Vía.
Ningún otro comediante mexicano llegó a ser más ágil que una tortuga… más fuerte que un ratón… ni más noble que una lechuga…

Mucho antes de Querida, Encogí a los Niños, el Chapulín ya había logrado encogerse y hacer soñar a millones de niños de América Latina con volverse chiquititos si tomaban las pastillas de chiquitolina. Siempre pensé que en alguna farmacia las podía conseguir, pero me daba pena preguntar. Los mexicanos vamos a adorar por siempre a nuestro superhéroe de escudo de corazón. Además, y esto es un secreto, estamos seguros de que el Chapulín es el papá de Superman, Thor e Iron Man.

 

Nadie nunca había creado tantos personajes y tantos mundos.

Además de todos los personajes de la vecindad y del Chapulín Colorado, Chespirito también creó otros personajes inolvidables como el Chanfle, que a pesar de su estatura, brincaba más alto que nadie y metía goles con la cabeza, con todo y su boina puesta. Chaparrón Bonaparte y su legendaria chiripiorca que sólo el gran Lucas podía desactivar. El Chómpiras, que a todos nos daba lástima porque siempre terminaba llevándose una cachetada por parte de Botija; eso sí, no sin haber sido antes elegantemente peinado por su agresor; o la Chimoltrufia con su chiclote y su diente ausente. Y no se diga, el legendario Dr. Chapatín; siempre quise saber qué había en esa bolsita de papel que nunca soltaba el Doc…

 

Y creó el personaje más amado de todos.

¡Tenía que ser el Chavo del 8! Con este personaje creció toda una generación… y las generaciones que le siguieron. Imaginé tantas veces visitar esa vecindad, ver qué había en la calle, del otro lado de las puertas. Fantaseaba con entrar a la casa de la Bruja del 71 para ver qué cosas tenía adentro. De chiquito yo pensaba que el Chavo del 8 era un niño de verdad y cuando mis papás me dijeron que era un señor de casi 50 años, lloré más que cuando me enteré que Santa Claus no existía… Pipipipipipipi.

 

Nos regaló el gestito de “eso eso eso”.

Podrá existir el internacional dedo pulgar apuntando hacia arriba, conocido como el “thumbs up”, o la famosa rosca formada por los dedos índice y pulgar para decir “excelente”. Pero en nuestro país, ese gestito que hacemos como golpeando al cigarro para tirar su ceniza es, gracias a Chespirito, nuestra manera de decir “estoy de acuerdo”.

 

Cruzó más fronteras que nadie.

Siempre que he viajado por América Latina, de lo que más me han hecho la plática al enterarse de que venía de México, y por mucho, es del Chavo del 8 y del Chapulín Colorado. En Río de Janeiro yo siempre quería platicar de la seleção brasileira o de la samba pero siempre terminaba hablando de la “marreta biónica” o el chipote chillón, como se conoce en español. En El Salvador el tema recurrente era la “torta de jamón”. Y con mis amigos peruanos nos pasamos horas discutiendo qué había adentro de ese barril donde vivía el Chavo del 8. “¿Cómo podía caber ahí dentro su cama?”, era la pregunta que me hacía desde chiquito y que aún no he podido responder…

 

Y todo a puro humor blanco.

Para poder disfrutar de los personajes de Chespirito es necesario dejar todo prejuicio atrás y adentrarse en el mundo de lo absurdo, de lo inverosímil y perderse en una comedia simple y sin exigencias.

 

Fue el creador de muchísimas frases y refranes que hoy en día todos decimos.

Más allá del famoso “eso, eso, eso” o del “ta ta ta ta ta”, del “Se me chispoteó” o del eterno “Síganme los buenos”, Chespirito logró cambiar nuestra manera de decir los refranes. “Explicación no pedida, es la pedrada”, “Según el sapo, acusación manifiesta”, “Más vale tarde que ciento volando”, “Más vale pájaro en mano que nunca”, “Más vale que el pájaro nunca llegue tarde”… Bueno, la idea es esa. Pero su frase más legendaria es la que hoy en día mucha gente dice mal, pensando que está bien: “Que no panda el cúnico”. Cuando he tenido que usar esa frase, en lugar de decir la versión correcta, “que no cunda el pánico” siempre elijo decir la versión del Chapulín, sabiendo que dicha así, quizá en verdad ayude a que el pánico no cunda.

 

Y de muchas otras frases que siempre vivirán dentro del coloquio mexicano.

No hay de queso, nomás de papa.

Chusma, chusma.

Es que me dio cosa.

Se aprovechan de mi nobleza.

Tómelo por el lado amable.

Para qué te digo que no, si sí.

Fue sin querer queriendo.

Bueno pero no te enojes.

Es que no me tienen paciencia.

Pues al cabo que ni quería.

Cállate, cállate, cállate que me desesperas.

Lo sospeché desde un principio.

No contaban con mi astucia.

¿Sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos Lucas?

Y ahora, ¿Quién podrá ayudarme?

¡Gracias por todo, Chespirito!