas.

 

7. El Charro Negro

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En las calles de Tuxpan, Jalisco, corre una leyenda muy popular. Se dice que un hombre vestido de charro deambula por las noches en busca de mujeres jóvenes.

El charro monta un caballo azabache y la gente dice que se trata del mismísimo diablo. La leyenda cuenta que este personaje suele salir a altas horas de la madrugada a buscar a sus víctimas. El charro se acerca a las chicas y les ofrece llevarlas de vuelta a sus casas. Quienes aceptan esta invitación nunca vuelven a ser vistas.

No obstante, hay una forma de evitar este funesto destino. Los rumores dicen que para salvar su alma, las jóvenes tienen que aceptar la invitación, pero sin subir a su caballo. Al llegar a su hogar deben despedirse cordialmente, lo que provoca que el charro se marche en busca de nuevas víctimas.