Pocos lugares en el mundo tienen el encanto y la historia del Puerto de Veracruz. Si ya has estado aquí, o es la primera vez que lo visitas, es muy probable que de una u otra manera te atrape su magia, esa misma que nos ha llevado a cantar las coplas de La Bamba por generaciones. Estas son sólo algunas razones para visitar el puerto jarocho, sin importar cuántas veces lo hayas hecho antes.

 

1. Es un lugar de orgullo nacional

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Si hay algo que le sobra al Puerto de Veracruz es historia. Ningún viajero puede pasar por alto el hecho de que aquí tuvieron lugar algunas de los episodios más trascendentales para la historia de México; desde el desembarco de los primeros colonizadores españoles, hasta la heroica defensa de la soberanía nacional durante la época independiente.
Es por eso que el Puerto Jarocho presume de haber sido Cuatro Veces Heroico: la primera ocasión ocurrió en 1821, cuando resistió los ataques de la Armada Española que se pertrechó en el fuerte de San Juan de Ulúa; la segunda fue en 1838, cuando la flota naval francesa bombardeó el puerto durante la llamada Guerra de los Pasteles; las últimas dos ocasiones fue defendiendo al país de las invasiones estadounidenses.

 

2. La deliciosa gastronomía jarocha

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Para nadie es un secreto que la cocina veracruzana es una de las mejores de México. Y si hablamos de las delicias que ofrece el Puerto, no terminaríamos de enumerar platillos como las empanadas de cazón, el vuelve a la vida, el pescado a la veracruzana, las picadas, los volovanes, los chiles rellenos y tantísimos otros.
Si se trata de instituciones gastronómicas, el Puerto tiene al legendario Gran Café de la Parroquia, famoso por sus cafés “lecheros”. Después de abrir sus puertas en 1808, aquí se han dado cita desde conductores de tranvía hasta presidentes de la república, intelectuales y escritores de la talla de Carlos Fuentes. Eso sí, para que el mesero te atienda pronto, debes seguir la tradición del lugar: golpear la cuchara contra el vaso para pedir tu café.
Tampoco podemos dejar de mencionar los mercados y las fondas locales, donde comer es sinónimo de rico y barato, o los restaurantes que rodean a la laguna de Mandinga, cerca de Boca del Río, para darse vuelo con los mejores mariscos del Golfo.

 

3. La alegría y hospitalidad de los veracruzanos

Si algo caracteriza a los veracruzanos es el buen humor y la hospitalidad. Basta entablar una plática con el taxista, la cocinera, el músico o el lanchero, para darse cuenta de sus dotes como buenos conversadores y anfitriones. En el Puerto nadie se siente visitante o extranjero porque aquí las bienvenidas son como un regreso a casa.

 

4. Sus tardes y noches porteñas

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En el Puerto de Veracruz las tardes están llenas de bohemia, danzón y aroma a mar. Basta con emprender una caminata al atardecer por el malecón para darse cuenta de que la brisa marina aquí es distinta. Hay una cierta magia que se complemente con el horizonte lleno de enormes buques mercantes que aparecen o desaparecen con destinos desconocidos.
Pero la magia se intensifica al anochecer, después de que alguna danzonera ejecuta los primeros compases y abre pista a unos pasos del mar. En el zócalo de la ciudad, decenas de de parejas se reúnen para bailar al ritmo del danzón y volverse a enamorar, tal como en el Kumbala.

 

5. Las historias y leyendas de San Juan de Ulúa

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La historia de Veracruz no sería la misma sin San Juan de Ulúa. Este imponente fuerte naval construido durante la colonia española, no sólo resistió ataques de corsarios y piratas, sino que es origen de leyendas como la de Chucho el Roto, el famoso Robin Hood mexicano que escapó de esta fortaleza en repetidas ocasiones; o la leyenda de la Mulata de Córdoba, una mujer acusada de brujería de quien se dice dice, logró escapar de San Juan de Ulúa subiendo a un barco que ella misma dibujó en la pared de su celda.

 

6. Sus lugares secretos

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En las cercanías del Puerto existen lugares que no importa cuántas veces visites, porque siempre fascinan con sus paisajes y su encanto. Dos claros ejemplos son la Playa Chachalacas, con sus imponentes dunas costeras que parecen trasladarnos a un paisaje africano, o Cancuncito, un pequeño banco de arena en medio del mar formado por el huracán Gilberto que ahora está rodeado de aguas cristalinas, similares a las caribeñas, donde abundan peces tropicales.

 

7. Los días de carnaval

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Los veracruzanos tienen fama de buenos músicos, bailadores y bromistas, y el Carnaval de Veracruz es el mejor pretexto para sacar a relucir todas esas cualidades. Se dice que este es el carnaval más alegre del mundo, cosa que no dudamos ni tantito, porque si alguien sabe ponerle sabor y alegría a la vida, son los infatigables jarochos.

 

8. La música y las tradiciones

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Los sones jarochos tienen el don de poner a bailar hasta al que nunca lo ha hecho y además, son el mejor antidepresivo de todos. No hay quien no se anime, cante o ría al entonarlos o escucharlos. Basta con sentir las primeras notas de La Bamba para querer entrarle al zapateado. En este mismo tenor, los bailes folclóricos de Veracruz hacen vibrar a cualquier mexicano dentro y fuera de nuestras fronteras.