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8 consejos para mejorar tu caligrafía

by Matador Creators 2 Jan 2021

MI CALIGRAFÍA es espantosa. Es tan mala que no solo resulta ilegible si no que ni siquiera se nota donde empieza y termina cada palabra. Recientemente asistí a un encuentro de escritura creativa en el que tuve que escribir a mano. Nunca antes me había preocupado por mi forma de escribir, pero ahora quiero revisar mis propias notas y apenas entiendo el texto. Me da un poco de vergüenza ver los garabatos inentendibles, al mismo tiempo que me frustra. Es por eso que quise buscar maneras de mejorar la caligrafía. ¡Me doy cuenta de que estuve escribiendo mal toda mi vida!

Por suerte, es posible revertir tantos años de desprolijidad y mejorar con tu escritura a mano alzada: solo se necesita tiempo, determinación y seguir los siguientes consejos.

1. Determina por qué quieres mejorar tu caligrafía.

Necesitas saber con exactitud qué esperas lograr para poder concentrarte en tu objetivo. Quizás, al igual que yo, quieras que tus escrituras sean más legibles para que no parezcan palabras escritas por niños de seis años que todavía están aprendiendo.

Es probable que haya letras que nunca supiste cómo hacerlas (estoy hablando de usted, endiablada br en cursiva); o tal vez busques impresionar a la grafóloga sexy con la que sales, a partir de las vueltas y los espirales que mejor representan tu maravillosa personalidad.

Puede ser que necesites escribir con más fluidez y precisión para que no se te acalambre la mano después de cinco minutos de hacer garabatos. O que creas que podrás manifestar mejor la filosofía poética del universo a través de un bolígrafo que del teclado.

Son muchas las razones válidas para querer mejorar tu caligrafía, tantas como la cantidad de versos en el poema del Mío Cid. No importa cuál sea tu motivo, en los siguientes puntos encontrarás cómo hacerlo.

2. Elige el arma con sabiduría.

El escritor inglés Edward Bulwer-Lytton escribió la célebre frase «la pluma es más fuerte que la espada». Y así como no irías a una batalla armado con un abrecartas oxidado que encontraste en el escritorio, tampoco puedes esperar un resultado impecable al escribir con un bolígrafo todo mordisqueado.

Los extremos no son buenos. Tampoco es necesario que compres una pluma bañada en oro con incrustaciones de piedras preciosas ni que uses tinta extraída de calamares criados en cautiverio, al estilo de los villanos extravagantes de las películas de James Bond. Sin embargo, deberías probar distintos tipos de plumas (incluso lápices) hasta encontrar una con la que te sientas cómodo.

Los puristas dirán que las plumas de ave son superiores a cualquiera otra -posiblemente por lo difícil que es atrapar a un cisne para hacerlas- pero lo cierto es que existe una gran variedad de buenos bolígrafos, plumas estilográficas e incluso plumines entre los que elegir.

Cuando escribes a mano no deberías temblar como si tuvieras que elegir entre el cable verde o rojo para desactivar una bomba. Deberías contar con un bolígrafo o pluma que te resulte cómodo de sostener y que permita que la tinta fluya sin tener que presionar demasiado el papel.

Prueba bolígrafos con diferentes plumines o puntas hasta encontrar uno de un grosor que te convenza. Al momento de seleccionar entre diferentes colores, elige con cuidado el tono, porque sin importar lo hermosa que sea tu caligrafía se verá horrenda con tinta verde bilioso.

Por último, si eres zurdo, puedes comprar bolígrafos diseñados especialmente para los que escriben con la izquierda.

3. Toma el control.

Si bien las plumas tienen puntas filosas, no sirven como espada y no deberías sostenerlas como tal. Empúñala con ligereza, pero sin perder el control. La mano tiene que estar en una posición que no la tensione. No la estrujes como si fuera un pomo de dentífrico. Deja que la tinta fluya por sí sola.

No importa qué dedos uses para sujetar la pluma siempre y cuando te sientas cómodo y puedas mantenerla en equilibrio. Es conveniente que el extremo superior (mira la imagen del punto anterior) descanse sobre la base del nudillo del dedo índice en lugar de hacerlo sobre el hueco que se forma entre el dedo índice y el pulgar.

4. Mejora tu postura.

Necesitas sentarte derecho y relajado. Encorva los dedos que no usarás para escribir hacia adentro y apoya la mano suavemente sobre la mesa. Algunas personas recomiendan colocar la superficie sobre la que escribirás a un ángulo de 45 grados: esto podría resultar un tanto complejo a menos que tengas un escritorio curvo.

