Revivir la presencia de tus seres queridos que han muerto.

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Para mí esto es lo mejor del Día de los Muertos. Más allá de cuáles sean tus creencias, hay algo muy conmovedor en armar un altar en honor a alguien que amas. Siempre preparo su comida y su bebida favorita para colocarlas en el altar. Y, sobre todo, veo sus fotos todos los días y me da mucha alegría tener un momento especial del año dedicado solo a conectarme con ellos.

 

Cenar pan de muertos con chocolate caliente todas las noches.

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A un nivel mucho más superficial, otra cosa que me encanta de esta celebración es el pan de muertos, que además te toca sopear en chocolate caliente. Es ideal para mantenerte calentito porque, como ya todos sabemos, durante el Día de Muertos en Oaxaca, siempre hace más frío. Dicen que son los muertos que llegan y creo que debe ser cierto, porque siempre sube la temperatura después de la celebración.

 

El perfume a cempazuchitl que reina durante todo octubre.

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La flor de cempazuchitl es la flor tradicional que se usa el Día de los Muertos para decorar altares y su intenso olor dulce comienza a flotar por los aires varios días antes de las celebraciones.

 

La fiesta que dura toda la noche.

El Día de los Muertos es un momento para reflexionar en silencio sobre nuestros seres queridos que se han ido, pero también es una época de fiestas que duran hasta el amanecer. En las fiestas de muchos pueblos pequeños alrededor de Oaxaca, disfrazarse sí que se toma en serio. He visto a hombres bailando con capas con espejos que han de pesar lo mismo que ellos. He visto gente vestida de cadáveres (¡con todo, hasta con gusanos y corazones de animales reales!). He visto hasta bandas musicales completas disfrazadas de calaveras. Todo se vale, así es que tápate bien y prepárate para tomar una buena cantidad de mezcal para mantenerte calientita durante toda la noche de fiesta.

 

Los mercados se tienen más delicias que lo normal (lo que es mucho decir).

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Conforme se acerca el Día de los Muertos, los mercados en México se llenan de calaveritas de azúcar, chocolate, amaranto, piñatas en forma de calavera, flores de cempazuchitl, crestas de gallos (una flor morada preciosa), copal para incienso, velas y pan de muerto. Estos olores y esas imágenes siempre me emocionan. Adoro el día en el que voy de compras por todo lo que necesito para mi altar. Y hablando del altar…

 

La alegría de construir el altar.

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Año tras año, se me hace insoportable la espera hasta que llega el día de construir mi altar. Me encanta el ritual de crear un lugar para honrar a mis seres queridos que ya no están. Pongo música placentera (como la versión de La Llorona de Lila Downs) y tomo chocolate caliente. Lo único malo es que siempre tengo que reemplazar las flores de mi altar un día antes del Día de los Muertos. Pero ni modo, de regreso al mercado…

 

Las calles de la ciudad se llenan de arte y de altares.

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Oaxaca se vuelve un hervidero de actividad durante el Día de los Muertos. Hay preciosas esculturas de esqueletos y catrinas de arena de colores en casi todas las tiendas y restaurantes alrededor de la ciudad. Hay esqueletos sentados en los cafés, disfrutando de un té, o conversando en un balcón. Se siente la emoción en el aire.

 

La visita al panteón.

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Me encanta visitar el cementerio durante el Día de los Muertos. Las tumbas están decoradas, a veces con unas cuantas flores nada más, pero muchas veces la decoración consiste en complejos arreglos de luces, estatuas y más. Las familias se reúnen alrededor de las tumbas de sus seres queridos, comparten la comida y se quedan ahí toda la noche.