1. No pueden faltar los estereotipos

Los estereotipos son inevitables en cualquier relación entre dos personas de diferentes países, especialmente cuando apenas comienzan a conocerse. A veces no hay nada que podamos hacer en contra de años y años de influencia de la televisión gringa y todos los clichés que esparce por el mundo…  ¡Te odio tanto, Speedy González!

Creo que mi novio sigue esperando ese momento en el que me transforme en una “crazy latina” y comience a insultarlo en español y yo, lo confieso, quizás esperaba ver más pelirrojos en su familia irlandesa. Sin embargo, con el tiempo es más fácil comenzar a separar la realidad de la ficción y tener una mejor percepción de la cultura del otro.

 

2. Los detalles de la religión

Llevar a tu novio a una comida familiar y que éste no pueda probar el guisado de tu abuelita porque es el Ramadán, no va a dejar la mejor de las impresiones entre tus familiares. Y como este caso hay miles. Una amiga holandesa tenía un novio cuya religión no le permitía salir los domingos y ni qué decir de aquellas iglesias que no reconocen el matrimonio entre parejas de diferente fe. Aunque yo no he tenido ningún problema religioso porque tanto mi novio como yo crecimos en familias católicas y ahora somos agnósticos, la fe es definitivamente uno de los temas más complicados cuando inicias una relación intercultural.

 

3. El riesgo inminente de la distancia

Aún cuando ambos vivan en la misma ciudad, si los dos son de diferentes países siempre estará el factor distancia de por medio. Uno siempre tendrá alguna razón para volver al lugar de donde vino, ya sea por familia, trabajo o incluso por cuestiones de visado. En algún momento la geografía se interpondrá entre ustedes y ambos lo saben.

 

4. Todos los muros que inventamos

No sólo hablo del de Trump. Desafortunadamente, hoy en día las fronteras se han vuelto más estrictas, los visados más cortos y la xenofobia latente está por todos lados. Si la distancia por sí sola ya es un problema, los muros que hemos construido entre los países la vuelven aún peor. Casi fui deportada hace un par de meses cuando trataba de ir a ver a mi novio al Reino Unido y he escuchado varias historias de terror de personas en este tipo de relaciones a las que les niegan el acceso al país de su pareja. Por más que nos duela aceptarlo, muchas relaciones internacionales tienen la fecha de caducidad estampada en el pasaporte.

 

5. Las expectativas familiares

Bien dicen que uno no entabla relaciones con una sola persona, sino con la familia entera. En México ya hay suficiente presión por caerle bien a la señora suegra, pero otros lugares del mundo la tienen aún peor. De acuerdo a un amigo de Siria, en su lado del mundo está prohibido casarse a menos de que su papá apruebe primero a su futura esposa. ¿Quieren saber uno de los requisitos? ¡La susodicha en cuestión debe saber cocinar! Si alguna vez tuve expectativas de encontrar al futuro amor de mi vida en ese país, ya me puedo ir borrando la idea de la cabeza.  

 

6. El racismo

Puede que éste no venga de tu pareja directamente, pero sí de algún conocido, familiar o amigo al que no le haga tanta gracia que tu media naranja haya decidido experimentar en aguas internacionales. Alguna vez conocí a una chica en un hostal cuya familia no la dejaba andar con nadie que no fuera exclusivamente de raza negra, por lo que tenía que verse con su novio a escondidas.

El miedo a todo aquello que es diferente está muy presente en estos días, pero mientras no permitas que los prejuicios ajenos afecten tu relación, tú y tu pareja no tienen nada de qué preocuparse.

 

7. Los roles de género

El papel del hombre y la mujer en una relación suele variar dependiendo de la cultura. Aunque, en teoría, deberíamos de estar alcanzando la igualdad (¡ja!), existen culturas mucho más conservadoras que aún definen muy claramente lo que cada persona debe hacer en una relación. Desde cuestiones simples como quién debe adoptar el apellido del otro hasta la repartición de las tareas domésticas, los roles de género pueden ser motivo de disputa si los dos tienen nociones distintas. Asegúrate de hablar con tu pareja al respecto y llegar a un acuerdo cómodo para ambos.