Despeja el lugar donde escribirás porque necesitarás espacio para mover el brazo si quieres escribir con propiedad. No lograrás escribir de modo elegante y fluido si te encorvas sobre la única esquina del escritorio que no está plagada de tazas de café y sándwiches a medio comer. ¿Acaso te imaginas a los escribas rodeados de porquerías?

Por último, cuando logres encontrar una posición cómoda para escribir, no la arruines al intentar alinearte con el papel. Cuando ya te resulte molesto mover la mano para llegar a la parte inferior del papel, mueve el papel hacia arriba en lugar de mover la mano como si fueras una máquina de escribir.

5. Ponle el hombro.

Ni una pluma adecuada, ni el agarre o la postura correcta podrán ayudarte si el movimiento para el trazo parte desde tus dedos. Puede parecerte extraño, pero no deberías usar ni la muñeca ni los dedos para escribir. Solo conseguirás acalambrarte y que la caligrafía te quede inclinada.

Es más conveniente que uses los dedos para sostener la pluma del modo adecuado y que generes el movimiento con el hombro. Recuerda que en el hombro se encuentra uno de los grupos musculares más importante. Son los mismos que utilizas para alzar el brazo o para rotarlo en círculos cuando alardeas antes de lanzar una pelota en un juego de puntería en una feria.

En otras palabras, cuando escribas mueve el hombro y el antebrazo, pero no la muñeca ni los dedos. Así lograrás escribir con mayor fluidez y precisión. Como muchas otras actividades, requiere de práctica y es probable que te sientas raro al comienzo, pero notarás que esos músculos no se cansan con tanta rapidez como los de la muñeca y los dedos.

6. Haz el ejercicio del lápiz imaginario.

Para ejercitar los músculos del hombro puedes intentar lo siguiente: extiende el brazo con el que escribes hacia adelante, dobla el codo hacia afuera y dibuja letras en el aire. Concéntrate en el movimiento del hombro. Mantén el antebrazo, la muñeca y los dedos quietos. Deberías sentir como se ejercitan los músculos del hombro, brazo, pecho y espalda. Esos son los mismos músculos que deberías mover cuando escribes con pluma sobre papel.

Una vez que te sientas cómodo haciendo ese movimiento -básicamente se trata de aceptar que te ves ridículo- intenta hacer letras más pequeñas en el aire. También puedes intentar seguir las líneas de las letras con los dedos sobre una pared o pizarra.

Cuando escribes en una superficie vertical automáticamente empiezas a usar el grupo de músculos correcto. Resiste la tentación de acercarte a la pared y apoyar la mano porque si haces eso terminarás, una vez más, haciendo los trazos con el mover de los dedos.

7. Rompe con las formas.

Cuando ya te sientas cómodo con el movimiento de esos músculos al escribir en el aire es hora de probar con la pluma y el papel. Este artículo sugiere que empieces dibujando formas de tamaño grande como círculos, remolinos, rayas y equis. Concéntrate en el movimiento del hombro y mantén la muñeca firme. Solo usa los dedos como guías. Esfuérzate por generar formas prolijas. Es conveniente que utilices una hoja de papel con renglones para que te ayude a ser consistente con el tamaño y el espaciado.

A medida que mejores la precisión, haz las formas cada vez más pequeñas. Luego empieza a agregar letras. Al principio hazlas en tamaño grande y achícalas de a poco. Cuando pierdas el miedo deja las formas y anímate a escribir palabras. Arma oraciones y, ¿por qué no?, escribe párrafos enteros.

Pedirle a un adulto que practique caligrafía haciendo letras grandes podría parecerte un tanto inútil, pero el ejercicio no solo consiste en adquirir nuevos hábitos musculares si no también en olvidar los viejos vicios.

8. Practica cada vez que puedas.

Aprovecha cada oportunidad que tengas para escribir a mano y olvídate del teclado. Si eres escritor o necesitas escribir un informe o propuesta, haz el primer borrador sobre papel así puedes editar el texto mientras lo tipeas. No uses la computadora para anotar las listas de cosas que hacer. Lleva un diario de viaje o con tus anotaciones personales. Si estás atrapado en una reunión, presentación o clase aburrida, practica tu caligrafía tomando notas en lugar de hacer dibujitos.

Practica escribir a mano varios minutos por día. Si lo haces, deberías empezar a notar mejoras pronto. Dibuja distintas letras con diferentes trazos, formando oraciones inspiradoras como:

“Practicar la cursiva me hace sentir que viajo en el tiempo. Y hasta puede ser divertido”,

O,

“Me entusiasma pensar que la práctica hace al maestro. Esta es mi oportunidad de probar que el refrán es cierto”.”

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Este artículo sobre mejorar la caligrafía fue publicado en diciembre de 2013 y actualizado por última vez el 2 de enero de 2021. Si te interesa leer este artículo en inglés, haz clic aquí.

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