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9 obsesiones que solo los gallegos entendemos

by Ana Bulnes 30 Mar 2017

La obsesión con la meteorología

Llueve mucho. Hace demasiado (una semana) que no llueve. Esta primavera en marzo es muy rara. Pero van a volver las lluvias y el frío la semana que viene. Ciclogénesis explosiva. Este verano está siendo muy malo. Este verano está haciendo demasiado calor. Ciclogénesis explosiva. En el tiempo dicen que llueve en toda España y aquí tenemos el cielo azul. En el tiempo dicen que hace bueno en todo el país menos en Galicia, donde estamos con temporal. Ciclogénesis explosiva. Ola de calor. Sí, pero coge la chaqueta que luego refresca.

La obsesión con que nos coja el frío

Porque el frío gallego te coge y no te suelta en varias horas, por mucho que te metas en una casa calentita y pegues al radiador durante horas. Ha llegado a tus huesos y te hará tiritar, toser, tener mocos y pasarte medio acatarrado el resto del invierno. Y no es una obsesión vana y sin razón de ser: Galicia es también la comunidad (después de Ceuta y Melilla, pero es diferente) en la que más casos de tuberculosis hay por habitante. Sí, todavía ahora en el siglo XXI. Así que mejor con chaqueta siempre, por si acaso.

La obsesión con la comida

Para vencer a ese frío asesino y no caer en manos de la tuberculosis, lo mejor es estar fuerte y sano. Para estar fuerte y sano hay que comer. Siempre un poco más, que estás muy delgado, que te vas a quedar con hambre. La comida es el centro alrededor del que gira toda celebración gallega: una reunión familiar, las fiestas patronales, las bodas, la simple alegría de que sea domingo y tus nietos hayan venido a verte a la aldea. En nuestras pesadillas, organizar una comida y que la gente se quede con hambre. Por eso siempre se cocina para el doble de gente, non vaia ser o demo.

La obsesión con lo paranormal

Non vaia ser o demo, decíamos. En Galicia los seres sobrenaturales campan a sus anchas en montes, cruces de caminos y cualquier lugar con niebla. Atribuimos cualquier misterio a las meigas, la enfermedad que acaba en muerte a la Santa Compaña, la locura a posesiones diabólicas (pero ¡para eso están nuestros exorcistas!) y los embarazos milagrosos a las olas del mar. Hasta para emborracharnos lo hacemos mediante conjuros.

La obsesión con los marcos

Lo único que un gallego nunca atribuirá a un ser sobrenatural es el movimiento milimétrico de un marco que hace que su leira sea un milímetro más pequeña que la del vecino. Ni un trasgo ni las meigas: si un marco se mueve el responsable es el beneficiado por ese movimiento. La reyerta puede durar varias generaciones.

La obsesión con la muerte

No es solo que en El Correo Gallego la sección de esquelas comparta muchas veces página con la de tendencias o que empecemos a pagar la funeraria para cuando nos llegue el momento mucho antes que en cualquier otra parte de España (pregunta por ahí, pregunta), no. Tenemos romerías como la de Santa Marta en San Xosé de Ribarteme (Pontevedra), en la que hay una procesión de ataúdes con personas vivas dentro. A nadie le parece raro que una de las estrellas de un concurso en prime-time en la TVG fuese un esqueleto que tocaba la trompeta. Pero en un lugar cuyos montes se llenan de noche de procesiones de almas en pena, nada de esto debería sorprendernos.

La obsesión con las herencias

Una obsesión responsable de que Galicia esté dividida en microparcelas y causa principal del 98 por ciento de las enemistades dentro de una misma familia. ¿Qué opinaría de todo esto el finado? Quizá sea la razón por la que se ha unido a la Santa Compaña; o quizá ya todo le dé igual y esté de fiesta con Atilano al son de No es serio este cementerio.

La obsesión con la genealogía

¿Investigación genealógica en registros de ayuntamientos y parroquias? Eso es para amateurs. Las profesionales son señoras (a veces señores) que entregan su vida a la investigación del censo de su aldea. Saben quién nació, quién murió, quién se casó con quién, quién emigró y volvió más flaco porque como en Galicia no se come en ningún sitio. Su estrategia heurística huye de archivos y papeles y se centra en el tradicional método de observación y dialéctica en la tienda o la iglesia. ¿Una cara nueva? Se pregunta sin reparos «e ti de quen es?» y se registra en su árbol genealógico mental.

La obsesión con Galicia

Especialmente cuando estamos fuera. ¿Cuánto tardamos los gallegos en hablar de nuestra tierra, en enseñar fotos de paisajes verdes y playas paradisíacas, en explicar que en realidad no llueve tanto, en ofrecer licor café a todo el que se cruce si lo tenemos a mano? Nada. Pero es una obsesión que todo el que ha puesto un pie aquí entiende y en muchos casos comparte. No es ninguna casualidad que los gallegos seamos los inventores de la morriña.