Crédito de la imagen: José Goulão

APRENDER UN IDIOMA NUEVO siendo adulto es, sin dudas, más desafiante que crecer siendo bilingüe. Como ya no somos “esponjas”, la tarea requiere de mucha paciencia y dedicación. Fracasé en mi primer intento, y desde entonces me he mantenido lejos de las oscuras lenguas bálticas. Pero mi segundo y tercer intento, con el español y el italiano respectivamente, fueron considerablemente más exitosos.

Ya sea que recién estés comenzando o que seas un estudiante avanzado, si puedes pasar algunas de las siguientes pruebas, entonces sabrás que estás camino a ser un verdadero bilingüe.

1. Piensas y sueñas en ese nuevo idioma

Te hablas a ti mismo, sólo que ahora lo haces en un idioma foráneo. Y el mundano e incesante murmullo de tu cabezota se vuelve beneficioso para adquirir fluidez en la nueva lengua. De esa manera constantemente descubres qué palabras te faltan en el vocabulario y puedes buscarlas y aprenderlas enseguida. Y sucede que esa lengua trasciende tu conciencia y se filtra en tus sueños.

En Italia, una vez (bueno, dos de hecho) me descubrieron usando el metro sin haber pagado el pasaje y me hicieron pagar una multa considerable: ni siquiera mi nuevo vocabulario pudo salvarme. Pero esa noche, en mis sueños, zafé de pagar la multa triunfalmente, tal como los locales lo hubieran hecho.

Pensar y soñar en un idioma foráneo es una gran manera de comenzar una nueva travesía lingüística.

2. Puedes ser ingenioso y entender los chistes

Considerando que ser gracioso ya es una habilidad en sí misma, te mereces unas felicitaciones si logras hacer esto en un lenguaje nuevo. Bonus points si puedes utilizar doble-sentidos, referencias culturales y acentos regionales dentro de tus comentarios humorísticos.

Aunque yo era menos “refinada” que mi amigo empresario mexicano, solía cargarlo llamándolo naco (de clase baja, con “poca cultura”) usando mi mejor imitación del acento fresa (elitista, engrupido). Él se moría de la risa, sobre todo porque yo era una extranjera usando sus referencias culturales.

3. Prefieres al idioma foráneo

Algunas expresiones simplemente son mejores en otro idioma. Estas preferencias deberse a necesidades emocionales, es decir, tu lengua materna quizás no tenga la pasión necesaria para ciertas ocasiones (como por ejemplo, las charlas de alcoba y las discusiones encarnizadas).

Un vaffanculo dicho con firmeza siempre lograba que mi ex italiano cerrara el pico mucho más rápido que el fuck you tradicional. Además de la pasión, convertirse en un traidor al propio lenguaje suele tener sus ventajas en términos de eficiencia. Si hay algo de lo que estoy segura sobre el idioma georgiano es que su expresión “pasado mañana” es mejor que la de mi idioma materno. Es tan concisa: Zeg. Si, así eso. Una única sílaba. Simplemente zeg.

4. Has adquirido el lenguaje gestual correspondiente

Los gestos exagerados son incorporados, al principio, como compensación por la falta de destrezas lingüísticas. Pero ahora has llegado al punto de que sirven para embellecer tu discurso o hasta reemplazarlo por completo. Estas habilidades gestuales son un beneficio extra de tu arduo trabajo aprendiendo el nuevo idioma.

En mis primeras semanas en la República Dominicana, estaba convencida que la mitad de la población estaba afectada por un tic nervioso. Y curiosamente, se activaba cada vez que le hacía una pregunta a alguien. Finalmente, después de observar conversaciones ajenas con atención, descubrí que esa contracción rápida de la nariz es una manera no verbal de preguntar “¿Qué?”. Antes de que me diera cuenta, yo misma estaba haciendo el gesto.

5. Hablas en ese lenguaje foráneo sin premeditación…

Pero debes meditar profundamente para recordar el propio. Hay palabras que directamente has olvidado, y otras de las que dudas de su existencia. Por otra parte, gracias a tu inmersión en otras lenguas has adquirido muchísimo vocabulario nuevo, hasta para las onomatopeyas. Ya no sientes que los sonidos “ay”, “ehhh” y “ajá” están en tus genes. Y ahora conoces los equivalentes foráneos perfectly.

Cuando regresé de Italia cociné pasta para una cena familiar. Cuando la pasta estaba perfecta, al dente, no podía encontrar el vocablo para indicarle a mi mamá que me alcanzara esa cosa con agujeritos en la que tiras la pasta para quitarle el agua. El colador. No hubo caso, ¡no me salía la palabra! Y cuando se trata de ortografía, tengo que admitir con algo de vergüenza que sigo metiendo la pata. Tengo que recurrir al diccionario hasta para verificar sufijos cotidianos: ¿era “tion”, “cion” o “sion”? Cuánta confu–sión.

6. Hablas en tu idioma materno con estructuras de lenguajes foráneos.

“¿Cómo es posible que haya empeorado en mi propio idioma?” Da vergüenza encontrarse a uno mismo metiendo palabras anglosajonas al hablar en español e insultando por los errores cometidos en italiano. En algún punto llegarás a pensar que de hecho no puedes hablar ningún idioma bien.

A veces sucede que las frases foráneas mal traducidas al inglés confunden mucho a mis padres cuando hablamos por teléfono. Estaban más perplejos que contentos cuando les conté que estaba aprendiendo “a sack of Italian”. Cuando estaba organizando mi regreso de México a Estados Unidos, gracias a mi embrollo idiomático, soné como una niñita arrogante cuando le pedí a mis padres que le avisaran a “the whole world” que los esperaba en el aeropuerto. Me dijeron que sólo podían llevar a mi familia.

7. Hablas en tu idioma materno con acento.

Cuidado: este podría ser el punto de no retorno. Eres oficialmente un bilingüe inidentificable y quizás deberías considerar una carrera como espía internacional. Aunque jamás llegué a esta instancia, te felicito si lo has logrado.