1. Un verdadero hospicio

El hospicio comenzó su construcción a principios del siglo XIX, cuando el Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas decidió fundar un albergue para niños huérfanos y desamparados. Aunque abrió sus puertas en 1810, el edificio tardó casi 100 años en ser construido y al principio se le llamó “La Casa de Caridad y Misericordia”.

 

2. El obispo Cabañas y el diablo

Como cualquier construcción antigua, el edificio está plagado de leyendas. Hay una que afirma que el obispo Cabañas se topó con el diablo durante uno de sus paseos nocturnos y éste le dijo que se arrodillara ante él o el hospicio sería víctima de la guerra y la destrucción. Cabañas se negó y el diablo le prometió que se arrepentiría. Coincidencia o no, poco después estalló la guerra de Independencia y el hospicio fue convertido en un cuartel militar. Aunque tiempo después volvió a operar como albergue, el obispo murió antes de que se reanudaran sus labores.

 

3. La funcionalidad ante todo

Aunque este impresionante edificio pertenece al estilo neoclásico, es muy distinto a otras construcciones de la época. El edificio tiene sólo un piso, por ejemplo, y esto no se debe a cuestiones estéticas. El hospicio se construyó así para que fuera más fácil transportar a los enfermos de un lado a otro. Sin embargo, sigue siendo una construcción enorme. En la actualidad, el edificio cuenta con 23 patios, 72 pasillos, 126 cuartos y dos capillas que llegaron a albergar hasta 3000 niños.

 

4. El reloj de la muerte

Otra de las leyendas más escalofriantes que rodean al hospicio es la del reloj de la muerte. Dicen por ahí que uno de los primeros relojes de Guadalajara se instaló en el Cabañas. Tras varios días en funcionamiento, las monjas se dieron cuenta que al reloj le daba por detenerse sin motivo alguno. En un principio no prestaron atención a este detalle, pero luego se dieron cuenta de que cada que el reloj fallaba, uno de los niños del hospicio moría. Tras descubrir este fenómeno, la administración decidió retirar el reloj definitivamente en 1952.

 

5. Un edificio multifuncional

A lo largo de su historia, el Cabañas cambió de giro frecuentemente. Además de su papel principal como hospicio, también fungió como cuartel militar en más de una ocasión y hasta llegó a utilizarse como cárcel. En 1980 terminó su labor como hospicio para convertirse en el centro cultural que conocemos actualmente. En 1997 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

6. Los murales

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No es ningún secreto que uno de los atributos más representativos del Cabañas son las pinturas de José Clemente Orozco, pero lo que pocos saben es que estos murales cubren más de 1200 metros cuadrados del edificio. En total, la construcción cuenta con 57 murales, siendo El Hombre en Llamas, el más representativo de todos.

El Hombre en Llamas mide once metros de largo y se encuentra a veintisiete metros del suelo. Aunque hay muchas interpretaciones de la obra, se dice que ésta hace referencia a la injusticia y la corrupción que se vive en la sociedad.

 

7. Un apellido con denominación de origen

Todos los huérfanos que fueron acogidos en el hospicio después de 1829 fueron bautizados con el apellido Cabañas. Valdría la pena investigar si alguno de tus parientes pasó por aquí si es que compartes este apellido.

 

8. Un orfanato con buena fama

Aunque los orfanatos suelen tener una connotación negativa, se dice que la mayoría de los niños fueron genuinamente felices durante su estancia en el Cabañas. María Teresa Cabañas Durán, una antigua inquilina del albergue, se dedicó a escribir un libro que recopila testimonios de más de veinte alumnos que pasaron por el centro. En éste, la mayoría de los ex alumnos coinciden en que fue una gran época de sus vidas, ya que el hospicio los acogió, los alimentó bien y les enseñó un oficio con el cual se defendieron una vez que estuvieron fuera.