1. Siempre habrá una ligera barrera de lenguaje.

No importa si los dos hablan español. El slang y las expresiones coloquiales harán de las suyas de vez en cuando. Y será aún más notorio si ambos hablan idiomas diferentes. La primera vez que salí con mi novio, se ofreció a llevarme de vuelta a casa después de nuestra cita; sin embargo, cuando le di las gracias por el “ride”, estalló en carcajadas sin que yo entendiera por qué. Resultó ser que en este rincón de Irlanda, el “ride” no se refiere particularmente al aventón tradicional sino a… darle alegría al cuerpo… ¡de manera horizontal! No fue la mejor primera impresión, pero la broma sigue vigente incluso ahora, seis meses después del incidente.

 

2. Y ni qué decir sobre la barrera de la comida.

La barrera de la comida existe y se nota. Mientras que él come kebabs después de una noche de copas, tú no cambias los tacos al pastor por nada. Hay cosas que ni el amor puede vencer. Eso sí, nada será más divertido que verlo intentar probar cosas picosas y aguantarse las lágrimas valientemente después de la enchilada de su vida. No siempre estarán de acuerdo en sus gustos culinarios, pero probar los platillos típicos del país del otro siempre será un ejercicio súper interesante para una pareja internacional.

 

3. Olvídate de la caballerosidad tradicional.

Ojo, no estoy diciendo que los extranjeros no sean caballerosos. Por supuesto que tienen gestos galantes con las chicas, pero no son tan frecuentes ni tienen tanta importancia como en nuestro país. Claro que en ocasiones te abrirán una puerta o se ofrecerán a pagar una cena, pero nada como el tradicionalismo nacional.

Recordemos que en México los estigmas de “damas” y “caballeros” aún están un poco chapados a la antigua. Gestos como caminar del lado de la banqueta que da a la calle o pasar por ti en el carro significan mucho más para un chico mexicano que para uno extranjero.

 

4. Tu relación estará en boca de toda tu familia.

¿Quién no tiene ese par de tías abuelas chismosas que siempre te preguntan dónde está el novio? Cuando dicha parentela se entera de que tienes una pareja extranjera, su curiosidad aumentará hasta nuevos niveles y tu relación se convertirá en materia prima para el chisme de cada reunión familiar, estés o no presente.

Lo peor será cuando conozcan a tu novio. El pobre será bombardeado con cientos de preguntas incómodas sobre su país e incluso puede que salga a relucir uno que otro estereotipo poco diplomático en el proceso. Pero, ¿qué podemos hacer? La familia es la familia, ¿cierto?

 

5. Tu madre lo querrá alimentar.

Si de por sí es típico que toda madre/abuela mexicana quiera inyectarte la comida en vena de ser necesario, cuando vuelves a casa con un extranjero que no ha conocido las bondades de una quesadilla al comal, el escenario se pone aún más crítico. Mi madre todavía no conoce al susodicho, pero ya está armando una lista con todos los platillos mexicanos que le preparará en cuanto ponga un pie en territorio nacional. Oh y también una con las más puras groserías mexicanas que le va a enseñar, pero sospecho que eso es sólo en el caso de mi madre en particular.

 

6. La distancia se vuelve un problema.

No importa si ambos viven en el mismo sitio, cuando provienen de países diferentes, hay una gran probabilidad de que en algún momento tengan que pasar un tiempo separados. Cuestiones de visado, situaciones familiares o económicas pueden contribuir a que alguno de los dos deba regresar a su país de origen. Y, aunque esto no pone una fecha de caducidad en la relación, sí la vuelve un poco más retadora que un noviazgo tradicional.

 

7. Te das cuenta de que la familia no es tan primordial.

Los mexicanos somos familiares por naturaleza. En general no solemos vivir tan lejos de casa o nos mudamos hasta que ya estamos bastante maduritos. Los mexicanos tienden a tener relaciones muy cercanas con sus padres en general y con sus madres en particular, por lo que durante una relación se vuelve muy importante el que conozcas a su parentela (y pobre de ti si no le caes bien a la suegra).

Aunque parezca raro, muchos extranjeros (particularmente del norte de Europa) están acostumbrados a vivir solos desde muy jóvenes y no mantienen un contacto tan cercano con sus familias. Es probable que no conozcas a sus padres hasta varios meses después de comenzar la relación y que no exista tanta presión por generar una buena primera impresión ante la atemorizante suegra.

 

8. ¿Qué somos?

De nuevo, aquí en México somos románticos a la antigua. Para estar en una relación formal, oficial, reconocida ante Facebook y el mundo, lo primero que el susodicho te debe preguntar, específicamente con estas palabras y en este particular orden es: “¿Quieres ser mi novia?”. De otra manera, no son novios. Pueden estar “quedando”, saliendo o ser amigos con derechos, pero el estatus de noviazgo sólo se accede a través de la pregunta mágica. Con los extranjeros, el concepto de una relación es mucho más relajado. A veces pueden preguntártelo directamente, a veces no, pero lo cierto es que si llevas un par de meses saliendo exclusivamente con una persona, es muy probable que estés en un noviazgo.

 

9. Siempre estás aprendiendo cosas nuevas.

Comenzar a conocer a alguien siempre es emocionante, pero cuando ese alguien proviene de una cultura completamente diferente a la tuya, se vuelve aún más interesante. Las diferentes costumbres, tradiciones, formas de vestir, de hablar e incluso de comer garantizan largas horas de conversación para descubrir más sobre el otro. 

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