Soy una firme creyente de que la inequidad de género trae consecuencias negativas tanto para los hombres como para las mujeres. Si bien es cierto que la mujer ha sido históricamente más oprimida, esto no significa que los varones no hayan tenido que pagar su parte dentro de los roles de género que hay en la sociedad.

Originalmente pensaba hacer este artículo acerca de las situaciones sexistas a las que las mujeres se enfrentan cotidianamente. Sin embargo, al preguntar opiniones entre mis conocidos, recibí muchas respuestas masculinas y me pareció interesante abordar el tema basándome en lo que mis amigos hombres me contaron sobre cómo viven su masculinidad.

 

1. Ceder el asiento en el transporte público

Para este punto hay que dejar claro que si un discapacitado, una mujer embarazada o un anciano se sube al camión lleno, uno tiene que pararse y ceder su lugar, sin importar lo que se tenga entre las piernas. No es cuestión de caballerosidad, es sentido común.

No obstante, muchos hombres sienten una gran presión social cada que optan por permanecer sentados y dejan que personas del sexo femenino realicen el recorrido de pie, aún cuando la fémina en cuestión está en perfecto estado físico y no tiene ningún impedimento para realizar el viaje parada. Aunque se entiende la caballerosidad detrás del gesto, lo cierto es que, por menos en México, ir parado en un camión o en el metro es igual de incómodo para cualquiera. Claro que cualquiera tiene el derecho de dejarle el lugar a quien se le dé la gana, pero el género no debería tener nada que ver en la decisión de quién se queda con el asiento.

 

2. Ocultar el lado “femenino”

“Me encantan las mariposas” me contó un amigo heterosexual, “pero no me siento con la libertad de decirlo abiertamente porque luego me tachan de joto”. Pueden ser mariposas, el color rosa o la serie de Gilmore Girls, el punto es que los gustos considerados como “masculinos” o “femeninos” suelen ser socialmente determinados y no tienen nada que ver con la concepción biológica del género.

No mencionen que se lavan el cabello con un shampoo que huele a rosas silvestres o que usan suavizante con el amor de mamá, no vaya a ser que dejen de producir testosterona. Aparentemente, cualquier cosa que tenga azúcar, flores y muchos colores, automáticamente te hace menos hombre. Hoy en día, la masculinidad es tan frágil que todo se tiene que virilizar para ser aceptado en los círculos masculinos. Esto, a la larga, resulta desgastante para cualquier individuo, independientemente del género.

 

3. Realizar las labores “manuales” del hogar

Así como las mujeres no están obligadas a saber cocinar, limpiar o coser, los hombres tampoco tienen ningún deber de conocer sobre cuestiones de plomería o carpintería. Muchas veces, el tener cromosomas XY parece capacitarte automáticamente para saber destapar una cañería, aún cuando las labores domésticas básicas deberían de ser conocidas por ambos géneros como un mero método de supervivencia.

“Soy hombre, tengo 27 años y no tengo ni la más mínima idea de cómo cambiar un fusible. Pero creo que eso me hace ser un mal adulto, no un mal hombre”.

Si compartes un hogar con una o varias personas del sexo opuesto, tu género no debería determinar cuáles labores domésticas debes realizar. El punto es distribuir las tareas de manera equitativa y de acuerdo a las habilidades de cada persona.

 

4. Los hombres no lloran

La represión emocional es una de las peores consecuencias de la desigualdad de género. A diferencia de otro tipo de, ejem… fluidos, las lágrimas suelen ser vistas como exclusivamente femeninas ya que sentir es cosa de mujeres.

Darte un madrazo en el dedo chiquito del pie duele igual así seas hombre o mujer. Sin embargo, los chicos no parecen tener la libertad de expresar sus emociones sin tapujos. La presión psicológica sobre el género masculino por ocultar sus verdaderos sentimientos es tal que la tasa de suicidios es considerablemente más alta entre los miembros de este género.

 

5. Cargar siempre las bolsas de la compra

Sí, es verdad que la mayoría de los hombres son físicamente más fuertes que la mayoría de las mujeres (hay excepciones, por supuesto). No obstante, algunos chicos afirman que muchas veces no se trata de una cuestión de peso. “Puede ser una bolsa con papel de baño y servilletas. No pesa nada, pero me toca cargarla sólo porque soy hombre”.

 

6. La ropa

Las prendas de vestir son un concepto que ha cambiado considerablemente con el tiempo. Anteriormente los tacones eran usados mayoritariamente por hombres y ni qué decir de las faldas y túnicas (ahí está el ejemplo de los kilt escoceses). Sin embargo, aunque actualmente las mujeres tienen la libertad de utilizar pantalones y hasta smokings de fiesta, los hombres aún cuentan con opciones de guardarropa muy limitadas. Ha habido un par de tendencias para eliminar el género en las prendas de vestir, pero de momento, si eres un chico y optas por usar un vestido de coctel, seguro que provocarás un par de cejas levantadas.

 

7. El maltrato doméstico

Mientras que el abuso femenino se toma con mucha seriedad (como debe ser), las situaciones de violencia y maltrato doméstico dirigidas hacia los varones suelen tener un tono más cómico. Solemos reírnos ante los hombres golpeados o humillados en la televisión o el cine, lo cual contribuye a que no haya tanta conciencia sobre el hecho de que los chicos también pueden ser víctimas de maltrato. El abuso doméstico no es cuestión de risas, no importa si eres hombre o mujer.