Crédito: Haydeé Noble

1. Empecé a medir el uso de servilletas, limones y salsas.

Atrás quedaron las generosas porciones de servilletas, limones y salsas en la mesa a la hora de la comida. ¿Necesitas servilleta? Pídele al mesero o al bar man. Asegúrate de planear estratégicamente el uso de la única servilleta durante la comida. ¿El pescado que pediste necesita limón? Buena suerte sacándole jugo a la rodaja transparente de limón que te van a traer. Oh, ¿tu pollo sabría genial con algo de salsa? Bueno, la verdad es que no se puede tener todo en la vida.

 

2. Dejé de mirar a los ojos y sonreír a desconocidos, y de entablar conversaciones con extraños.

Todavía recuerdo los sentimientos encontrados que me invadieron durante mi primer año de vida en Inglaterra cuando buscaba la mirada de las personas y si lo lograba, sonreía solo para ser inmediatamente ignorada. Estaba acostumbrada a ver a la gente a los ojos, sonreír a desconocidos, decir “buenos días” al tomar el transporte público o “con-permiso” al salir o pasar junto a alguien. Poco a poco me di cuenta de que aquí el espacio personal es oro. Aunque todavía se me sale el “Buenos días”, la verdad es que también aprecio esta nueva barrera a mi alrededor: no hacer contacto visual, pretender no escuchar, no hablar si mi opinión no es requerida. ¿Entablar conversación con alguien mientras espero en línea? Ya no.

 

3. Dejé de saludar de beso, abrazo o apretón de mano.

Todavía me cuesta leer bien las señales de las personas. Yo abrazo a la gente por naturaleza. Beso y abrazo son algo natural en México, pero esa es otra historia en Inglaterra. En general un “Hola, mucho gusto” es suficiente cuando se conoce a alguien por primera vez. Lo más conveniente es esperar a que alguien más dé el primer paso y seguir la corriente.

La verdad, de vez en cuando me siento invencible y abrazo a alguien solo para ver cómo reacciona. Pueden sacar a la mexicana de México, pero no pueden sacar a la mexicana de mi.

Crédito: Street matt

 

4. Tuve que decir un adiós completo a las tortillas.

Ser ciudadana del mundo es una bendición y como tal abrazo los cambios, los retos y las nuevas costumbres. Sin embargo, hay cosas que marcan, que duelen y otras que simplemente son crueles… como el vivir sin tortillas decentes a la mano.

Es, sin duda, el adiós más amargo que he tenido que dar. No hay sustituto. Cuando le di una oportunidad a las tortillas de los mercados, las terminé utilizando para secarme las lágrimas de los ojos. Sin mucha pelea, terminé aceptando mi nueva vida sin ellas.

También dije adiós al pan dulce y recibí con brazos abiertos los scones. También mi selección de mermeladas cambió: de fresas y chabacanos, a mermelada de naranja de al menos cuatro tipos (con cáscara, con menos cáscara, con casi nada de cáscara y sin cáscara).

 

5. Pasé de nivel básico a nivel avanzado en utilización de transporte público.

El autobús no se detiene a media calle y no todas las paradas de autobús son las indicadas. El tren no sale antes de la hora en la pizarra pero si sale después. Jamás pensé que los puntos cardinales fueran tan útiles en la ciudad. No solo hay que saber la ruta sino si va al norte o al sur, este u oeste para tomar el transporte adecuado.

 

6. Ya no me preocupo por tomar agua de garrafón únicamente.

Tomar agua de la llave está bien en Inglaterra, nada le pasará a tu estómago. Olvida el agua de garrafón y disfruta del agua fresca directamente del zinc.

 

 

7. Empecé a ser consciente del sentido de circulación.

En México, hay que aplicar la doble precaución: voltear en ambas direcciones antes de cruzar las calles es lo mejor, pues los carros vienen primero del lado derecho y luego del izquierdo. Después de varios años viviendo en Gran Bretaña, todavía no se me hace costumbre mirar al lado correcto. Sigo agradeciendo que muchas esquinas tienen en la calle escrito “observa a la derecha” y “observa a la izquierda” para recordarnos que las reglas de donde venimos ya no aplican.

 

8. Redefiní mis conceptos de desayuno, comida y cena.

A cambiar los huevos del desayuno por avenita. La comida por algún sandwich o comida ligera y la cena ligera por la comida principal del día. ¡A las 7 de la tarde! Espero que te gusten las pesadillas por irte a dormir todavía llena de la cena…

 

9. Reemplacé el café por el té.

El café sigue en mi corazón, pero el té… el té es rey por sobre todas las cosas aquí.

En México uno acostumbra tomar té cuando le duele el estómago o como remedio ligero ante algún resfriado. Últimamente son mas comunes y hasta trendy, pero la verdad es que el café sigue siendo la bebida caliente más común dentro y fuera de tu casa. Por el contrario, en Inglaterra, aunque no es difícil encontrar una taza de buen café, la verdad es que el té es religión. Ya sea en casa, de visita o en el trabajo, las bolsitas de té siempre sobrepasarán a las opciones de café.