3000 años antes de la llegada de los europeos al continente americano, los nativos rendían ya culto a los muertos. La muerte era considerada una deidad que se manifestaba como contraparte necesaria de la vida, y era venerada y respetada.

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Las culturas prehispánicas siempre procuraron comunicarse con sus muertos, y fue así que crearon diferentes tipos de altares en los que depositaban ofrendas de aquello que al fallecido le había gustado en vida, para que este viniera de regreso por un momento y pudiera recordar cómo era estar vivo.

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Cuando llegaron los españoles, los altares de muertos se sincretizaron por la influencia de la religión católica y se añadieron nuevos elementos, como cruces, sal y veladoras. La esencia del altar de muertos prehispánico, sin embargo, se conserva intacta, exhibiendo los elementos más antiguos como predominantes. Aquí te muestro algunos elementos originales del altar de muertos prehispánico.

EL AGUA

Es el elemento representativo de la vida. Se coloca en vasos o vasijas para calmar la sed del espíritu de aquel que vendrá del otro mundo. Para los mayas, los ts’ono’ot (“cuevas de agua”) y que nosotros conocemos actualmente como cenotes, son cuevas subterráneas que representan una puerta al Xibalbá (el inframundo maya). Los mayas creían que para poder entrar al Xibalbá uno tenía que sumergirse en los cenotes.

LA TIERRA

Es el origen del hombre y también su último destino. Para los mexica, por ejemplo, la deidad de la tierra Tlaltecuhtli devora a los cadáveres, para extraerles las almas y prepararlas para su tránsito subterráneo por el Mictlán, que es el inframundo mexica. Por ello no tiene templos, pues su templo es la tierra misma.

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EL CAMINO DE PÉTALOS DE FLOR DE CEMPASÚCHIL

Su nombre proviene del náhuatl y se traduce como “flor de veinte flores” por la forma de sus pétalos. Actualmente se coloca desde el altar a la puerta de la casa para que el muerto pueda andar sobre él.

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También podemos encontrar su antecedente en Tenochtitlan, pues se han encontrado algunos restos de cempasúchil en las ofrendas realizadas al monolito de Coyolxauhqui, hallado en el Zócalo de la ciudad de México (hoy en el Museo del Templo Mayor).

Sahagún también refiere en “Historia general de las cosas de la Nueva España” que con cempasúchil se honraba a la diosa Huixtocihuatl:

“La noche antes de la fiesta velaban a las mujeres con la misma que había de morir, y cantaban y danzaban toda la noche; venida la mañana, aderezábanse todos los sátrapas y hacían un areito muy solemne; y todos los que estaban presentes al areito tenían en la mano aquellas flores que se llaman cempoalxóchitl…”.

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LAS CALAVERAS

De azúcar, chocolate y amaranto, nos recuerdan que la muerte es lo único seguro en esta vida y por ello se le debe respeto.

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Además, tienen un antecedente en Tenochtitlan, en las estructuras llamadas tzompantli, (“hileras de cráneos”), que causaron gran impresión a los españoles. Esta tiene aproximadamente seis metros de diámetro y se encontraba en la esquina del templo de Huitzilopochtli. Aún se desconoce la función del tzompantli, pero es evidente que constituía una ofrenda al dios de la guerra.

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COMIDA Y BEBIDA

Se colocan para que el muerto pueda disfrutar después de su cansador viaje desde el inframundo a nuestro plano, y recuerde una vez más las delicias de estar vivo.

En Tenochtitlan, por ejemplo, a los muertos se le les ofrendaba comida antes de partir al Mictlán, para que pudieran soportar el viaje. Sobre todo a los jóvenes, porque se creía que, dado que sus cuerpos aún no habían madurado completamente necesitarían de fuerzas suplementarias para arribar a su destino.

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EL PAPEL

Representa al viento, y en la antigüedad se utilizaba papel amate que viene del náhuatl “amatl”, que es un tipo de fibra hecho de corteza del árbol ficus y que simboliza el aire que se respira en vida. En la época prehispánica el papel no se utilizaba exclusivamente para los ritos funerarios, sino para todas las festividades religiosas, para confeccionar trajes y como ofrenda para los dioses.

“Para la elaboración de papel amate los artesanos hierven la corteza, separan las fibras y las colocan en forma de cuadrículas sobre una tabla de madera, donde las golpean con una piedra volcánica.”

(“La riqueza de los bosques mexicanos: más allá de la Madera. Experiencias de comunidades rurales” autor Citlalli López).

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LOS AROMAS

Se perfuma el altar con copal y otras esencias, que le mostrarán al difunto el camino a la tierra y, al mismo tiempo, purificaran su forma espiritual para que pueda permanecer en la tierra.

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Sin embargo, en la antigüedad los aromas cumplían dos funciones en el altar de muertos prehispánico: por una parte, tal como ahora, purificar el espíritu del difunto y, por la otra, purificaban el aire que respiraban los presentes, para evitar la incomodidad por los malos olores desprendidos por el cuerpo.

Si bien en la época prehispánica las fiestas dedicadas a los muertos eran distintas a las que conocemos ahora, son ellas el principal motivo de nuestra asimilación de la muerte con mayor naturalidad que el resto del mundo, pues a pesar de que nuestras fiestas del Día de Muertos tienen una gran influencia católica y española, no ves a los españoles celebrando como lo hacemos los mexicanos.

ARCO Y FLECHAS

Es un elemento raro de encontrar en estos tiempos, y se hace más que nada por una tradición de la que se sabe poco sobre su origen. Según la cultura nahua, estos elementos le señalan al muerto la puerta de regreso al inframundo donde se encuentra Mictlantecuhtli, el señor del Mictlàn, que alguna vez sorteó los obstáculos que le permitirían el descanso eterno. Se colocaban, además de alimentos, algunas armas para que el difunto pudiera atravesar el inframundo y sortear los obstáculos que se atravesaran.

Fuentes:

  • “La muerte del Tlatoani, costumbres funerarias en el México antiguo”, Doris Heyden.
  • “Historia general de las cosas de la Nueva España”, Bernardino de Sahagún.
  • “El tzompantli en Mesoamérica y las ‘torres de cabeza’ en Asia”, Yolotl González Torres, Arqueología Mexicana.
  • Este artículo sobre el altar de muertos prehispánico fue actualizado por última vez el 7 de octubre de 2019.