1. El límite de equipaje

Los mexicanos somos tilichentos por naturaleza. No vaya a ser que no empaquemos la bufanda que nos tejió la abuelita para nuestro decimotercer cumpleaños o el vestido de cocktail en caso de que el príncipe Harry nos invite a cenar al palacio de Buckingham. Además, no podemos dejar un país sin llevar con nosotros dieciocho recuerditos de la torre Eiffel para regalarle hasta a nuestro tío abuelo segundo. Por eso, no es muy raro encontrarnos discutiendo en los mostradores de cualquier aerolínea y asegurándole al agente que seis kilos de exceso de equipaje no son tantos.

2. El regateo

¿Qué mexicano no ha ido a un tianguis sin mencionar la clásica pregunta de “¿cuánto es lo menos?” Para bien o para mal, en México la cultura del regateo está muy presente en los comercios informales y aunque en muchos otros países también existen múltiples mercados callejeros, los precios no suelen ser tan flexibles como en nuestras tierras. Sí, claro hay otros sitios en Latinoamérica e incluso en Asia que se suman a esta costumbre, pero muchos países, especialmente en Europa, no comparten nuestras ansias por economizar. He cachado a más de un paisano (mi madre, entre ellos) tratando de conseguir un precio especial y acabando en pleito con algún vendedor local.

3. Las horas de comida

No, las seis de la tarde no es una hora adecuada para cenar. Tampoco las once de la noche. Y el lonche a las doce del día se llama desayuno. Aunque estoy completamente a favor de las pastas a las cinco de la tarde y del aperitivo italiano antes de cenar.

4. Los besos

Se da un beso en México, dos en España, a veces hasta tres en Francia, ninguno en Dinamarca… A los mexicanos nos encanta besar y apapachar, pero es difícil seguirle la pista a las costumbres de cada sitio, por lo que más de una vez se puede llegar a un malentendido por nuestras formas de repartir amor a desconocidos.

5. La falta de limón y chile

La comida no sabe igual sin limón y chile. No me importa lo que diga el chef italiano.

6. La puntualidad

Todo mexicano que se respete sabe que si se cita a la fiesta a las ocho es porque realmente empieza a las nueve o diez. Sin embargo, por alguna razón, la misma lógica no aplica para las reuniones sociales suecas o el sistema de transporte público alemán. Aunque a nosotros diez o quince minutos más nos pueden parecer nada, muchos extranjeros no comparten las mismas ideas sobre puntualidad y no tendrán tanta paciencia con nuestras nociones sobre el tiempo.

7. El ruido en el espacio público

Sí, somos impuntuales, tilichentos y además ruidosos. Y si vamos en bola, ¡aún peor! Recuerdo que más de una vez me echaron miradas de reproche mientras echaba la chorcha con una amiga en un tren holandés o cuando hablaba por celular con mis padres en el metro de Londres. Muchas culturas tienen tanto respeto por el silencio que hasta tienen vagones especiales libres de ruido en el transporte público. ¿Creen que pueda aplicar en el Metro de la Ciudad de México?

8. México no es Centro América… y mucho menos Sudamérica

Éste ha sido un punto focal de muchas de mis discusiones en el extranjero. Quizás sea porque a los gringos les gusta decir que únicamente ellos son Norte América o porque las clases de geografía varían de país en país, pero lo cierto es que muchos extranjeros juran que México está en Centro América o incluso en Sudamérica y cuando uno les corrige, abre la puerta a más de alguna discusión. México está en Norte América… Deal with it!

9. Los estereotipos

Y ya entrados en el tema, a los mexicanos no nos gusta que nos digan que vivimos entre cactus y sombreros, que todos somos narcos o que no tenemos servicios básicos… Bueno, en algunas partes del país sí ocurre, ¡pero no en todos lados!