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8 Retos de todo mexicano primerizo en Francia

Francia
by Dann Castillo 23 Jun 2017

1. Parlez vous francaise?

Si tu francés es de a tres pesos, igual que el mío, seguro te encontrarás en una encrucijada al llegar a estas tierras. Después de  pasar meses en Dinamarca y Suecia, donde todo el mundo es bilingüe, me había malcriado un poco y usaba el inglés para cualquier interacción, sin hacer el menor intento de hablar la lengua local. No obstante, en cuanto puse un pie en París me encontré con un petit problème. Me temo que el estereotipo es cierto: a los franceses no les gusta hablar inglés. 

Maldecía a mis dos inútiles semestre de lengua extranjera cada que me veía en la necesidad de ordenar un café; sin embargo, lo cierto es que después de reírse un poco a mi costa, los residentes siempre se apiadaban de mí y accedían a traducirme lo que sea que estuvieran diciendo. Muchos incluso se mostraban más dispuestos a hablar en español, ya que lo consideraban una buena oportunidad para practicar.

Si en algún momento te encuentras en tierras francófonas, te recomiendo ampliamente aprender unas cuantas frases útiles y tratar de decirlas a los locales. Suelen simpatizar más con los turistas cuando ven que éstos hacen un esfuerzo por hablar su lengua.

 

2. Los cruces peatonales

Nacida y criada en México, me tomó bastante tiempo acostumbrarme a la idea de que los carros deben cederle el paso a los peatones. Llevaba ya cerca de un año en Europa y aún me asombraba la forma en la que los automovilistas respetaban las reglas viales…  hasta que llegué a Francia.

Quizás por la cantidad  de turistas que invaden las calles, quizás por las diferencias culturales, no lo sé, pero lo cierto es que la primera vez que traté de cruzar una avenida, descubrí por las malas que a los franceses les importa un reverendo pepino el semáforo peatonal y las reglas de vialidad. Me tomó un tiempo volver a mis viejas usanzas, pero después de correr por mi vida un par de veces intentando llegar al Louvre, aprendí a cruzar la calles a la francesa.

 

3. El wifi

De nuevo, quizás se deba a que pasé bastante tiempo en otros países europeos donde había internet gratuito en todos lados, pero al llegar a París, me di cuenta que no existe el WiFi público. No hay internet ni en los medios de transporte, ni en muchas de las zonas turísticas y ni siquiera en algunos hostales (tuve que pagar extra por poder conectar mi laptop y sólo en la recepción, porque la señal no llegaba a las habitaciones). Descubrí por la malas que si uno va a viajar para Francia, es mejor contratar un plan internacional temporal para mantenerse comunicado.

 

4. El clima

No sé por qué uno tiende a asociar Europa con frío. Supongo que las películas nos han bombardeado con tantas imágenes de castillos nevados y abrigos de piel, que en el momento en el que puse un pie en Niza y fui recibida por unos gloriosos 31 grados que no tenían nada que pedirle a los veranos mexicanos, sufrí un gran choque cultural. Puede que Francia disfrute de unas cuantas nevadas durante el invierno, especialmente en el norte, pero si deciden pasar por aquí durante junio o julio, les recomiendo seriamente que empaquen un par de shorts y bloqueador en sus maletas.

 

5. El precio de orinar

Lo sé, lo sé, suena extraño, pero una de las cosas que más me desconcertó de Francia fueron las taquillas de cobro para usar los baños. No importa si estás dentro de un centro comercial, de una estación de tren o incluso en la entrada del Louvre, mínimo, mínimo, Francia te cobrará alrededor de 70 céntimos por hacer pipí. Muchos baños incluso tienen máquinas para cambiar billetes por monedas y puertas giratorias que no permiten el paso hasta que depositas tu cooperación.

 

6. El exceso de pan

Siendo una fanática de las conchas de vainilla nunca creí llegar a decir esto, pero sí existe tal cosa como “demasiado pan”. El pan francés tiene reputación internacional y con muy buena razón: es delicioso, pero si te descuidas, terminarás comiéndolo de alguna forma en cada comida del día. No sólo es muy barato en comparación con otros platillos, sino que lo encuentras en cada esquina preparado de una manera diferente. Ya sea la tradicional baguette, el bagel o a la tarta, después de un par de días en tierras francesas, te sorprenderás deseando comer una ensalada y luego sufrirás al descubrir que es tres veces más cara y te conformarás nuevamente con un sándwich. Pero bueno, dicen que si vas a Roma…

 

7. Los perros

Bueno, no los perros en sí, sino sus… ejem, desperdicios. Es sorprendente, pero si no te andas con cuidado por las calles francesas, puedes acabar con la suela de tus botas nuevas embarradas de caca. Es curioso, porque hay bolsas para desechos animales en cada basurero, pero muchas personas parecen no querer darles uso y dejan las calles como un campo minado. Si planeas un romántico picnic en medio de los Campos Eliseos o junto a un lago, no olvides revisar primero el terreno para evitar accidentes.

 

8. El euro

Sí, sé que es Europa. Sí, sé que es más caro que México y sí, sé que la conversión nos viene pasando a joder a todos los que manejamos el peso, pero es que me sorprende lo que mi bolsillo sufrió desde que decidí pasar un rato en Francia. Aún viniendo de Escandinavia (que no es precisamente barato), fue mayor el saldo negativo que dejaron las tiendas francesas en mi cuenta de banco. Desde los triques turísticos como las postales a cosas básicas como las frutas y verduras, Francia no escatima en sus precios, así que trata de comprar en mercaditos y lejos de las zonas de alto turismo. 

 

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